Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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jueves, 4 de mayo de 2017

Las mismas cosas.



A veces nos parece que tenemos que aumentar el tiempo de oración, hacer más buenas obras y, en definitiva, hacer más de lo que hacemos. Pero quizás no se trate de aumentar en cantidad, sino más bien de aprovechar bien lo que ya hacemos. 

Efectivamente muchas veces buscamos la felicidad ansiosamente, dejando pasar de largo los momentos comunes y actuales de cada día, de modo que no sabemos disfrutar de lo que estamos haciendo ahora mismo, en cada momento.
Quizás sea bueno ir por más. Pero seguramente lo mejor será intensificar lo que ya estamos haciendo, tratando de vivirlo conscientemente y haciendo todo con mucho amor y dedicación.
No esperemos las grandes ocasiones para ser santos, para ser buenos, para ser felices, porque tenemos que ser buenos, santos y felices ahora mismo, a cada momento, con lo que hacemos cada día. 

No dejemos pasar el tiempo en balde, porque el instante que pasa no vuelve, y a veces estamos tan ansiosos de llegar a ser felices que descuidamos el ser felices ahora mismo con lo cotidiano y común de cada día. 

No necesitamos muchas cosas para ser felices, sino que con una conciencia tranquila, con tener a Dios habitando en nuestra alma por la gracia santificante, ya podemos ser felices con sólo mirarnos interiormente, pues tenemos al Huésped divino en nuestras almas. 

Vivamos bien y con intensidad el momento presente, tratando de ser conscientes de lo que estamos haciendo, de lo que estamos viviendo, porque la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas de todos los días. 

Y una gran fuente de felicidad es el estar convencidos de que Dios nos ama infinitamente, de que Jesús resucitado camina con nosotros, a nuestro lado, y que no nos abandona JAMÁS. Si pensamos en ello, ya no nos sentiremos solos y tristes, porque sentiremos la compañía constante del Señor, que vela por nosotros y por quienes amamos. 

Con este pensamiento de que Dios está con nosotros, comencemos, a partir de ahora mismo, a ver la vida con otros ojos, con los ojos de la fe, viviendo con intensidad el momento presente, y así seremos felices constantemente, aunque tengamos que pasar pruebas y sufrimientos. 

Pensemos en estas cosas y vivamos contentos sabiendo que nada de lo que hacemos es inútil, sino que todo recibirá su premio en el Cielo, pero también ya aquí en la tierra



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