Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 31 de mayo de 2017

Gotas de felicidad.





A veces nos parece que cuando lleguemos a tal o cual objetivo, o que tengamos este o aquel objeto o cosa, seremos felices. Pero logrado el fin, resulta que notamos que no somos del todo felices, y nuestro corazón queda desencantado, desilusionado.

Pero tenemos que aprender que en este mundo nada ni nadie nos harán felices del todo, porque la tierra no es el Paraíso, y nuestra alma está hecha para el Cielo, está hecha para Dios, y allí sí seremos completamente felices, y para siempre.

Entonces no esperemos obtener la felicidad completa de las cosas o de las personas, porque nadie puede dar lo que no tiene, y tanto las cosas como las personas no nos pueden colmar plenamente el deseo de felicidad infinita que tiene nuestro corazón.
 
Pero Dios es bueno y, sabiendo que necesitamos ser felices, nos va regalando amores, logros y cosas para que vayamos teniendo como gotas de felicidad, que nos ayuden a seguir adelante en el camino de la vida, y que nos hagan pregustar la Felicidad con mayúscula que tendremos en la eternidad.
 
Demos gracias a Dios por estos detalles que tiene para con nosotros, dándonos personas y cosas que nos hacen felices en parte, teniendo presente que en este mundo no hallaremos la felicidad completa y duradera, porque estamos hechos para el Cielo, y la tierra no puede dar lo que no tiene, no puede ser la tierra un Paraíso. A lo sumo podrá ser como una especie de antesala del Paraíso, si se vive el Reino de Dios en el mundo, y por el cual debemos trabajar y rezar para que venga este Reino, pero sabiendo que el Paraíso nunca estará en la tierra.

Aprovechemos esos momentos de felicidad, esas gotas de felicidad, para dar gracias a Dios que nos hace pregustar un poco lo que será la gran Felicidad en el Cielo, seamos astutos y recordemos de antemano las palabras de San Agustín: “Nos has creado para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.

martes, 30 de mayo de 2017

Dios se da a conocer.



Rayos de Fe

¿Por qué Dios quiso darse a conocer a los hombres? Sencillamente porque nos ama y quiere que conozcamos su intimidad, ya que nos considera amigos y de su familia, y bien sabemos que el amigo y el familiar comunica su intimidad al amigo y al familiar cercano.

Dios nos ama y quiere confiarse a nosotros. Tanto es su amor por nosotros que se coloca en aspecto de pan en las manos del sacerdote para que lo toque y distribuya a los fieles, no temiendo los desprecios de que sería objeto con semejante bondad.

¡Dios nos ama infinitamente! Y esto debe ser la seguridad con la que andamos por la vida en este mundo, sabiendo que hay Alguien que se preocupa por cada uno de nosotros como si fuéramos los únicos que existimos en el universo.

No pensemos que Dios está muy ocupado con tantas criaturas que cuidar, porque Él es Dios, y piensa en cada una de sus criaturas como si fuera la única en existir. Entonces tengamos confianza que nada escapa a su providencia sobre nosotros y confiemos en Él y en su bondad.

Si Dios ha hecho tanto por nosotros, no es este el momento en que nos abandonará, sino que completará su obra maravillosa de redención, solo que quiere contar con nuestra buena voluntad. Solamente nuestra mala voluntad le puede cerrar las puertas a su amor y bondad.

Entonces estemos confiados en que Dios es Bueno y que quiere solo el bien para nosotros, y que si a veces permite que el mal nos afecte, es siempre para sacar un bien de ello y hacernos progresar en la vida de santidad y perfección.

Es necesario que conozcamos a Dios porque no lo conocemos. Le tenemos miedo y nos parece un Dios castigador, severo y vengativo. No es así, sino que Él es todo bondad, y si pecamos nos perdona. Solo hay que tener buena voluntad y Él intervendrá en favor nuestro, porque nos ama y nos ha revelado que Él es el Amor.


 Santísima Virgen.

lunes, 29 de mayo de 2017

Competir con Dios.





¿Queremos que Dios se ocupe de nuestras cosas, nos conceda toda clase de gracias y bendiciones? Entonces compitamos con Dios, porque ya lo ha prometido el Sagrado Corazón de Jesús: que si nos ocupamos de Él y de sus cosas, Él se ocupará de nosotros y de nuestras cosas. ¡Y es promesa de Dios!
Ya que andamos necesitados de tantas cosas, ¿por qué no competimos con Dios? ¿Por qué no comenzamos a dedicarnos a Dios y a sus cosas?

Las cosas por las que se interesa el Señor son las almas, son “sus cosas”. Entonces empecemos ahora mismo a trabajar por la salvación de las almas, por darle gloria a Dios. Recemos más, porque con la oración se consiguen gracias y se salvan almas.

 Ofrezcamos sacrificios porque el dolor es redentor y así se salvan almas. Hagamos apostolado. Y preparémonos a ver cosas grandiosas en nuestras vidas y en las vidas de quienes amamos. Porque en realidad no podemos competir con Dios, puesto que Él no se deja ganar en generosidad por sus criaturas, sino que les devuelve centuplicado lo que ellas hacen por Él y por sus cosas.
 
Es un dulce pacto que hacemos con el Señor: Ocuparnos completamente de Él y de sus cosas, y dejemos que Dios se ocupe de todo lo nuestro. Saldremos ganando en todos los aspectos. Hagamos la prueba y, si comprobamos por nosotros mismos que esto funciona, entonces difundamos este secreto, para que sean muchos los que trabajen por la mayor gloria de Dios y bien de las almas, y por ende sean beneficiados con toda clase de favores y bienes.
 
Tomemos el ejemplo de los Santos. ¿Sabemos de algún Santo al que le haya faltado la ayuda de Dios, su Providencia? A ninguno le faltó, sino que recibieron generosamente de Dios. Y en el Cielo les esperaba la mejor parte todavía. 

Pongamos a trabajar nuestra fe. A Dios no hay que tentarlo. Pero en este sentido sí que podemos hacer esta santa competencia con Él: ocuparnos con pasión de sus cosas, para que Dios se ocupe de todo lo nuestro.

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