Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

jueves, 22 de agosto de 2019

Reina elegida por Dios mismo


Ella es por su inmaculada pureza la Reina, elegida por Dios mismo, la amada Reina de los Ángeles, quien, desde las alturas del Cielo, reina sobre todo el universo, las almas y el mundo.
Por su título de “Madre de Dios”, es la reina de los médicos; por su fortaleza de espíritu, es reina de los mártires; por su justicia y amor, es reina de todos los santos y de todos los predestinados.
Invadida desde el primer momento por la radiante y vivificante claridad del Verbo, despertada en su fe ardiente, su amorosa y pura alma virgen entra en una mirada infinitamente más profunda y más divina que la de los querubines y serafines en el misterio insondable de Cristo, de quien será la Madre virgen e inmaculada.
Ella es el alma más amorosa y querida del Padre después de Jesús y, por consiguiente, la más magníficamente colmada de los favores divinos. Junto a Ella, todos los ángeles y todos los santos son como si no lo fueran, porque su presencia soberana llena el cielo y la tierra.


Marta Robin: Prends ma vie Seigneur (Toma mi vida Señor) del padre Peyret, pág. 113.



miércoles, 21 de agosto de 2019

Oración de sanación


Señor, tu Palabra ilumina mi corazón para no sentirme derrotado. Tú me dices que los primeros serán los últimos y los últimos los primeros, por eso debo seguir tus pasos humildes.

Hazme comprender que sólo puedo ser un siervo fiel y útil cuando no estoy atado a bienes pasajeros y que debo trabajar con alegría y sin queja alguna.

Libérame de celos inútiles que siento por aquellos que pienso que no se han esforzado en darte lo mejor. Lléname de confianza para sentir que eres Tú quien me orientas.

Dame coraje y entusiasmo para llevar consuelo a los que con dificultad te buscan. Gracias por animarme. Confío en tu poder y en la balanza de tu justicia que radica en la verdad y el amor. 

Amén

Jesús mío, que bueno eres.




Jesús mío, qué bueno eres. Tú lo haces todo maravillosamente bien. Tú me enseñas el camino; Tú me enseñas el fin.
El camino es la dulce Cruz..., es el sacrificio, la renuncia, a veces la batalla sangrienta que se resuelve en lágrimas en el Calvario, o en el Huerto de los Olivos; el camino, Señor, es ser el último, el enfermo, el pobre oblato trapense que a veces sufre junto a tu Cruz.
Pero no importa; al contrario..., la suavidad del dolor sólo se goza sufriendo humildemente por Ti.
Las lágrimas junto a tu Cruz, son un bálsamo en esta vida de continua renuncia y sacrificio; y los sacrificios y renuncias son agradables y fáciles, cuando anima en el alma la caridad, la fe y la esperanza.
He aquí cómo Tú transformas las espinas en rosas. Mas ¿y el fin?... El fin eres Tú, y nada más que Tú... El fin es la eterna posesión de Ti allá en el cielo con Jesús, con María, con todos los ángeles y santos. Pero eso será allá en el cielo. Y para animar a los flacos, a los débiles y pusilánimes como yo, a veces te muestras al corazón y le dices..., ¿qué buscas? ¿qué quieres? ¿a quién llamas?... Toma, mira lo que soy... Yo soy la Verdad y la Vida.
Y entonces derramas en el alma delicias que el mundo ignora y no comprende. Entonces, Señor, llenas el alma de tus siervos de dulzuras inefables que se rumian en silencio, que apenas el hombre se atreve a explicar...
Jesús mío, cuánto te quiero, a pesar de lo que soy..., y cuanto peor soy y más miserable, más te quiero..., y te querré siempre y me agarraré a Ti y no te soltaré, y... no sé lo que iba a decir.
¡Virgen María ayúdame!


 SAN RAFAEL ARNAIZ


martes, 20 de agosto de 2019

Desconfianza y confianza


SOBRE LA SANTIDAD:  Beato José Allamano


Lo importante en el camino de la santificación es no desanimarnos por nuestras miserias o por encontrarnos siempre muy alejados de la perfección a la que aspiramos sinceramente y con todas las fuerzas. Mirad, la desconfianza es un obstáculo tal que él solo puede detener al alma mejor encaminada, impedirla seguir adelante y hasta hacerle retroceder en su buen camino. El alma desconfiada es como un pájaro al que se le cortan las alas, sin posibilidad de vuelo. ¿Sabéis de dónde proviene la desconfianza y el desanimo? De confiar demasiado en nosotros mismos, en nuestras fuerzas. Scupoli, en el áureo librito Combattimento spirituale, dice a este respecto: «Esto debe grabarse en tu mente: aunque somos demasiado fáciles y la naturaleza corrompida nos inclina a una estima falsa de nosotros mismos, de suerte que siendo una verdadera nada, nos creemos algo y presumimos de nuestras propias fuerza sin fundamento alguno. Se trata de un defecto difícil de conocerse y desagrada mucho a Dios, a quien le agrada y quiere en nosotros un conocimiento cierto de esta verdad: que toda gracia y virtud se derivan de él únicamente, fuente de todo bien, y que de nosotros nada, ni siquiera un buen pensamiento puede venir que le complazca» .

Lo primero, pues, pedir al Señor que nos conceda el conocimiento perfecto de nuestra nada. No se trata de hacernos peores de lo que somos, que ya hay razón ahí para ser humildes; si nos ensoberbecemos es precisamente porque no nos conocemos. Los grandes genios y los grandes santos, como santo Tomás , puede decirse que no sintieron siquiera la tentación de envanecerse, precisamente porque, conociéndose profundamente a sí mismos, su nada, sabían referir todo el bien a Dios únicamente. Sólo los mediocres y los imperfectos creen ser algo; por eso el Señor, con caídas humillantes, los llama a la verdad, es decir, al conocimiento de sí mismos. Pero no hemos de pararnos aquí. El conocimiento de nuestra nada y la desconfianza que, por eso mismo, hemos de tener, no ha de ser sino el punto de apoyo para subir a la desconfianza en Dios. Escribe el autor citado antes: « Si sólo desconfiamos, huiremos o nos daremos por vencidos, superados por el enemigo. Sin embargo, además de eso es precisa una total confianza en Dios, esperando únicamente en El y que de El nos vendrá cualquier bien, ayuda y victoria» . Así se comportaba san Felipe Neri, quien gritaba por las calles de Roma: «¡Estoy desesperado, estoy desesperado! » Y respondía a quien le manifestaba su extrañeza: «¡Estoy desesperado de mí para confiar enteramente en Dios!» El secreto de todos los santos, de su santidad y de sus obras, fue siempre éste: desconfiar de sí mismo y confiar en Dios. Pero confiar siempre, en toda circunstancia; confiar especialmente después de las faltas, con tal de que haya en nosotros buena voluntad de amarlo y de servirlo con perfección. Por eso, no nos desanimemos nunca a causa de nuestras miserias, que no queremos, sino agarrémonos a El, abandonémonos en El, que no sólo puede y quiere hacernos santos sino que, siendo omnipotente, puede construir nuestra santificación sobre nuestras miserias; repito que con tal de que haya en nosotros un deseo sincero, una decidida voluntad de corresponder a sus gracias.



Ejercicios espirituales San Ignacio de Loyola
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