Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

jueves, 19 de julio de 2018

Jesús, nuestro gran Amigo.

Jesús está realmente presente en la Eucaristía porque quiere entrar en una continua comunión de vida con vosotros.
Cuando vais delante de Él, os ve; cuando le habláis, os escucha; cuando le confiáis algo, acoge en su Corazón cada una de vuestras palabras; cuando le pedís algo, siempre os atiende.
Id ante el Tabernáculo para establecer con Jesús una relación de vida simple y cotidiana.
Con la misma naturalidad con que buscáis a un amigo, os fiáis de las personas que os son queridas, y sentís la necesidad de los amigos que os ayudan, id así también ante el Tabernáculo en busca de Jesús. 
Haced de Jesús el amigo más querido, la persona de más confianza, la más deseada y amada.

Expresad vuestro amor a Jesús; repetídselo con frecuencia porque sólo esto es lo que le contenta inmensamente, le consuela de todas las ingratitudes, le recompensa de todas las traiciones: “Jesús, Tú eres nuestro amor; Tú eres nuestro único gran amigo; Jesús, nosotros te amamos; nosotros estamos enamorados de Ti.”
De hecho, la presencia de Cristo en la Eucaristía tiene, sobre todo, la función de haceros crecer en una experiencia de verdadera comunión de amor con Él, de modo que nunca más os sintáis solos, pues permanece aquí abajo para estar siempre con vosotros.
(Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi)

lunes, 16 de julio de 2018

Nuestra Señora del Carmen...



Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.

Amén.

Pronuncia el Nombre de María !!!



Pronunciar despacio el nombre de María, dejando que el corazón se pare en la contemplación de esta Madre tan querida, es una forma sencilla y profunda  de orar. Cómo se embelesa el alma al ponderar ese nombre santo, que enamoró el corazón de Dios, en los albores de la encarnación de Cristo.

Cómo descansa el corazón en este dulce nombre, que tanto alivia nuestros sufrimientos y descansa nuestros afanes. Cuando emprendas tareas especialmente delicadas y difíciles, cuando te topes con problemas que te superan, con personas difíciles, con situaciones de dolorosa lejanía de Dios, en tus labores más cotidianas, al salir de casa, al levantarte y acostarte, dí ¡…María…! María, siempre y en todo. Acostúmbrate a repetir suplicante ese nombre delicioso, en cualquier circunstancia y momento, y verás que tus días se colman de esa dulce presencia que también llenaba la casa sagrada de Nazareth. María ha de ser la Madre de esa casa de tu alma, en la que Dios quiere habitar y descansar. No hay nombre que más llene y embellezca el alma que el nombre santo de María, cuando se pronuncia y saborea en el silencio de la contemplación .

Dios te Salve María,
Llena eres de Gracia;
El Señor es contigo...

Católicos de Corazón y Vida 

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sábado, 14 de julio de 2018

“¡Nunca la había visto tan bella!”

El 16 de julio de 1858, Bernardita (vidente de Nuestra Señora de Lourdes) siente la misteriosa llamada de la Gruta, pero el acceso a Massabielle está prohibido y cerrado por una cerca. Así que va enfrente, del otro lado del río Gave… y ve a la Virgen María, por última vez:
Me parecía que estaba delante de la gruta, a la misma distancia que en las otras ocasiones, solo veía a la Virgen, ¡nunca la había visto tan bella!
La palabra “Lourdes” denota curación, milagros, misas y procesiones; un lugar importante de la tradición católica. Conviene regresar al corazón del hecho fundador, y recordar al mismo tiempo el papel que Lourdes ha tenido y puede tener, en la vida de los cristianos de este país.
Peregrinaciones diocesanas y nacionales, congresos eucarísticos y marianos, de jóvenes o ancianos, hombres y mujeres de diferentes grupos o asociaciones, antiguos soldados y prisioneros; y en la actualidad, Foi et Lumière, Lourdes Cancer Espérance… La lista es interminable. Señalamos solamente el gesto de consagración de Francia a María, retomado en la gruta cada año el 15 de agosto, en memoria de la consagración llevada a cabo por el rey Luis XIII en 1638, del a Señora de París, guarda memoria.
Un minuto con María

Oración de sanación



Señor mío, gracias por todo lo que me das y por la donación de amor que has hecho para salvarme. Nada temo, porque Tú eres mi roca y mi fuerza.

Me haces un llamado a evitar el apego terrenal y a vivir confiado en tu Palabra. ¿A qué puedo temer si me cuidas más que a las aves del Cielo?

Mi vida tiene sentido únicamente si Tú estás en ella, porque me ayudas a sobrellevar cualquier dificultad o prueba con todas tus actuaciones de poder.

Cada día me regalas acciones maravillosas que me hacen sentir tu amor, alejando de mi corazón el miedo y el dolor que intentan llevarse mis fuerzas.

Quiero vivir tu Palabra. Necesito de tu gracia cada día para no dejarme seducir por el afán de poder que conduce a una vida hipócrita y vacía.

Ven a mi vida y ayúdame a ser transparente, a reflejar por doquier que eres Tú quien vive y habita en mí y me llenas de completa felicidad.

Sé que estás allí para guiarme y capacitarme con los mejores talentos para seguir adelante y no dejarme invadir por el temor.

Me siento preparado para enfrentar los retos con una mejor actitud, porque sé que tu mano me auxilia siempre en las caídas y tropiezos.

 Amén

Católicos de Corazón y Vida

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viernes, 13 de julio de 2018

! LA MISIÓN NO ES FÁCIL, PERO ES APASIONANTE...


Gracias, Señor, por todas las personas que no apagan su bondad en la noche de la maldad;

que se abrazan con fuerza a la compasión, para no dejarse llevar por el viento del resentimiento;

que no se arrodillan ante el poder y el dinero, ante el chantaje y la comodidad;

Gracias por las personas que siguen teniendo un corazón libre para amar y luchar, aún cuando sus manos y sus pies están encadenados;

que son capaces de dar la vida por los que sufren, sin atentar contra quienes piensan y actúan distinto;

que siguen luchando por la justicia y la verdad, un día, un año y toda una vida, a pesar de incomprensiones y persecuciones.

Señor, gracias por la luz y fuerza interior que das a estas personas. Ayúdame, también a mi, a ser el amo de mi destino, el capitán de mi alma.

Adaptación de un texto de William Ernest Henley

 Católico de Corazón y Vida

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martes, 10 de julio de 2018

Oración de sanación


Dios mío, Tú siempre has tenido un especial cuidado de los humildes y enfermos, no sólo por sus heridas físicas, sino también por las espirituales.

Ayúdame a ser un imitador de tu obra, ser compasivo y misericordioso, pues es esencial para que mi proyecto mi vida se oriente en darte honra.

Tú siempre te has compadecido de tu pueblo, conmoviéndote de sus sufrimientos, sanándolos sin importar reglas absurdas de la sociedad.

Ven Señor, ayuda a que mi fe se demuestre con obras, que no sea pura decoración, que busque siempre el bien sin esperar algún beneficio.

Hazme entender que soy valioso y que me has capacitado con todo lo necesario para no darme por vencido en todas mis luchas.

Ayúdame a tener suficiente control de mis emociones para no permitir que nada ni nadie me robe la paz que necesito para poder practicar tu perdón.

Dame la oportunidad de sentirme amado y consolado por Ti, de comprender que todos somos hermanos y nos necesitamos los unos a los otros.

Confío plenamente en tu Poder, es por ello que, en este instante, pongo en tus manos todo lo que soy y todos los planes que tengo. 

Amén

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sábado, 7 de julio de 2018

La Virgen y el Rosario.


Mientras Santo Domingo predicaba el rosario cerca de Carcasona, le presentaron un albigense poseído del demonio. Exorcizólo el Santo en presencia de una gran muchedumbre. Se cree que estaban presentes más de doce mil hombres. Los demonios que poseían a este infeliz fueron obligados a responder, a pesar suyo, a las preguntas del Santo y confesaron: 
1.º que eran quince mil los que poseían el cuerpo de aquel miserable, porque había atacado los quince misterios del rosario; 
2.º que con el rosario que Santo Domingo predicaba causaba terror y espanto a todo el infierno y que era el hombre más odiado por ellos a causa de las almas que arrebataba con la devoción del rosario; 
3.º revelaron, además, muchos otros particulares. 
Santo Domingo arrojó su rosario al cuello del poseso y les preguntó que de todos los santos del cielo, a quién temían más y a quién debían amar más los mortales. 
A esta pregunta los demonios prorrumpieron en alaridos tan espantosos que la mayor parte de los oyentes cayó en tierra, sobrecogidos de espanto. Los espíritus malignos, para no responder, comenzaron a llorar y lamentarse en forma tan lastimera y conmovedora, que muchos de los presentes empezaron también a llorar movidos por natural compasión. Y decían en voz dolorida por la boca del poseso: “¡Domingo! ¡Domingo! ¡Ten piedad de nosotros! ¡Te prometemos no hacerte daño! Tú que tienes compasión de los pecadores y miserables, ¡ten piedad de nosotros! ¡Mira cuánto padecemos! ¿Por qué te complaces en aumentar nuestras penas? ¡Conténtate con las que ya padecemos!  

¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Misericordia!”  

El Santo, sin inmutarse ante las dolientes palabras de los espíritus, les respondió que no dejaría de atormentarlos hasta que hubieran respondido a sus preguntas. Dijéronle los demonios que responderían, pero en secreto y al oído, no ante todo el mundo. Insistió el Santo, y les ordenó que hablaran en voz alta. Pero su insistencia fue inútil: los diablos no quisieron decir palabra. Entonces, el Santo se puso de rodillas y elevó a la Santísima Virgen esta plegaria: “¡Oh excelentísima Virgen María! ¡Por virtud de tu salterio y rosario, ordena a estos enemigos del género humano que respondan a mi pregunta!” Hecha esta oración, salió una llama ardiente de las orejas, nariz y boca del poseso. Los presentes temblaron de espanto, pero ninguno sufrió daño. Los diablos gritaron entonces: “Domingo, te rogamos por la pasión de Jesucristo y los méritos de su Santísima Madre y de todos los santos, que nos permitas salir de este cuerpo sin decir palabra. Los ángeles, cuando tú lo quieras, te lo revelarán. ¿Por qué darnos crédito? No nos atormentes más: ¡ten piedad de nosotros!”  

“¡Infelices sois e indignos de ser oídos!”, respondió Santo Domingo. Y, arrodillándose, elevó esta plegaria a la Santísima Virgen: “Madre dignísima de la Sabiduría, te ruego en favor del pueblo aquí presente –instruido ya sobre la forma de recitar bien la salutación angélica–. ¡Obliga a estos enemigos tuyos a confesar públicamente aquí la plena y auténtica verdad al respecto!” 
Había apenas terminado esta oración, cuando vio a su lado a la Santísima Virgen rodeada de multitud de ángeles que con una varilla de oro en la mano golpeaba al poseso y le decía: “¡Responde a Domingo, mi servidor!” Nótese que nadie veía ni oía a la Santísima Virgen, fuera de Santo Domingo.  

Entonces los demonios comenzaron a gritar:  

“¡Oh enemiga nuestra! ¡Oh ruina y confusión nuestra! ¿Por qué viniste del cielo a atormentarnos en forma tan cruel? ¿Será preciso que por ti, ¡oh abogada de los pecadores, a quienes sacas del infierno; oh camino seguro del cielo!, seamos obligados –a pesar nuestro– a confesar delante de todos lo que es causa de nuestra confusión y ruina? ¡Ay de nosotros! ¡Maldición a nuestros príncipes de las tinieblas! 
¡Oíd, pues, cristianos! Esta Madre de Cristo es omnipotente, y puede impedir que sus siervos caigan en el infierno. Ella, como un sol, disipa las tinieblas de nuestras astutas maquinaciones. Descubre nuestras intrigas, rompe nuestras redes y reduce a la inutilidad todas nuestras tentaciones. Nos vemos obligados a confesar que ninguno que persevere en su servicio se condena con nosotros. Un solo suspiro que Ella presente a la Santísima Trinidad vale más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los santos. La tememos más que a todos los bienaventurados juntos y nada podemos contra sus fieles servidores. 
Tened también en cuenta que muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse, según las leyes ordinarias, se salvan gracias a su intercesión. ¡Ah! Si esta Marieta –así la llamaban en su furia– no se hubiera opuesto a nuestros designios y esfuerzos, ¡hace tiempo habríamos derribado y destruido a la Iglesia y precipitado en el error y la infidelidad a todas sus jerarquías! Tenemos que añadir, con mayor claridad y precisión –obligados por la violencia que nos hacen–, que nadie que persevere en el rezo del rosario se condenará. Porque Ella obtiene para sus fieles devotos la verdadera contrición de los pecados, para que los confiesen y alcancen el perdón e indulgencia de ellos.”  

Entonces, Santo Domingo hizo rezar el rosario a todos los asistentes muy lenta y devotamente. Y a cada avemaría que recitaban –¡cosa sorprendente!– salía del cuerpo del poseso gran multitud de demonios en forma de carbones encendidos. Cuando salieron todos los demonios y el hereje quedó completamente liberado, la Santísima Virgen dio su bendición –aunque invisiblemente– a todo el pueblo, que con ello experimentó sensiblemente gran alegría. 
Este milagro fue causa de la conversión de muchos herejes, que llegaron hasta ingresar en la Cofradía del Santo Rosario.

(De "El Secreto admirable del Santísimo Rosario" - San Luis M. G. de Monfort)
Santísima Virgen 



miércoles, 4 de julio de 2018

VENGA TU REINO



Del libro de santa Teresa de Ávila sobre el Camino de perfección.
(Cap. 30, 1-5) 

¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no lleva pensado cómo pedirla, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir: «Dadnos, Padre, lo que nos conviene»? Pues a quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más.

¡Oh Sabiduría eterna! Para entre vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo pedisteis en el huerto: mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas os dejasteis en la suya. Mas a nosotros nos conocéis, Señor mío, que no estamos tan rendidos como lo estabais vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque, según somos, si no nos dan lo que queremos (con este libre albedrío que tenemos), no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos.

Pues dice el buen Jesús que digamos estas palabras en que pedimos que venga en nosotros un tal reino:

Santificado sea tu nombre, venga en nosotros tu reino.

Ahora mirad, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio su majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar este nombre santo del Padre eterno, conforme a lo poquito que podemos nosotros (de manera que se hiciese como es razón), si no nos proveía su majestad con darnos acá su reino, por ello lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro. Porque entendamos esto que pedimos, y lo que nos importa importunar por ello, y hacer cuanto pudiéremos para contentar a quien nos lo ha de dar, os quiero decir aquí lo que yo entiendo. El gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en un ser; mas muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le conociésemos.

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sábado, 30 de junio de 2018

EL AMOR DE DIOS NO SE MERECE, SE ACOGE Y SE AGRADECE.



He oído hablar de Ti, Señor,
y ando tras tus pasos hace tiempo
porque me seducen tus caminos;
pero yo no soy quién
para que entres en mi casa.

Te admiro en secreto,
te escucho a distancia,
te creo como a nadie he creído;
pero yo no soy quién
para que entres en mi casa.

Ya sé que no hay castas ni clases,
que todos somos hermanos
a pesar de la cultura, de la etnia y el talle;
pero yo no soy quién
para que entres en mi casa.

Sé que lo puedes hacer,
pues tu poder es más grande que mi querer.
Sabes que anhelo abrazarte y conocerte;
pero yo no soy quién
para que entres en mi casa.

Agradezco que vengas a verme,
que quieras compartir techo,
costumbres, esperanzas y preocupaciones;
pero yo no soy quién
para que entres en mi casa.


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