Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 17 de octubre de 2017

Oración de sanación



Señor, ayúdame a descubrirte hoy en lo sencillo de mi día a día, en cada situación que experimente y en cada sonrisa que comparto con los míos.

Tú le has dado sentido a mi vida, me has enseñado la poderosa fuerza de tu amor manifestado en cada acto de bondad que he podido apreciar.

Quiero que tu fuerza renueve en mí el deseo de ser mejor. Librarme de todos esos sentimientos de inseguridad y apatía que habitan en mi corazón.

Señor, ven y sopla la fortaleza de tu Espíritu Santo sobre mí para que me ayude a creer, a seguir adelante y a ser coherente entre lo que creo y hago.

Quiero tener como Pilar fundamental de mi vida, porque solo Contigo quiero construir un futuro donde pueda alcanzar la paz y el impulso para triunfar.

Dame la certeza de caminar confiado en que tu auxilio nunca se aparta de mí ni me niegas tu gracia en mis combates más difíciles y peligrosos.

Ven y cúbreme con tu sombra poderosa e ilumina mis pensamientos para ser una persona decidida y dar los pasos necesarios para lograr mi felicidad.

Ven mi Dios y regálame los dones de tu Espíritu Santo para descubrir la voluntad y el plan de amor que tienes para conmigo y los míos. 

Amén

Pildoras de Fe

La fe debe guiar nuestra vida.



Diario vivir

La fe debe guiar nuestra vida, debe embeber todas nuestras acciones. Porque ¿de qué sirve tener fe si uno no tiene obras? Ya lo dice el Apóstol que la fe sin obras está muerta. Y las obras no son las acciones estrepitosas y llamativas, sino simplemente el vivir cristiano, el vivir de acuerdo a los Diez Mandamientos, siendo compasivos con todos, misericordiosos con los que más sufren, y dispuestos a perdonar todo y a todos para ser semejantes a Jesús que perdonó todo y a todos.

Por eso el mundo anda tan mal, porque los cristianos no vivimos de acuerdo a lo que creemos y así no damos buen testimonio ante el mundo.

A veces se escucha a ciertos católicos que dicen que tienen fe pero que en asuntos de negocios es mejor dejar la fe de lado y moverse con las máximas del mundo. ¿Son éstos verdaderos católicos?

Quien no está con el Señor, está contra Él, y quien no recoge con Él, desparrama.

No se puede estar con Dios y con el diablo, y tenemos que saber que no hay términos medios; o se está con Cristo o con el demonio. O se vive en gracia de Dios o se vive en pecado mortal.

En el mundo falta coherencia de vida porque los cristianos no viven lo que creen.

¿Pero Jesús, que es Dios, puede haber dicho algo inútil, algo que sea imposible de vivir y practicar? ¿Podemos creer que Él, siendo Dios y por lo tanto la Sabiduría infinita, se haya equivocado y nos haya dado unos consejos y leyes impracticables? Esto es desde todo punto de vista imposible. Entonces somos los hombres los que no queremos obedecer al Señor y no queremos ajustarnos al Evangelio sino que desfiguramos el Evangelio a nuestro gusto y tomamos lo que nos conviene y rechazamos o cambiamos el resto. Pero a Dios no lo podemos engañar.
Es tiempo de que comencemos a vivir bien nuestra fe, porque si decimos creer en Dios y en Jesucristo, es necesario que creamos a sus palabras, consejos y mandamientos, y que los llevemos a la práctica.
Así nuestro obrar será grato a los ojos de Dios y nos salvaremos y daremos buen ejemplo, tan necesario en estos tiempos de maldad generalizada.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


lunes, 16 de octubre de 2017

LOS PECADOS SOCIALES




Confidencias de Jesús a un Sacerdote
Mons. Ottavio Michelini
12 de enero de 1976
LOS PECADOS SOCIALES
Hijo mío, escribe.
He aquí los tres grandes pecados sociales de la humanidad:
— La humanidad ha pecado en Adán y Eva.
— La humanidad ha pecado, con el deicidio, en el pueblo elegido, el pueblo de Dios.
— La humanidad peca, hoy, con el rechazo de Dios.
1) El pecado de la humanidad en Adán y Eva desbarata enteramente el estupendo plan de Dios; le cambia el resultado.
Al orden sucede el más desconcertante desorden. A la felicidad del Paraíso terrenal sigue la infelicidad, a la luz siguieron las tinieblas de la ignorancia.
Al amor, el odio; al bien —para el que el hombre fue creado— el mal con toda la gama de sus manifestaciones; a la paz siguen las guerras y violencias.
A la vida eterna —finalidad de la creación— se puede preferir la muerte eterna, en la profunda desesperación del Infierno.
Esto es el pecado original. Esta ha sido la respuesta dada al Amor de Dios por la humanidad entera en Adán y Eva.
Una monstruosa ingratitud consumada por el primer hombre y la primera mujer a los que no les faltó la gracia, no solo necesaria, sino sobreabundante en la medida de su inmensa responsabilidad.
Dios, por un acto suyo de amor sin límites, ha cosechado un tremendo insulto.
La justicia genera misericordia
2) Pecado social es la decadencia consumada por el Pueblo elegido.
A la rebelión de la humanidad en Adán y Eva, Dios responde no con la maldad sino con la justicia y la misericordia.
Con la justicia castiga el pecado en la humanidad entera. Desde su origen hasta el fin, el hombre comerá el pan con el sudor de su frente. La Justicia pesará sobre la humanidad hasta el fin de los tiempos.
Pronto sin embargo estalla también la infinita misericordia. Obtenida la confesión y el arrepentimiento por parte de los primeros padres, Dios hace seguir el perdón con la promesa de la Redención.
Para preparar el gran acontecimiento de la liberación de la humanidad de la esclavitud del Infierno, Dios se escoge un pueblo, el pueblo preferido, que Dios quiere santo, pero que no se vuelve nunca santo a pesar de la lluvia de gracias y de milagros.
Hecho objeto de su amor, este pueblo responde con la ingratitud a la predilección.
Dios hace surgir profetas que con voz fuerte llaman al pueblo a la misión a la que estaba predestinado.
Los profetas, que son los altavoces de Dios, anuncian favores, gracias y liberaciones. Ante la ciega obstinación, también amenazan y anuncian castigos que el pueblo conocerá en el dolor.
Se recordarán de los padres en el sufrimiento, y entonces estallará de nuevo la misericordia. La justicia divina engendra siempre la misericordia aunque los hombres, oscurecidos por su egoísmo, no quieran comprender esta realidad.
Madurando los tiempos despunta el alba radiante del nacimiento del Salvador.
Las hostilidades contra el Verbo hecho Carne son promovidas y fomentadas por Satanás que se empeña en una tremenda lucha, que nunca había cesado, pero que llega renovada con furor. Y he aquí que el Niño divino toma el camino del exilio para escapar del cruel y corrupto Herodes.
Más tarde Satanás instigará a los sacerdotes del Templo y a los grandes del pueblo hebreo que tramarán y consumarán el deicidio.
Dios ha amado a su pueblo hasta lo inverosímil, y su pueblo Lo pone en la cruz.
La destrucción de la Iglesia
3) La humanidad peca hoy con la repulsa de Dios.
De su Corazón abierto, suspendido en la Cruz, Jesús entrega su Iglesia a la humanidad.
Desde este momento, nuevo plan de Satanás y de sus legiones contra el Cuerpo Místico de Jesús.
Satanás quiere su destrucción. Ya se ha hecho ilusiones de haber matado a la Cabeza, ahora trama la destrucción del Cuerpo. He aquí la guerra agotadora, que se combate sin tregua desde hace casi dos mil años.
La Iglesia no siempre responde como debiera a esta lucha. De ella ha conocido, en veinte siglos, heridas dolorosas...
Hoy por tanto Satanás marca muchos puntos a su favor.
La batalla, la gran batalla está en acción.
La visión parcial e irresponsable de la realidad por parte de no pocos pastores y sacerdotes, ha alentado al Enemigo en sus tenaces esfuerzos por destruir a la Iglesia y a su divino Fundador.
La batalla en curso, que solamente los inconscientes no advierten, deflagrará cada vez más furiosa y se apuntará muchísimas víctimas entre el clero y los fieles. El mundo, pero especialmente Europa, se abrasará con ella en una hora sin precedentes.
Hora de justicia y también hora de misericordia será la llegada de una nueva primavera de paz y de justicia, para la humanidad y para la Iglesia.
La Madre mía y vuestra aplastará de nuevo, por segunda vez, la cabeza de Satanás. Desaparecerá el ateísmo del mundo (...).
(Confidencias de Jesús a un Sacerdote – P. Ottavio Michelini)

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