Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 23 de agosto de 2017

SAN JOSÉ, PROTECTOR DE LAS VOCACIONES




José y María fueron elegidos por el mismo Dios para una gran misión: amar a la segunda persona de la Santísima Trinidad, Jesús encarnado.

¿Cómo nace la vocación de san José? Se convierte en el hombre elegido por Dios para una confianza muy especial: ser el Custodio del Redentor, de María y del misterio cuyo cumplimiento habían esperado desde hacía muchas generaciones la estirpe de David y toda la “casa de Israel”.

¿Cuál es la vocación de san José? Jesús es revelado a los apóstoles para anunciarlo a todo el mundo; Jesús es revelado a José para callarlo y ocultarlo. Los apóstoles son luz para hacer ver a Jesús al mundo; José es un velo para cubrirlo; y bajo ese velo misterioso se nos oculta la grandeza del Salvador de la humanidad. La vocación de José está por tanto, en que acogió la voluntad de Dios, actuando como esposo de María y padre legal de Jesús, asumiendo las responsabilidades que ese mandato implicaba”.

Con mucha razón el Papa Pio IX después de XVIII  siglos en los que no aparecía la figura  de san José en la iglesia, decide a toda costa hacer que  todas las personas conocieran más a san José, fijando la fiesta y rito del patrocinio de éste gran santo. Declarándolo patrono y protector de la Iglesia Universal y por tanto, como una segura esperanza de la Iglesia y un verdadero protector de todas las personas a las que el mismo Dios a encomendado en sus manos, como en su tiempo, lo hizo con su amado hijo, Jesús.

La iglesia es el mismo cuerpo místico de Cristo, al que san José sigue protegiendo con gran solicitud. Cada persona es una vocación, a cada una de ellas, protege san José. José, siendo el padre legal de Cristo, ve que ese Cristo se prolonga en su Iglesia y siente que todos nosotros los cristianos somos también hijos suyos, estamos bajo su protección, y con el mismo cariño con que cuidaba a su niño Jesús en el taller de Nazaret nos cuida también a nosotros. En este sentido decimos que la Iglesia, que es Cristo, le pertenece a José, nosotros, que somos iglesia, le pertenecemos a José.

El patriarca José, se complace protegiendo a los religiosos, que consagran la vida entera a Dios. José, educó al Sumo y Eterno Sacerdote, y le preparó durante muchos años para su ministerio.  ¿Quien mejor que San José para que proteja a los que serán futuros religiosos y sacerdotes?
San José, también tiene un especial cuidado hacia las religiosas, que disponen su vida entera a Dios por medio de la consagración en pobreza, castidad y obediencia; pues, de la misma manera custodió a la virgen madre. ¿Se puede explicar el milagro de la virginidad de María, sin el amparo y salvaguarda de la virginidad de José?
¿Por qué san José tiene la tarea de cuidar de los matrimonios? Dios le confió a San José una misión excepcional: ser esposo de la Virgen María y padre adoptivo de su Hijo, Jesús, constituyéndose así en el Custodio de la Sagrada Familia. San José es, por lo tanto, el padre que más cerca está de Jesús y de la Virgen.

San José ha sido el gran guía y protector de muchos santos, que se han dejado acariciar por sus paternales manos.

(Juan Humberto mj)

 

martes, 22 de agosto de 2017

Oración de Sanación



Señor, te agradezco todas las intervenciones de amor que has tenido en mi vida con las cuales has incrementado mi deseo de amarte y seguirte.

Gracias por darme el don de la salvación y bendito seas por haberme dejado a tu Santa Madre, quien es madre que me acompaña y me guía hacia tu luz.

Tú escogiste a María por ser una doncella pura, obediente y humilde. La preservaste de toda mancha para que fuese cuna viviente de tu Hijo predilecto.

María, abrió las puertas de su corazón a tu ángel mensajero y aceptó tu proyecto de amor sobre la humanidad para darnos ejemplo de fidelidad.

Quiero, como María, abrirme a tu voluntad y que mi corazón se convierta también en la cuna de tu amor, que nazca en él la luz de tu vida por siempre.

Dios mío, ven y pasa ahora tu mano sanadora sobre mí y que pueda seguir sintiéndome protegido por tu poder, creciendo en el amor y la bondad.

Quiero ser audaz pero sencillo, valiente pero prudente, que guarde tus enseñanzas en mi corazón y las convierta en fuego que impulse mi vida.

En tus manos, y en la de María, te confío todo lo mío y a todos los míos. Gracias por la paz que me das para vivir de acuerdo a tus preceptos. 
Amén

lunes, 21 de agosto de 2017

Sígueme...


Jesús le dice al joven rico: "Vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Luego sígueme". Jesús pide radicalidad para ser perfecto. No basta con cumplir los mandamientos. El que aspire a la santidad debe entregar "todo", todo aquello a lo que se aferra. Son nuestros 'tesoros', apegos, ídolos, lo que el Señor quiere que le entreguemos. 

Cuando una persona se consagra a María por el método de San Luis María Grignon de Montfort, se despoja absolutamente de todo, pues entrega a la Santísima Virgen cuerpo, alma, bienes exteriores e interiores y hasta el valor y mérito de las buenas acciones. Se hace esclavo de María. ¿Puede haber mayor pobreza? No posee absolutamente nada. A la vez, esta pobreza nos hace ser los más ricos, pues con la misma radicalidad con la que el alma se entrega a María lo hace nuestra bendita Madre. Poseemos, como el Apóstol San Juan, a la Virgen en la casa de nuestra alma. 

La Santísima Virgen cuida de sus consagrados y los trata como a perlas preciosas. Los nutre, dirige, ama, consuela. Ella los conduce a la vida eterna. 

Gracias, Madre, por tu amor y misericordia. Llévanos a Jesús. 

Totus tuus Mariae.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Nada sucede por azar.




Rayos de Fe

Dios es Providente y guía todos los acontecimientos humanos y a las criaturas a su propio fin.


Por supuesto que Dios gobierna todo no como un tirano, sino respetando las libertades de las criaturas, y Él, misteriosamente, siempre realiza su voluntad, que puede ser voluntad positiva o permisiva, es decir que hay cosas que Dios “quiere”, voluntad positiva; y hay otras cosas que Dios “permite”, voluntad permisiva.

Tenemos que rezar mucho para que Dios nos proteja y no permita el mal en nuestras vidas, porque Él se ha comprometido a ayudarnos si nosotros le pedimos ayuda con la oración.

La oración lo es todo. No nos despojemos nunca del amparo de la oración. Porque Dios no quiere el mal, pero el Mal existe desde que Lucifer se rebeló, y Dios lo permite porque saca un bien de ese mal. Y para que el mal no nos venza es que debemos orar.

Entonces lo que tenemos que hacer es seguir el consejo del Padre Pío de Pietrelcina: “Reza, ten fe y no te preocupes”, porque todo está dentro de los planes de Dios, y Él guía la historia y los acontecimientos mundiales a la realización de su plan de salvación.

Nosotros no estamos por azar en este mundo, sino que Dios ha pensado en nosotros desde toda la eternidad y ha querido que existiéramos nosotros, en este lugar que nos ha puesto, en esta familia, en esta patria. Debemos dar frutos donde Dios nos ha puesto y agradecerle todos los bienes recibidos, porque todo es amor de Dios por nosotros. Y como amor con amor se paga, debemos devolverle un poco de amor al Señor, que nos ama tanto.

Si en nuestras vidas han pasado momentos tristes, sepamos que Dios los permitió porque tenía sus razones que comprenderemos del todo en la otra vida. Ojalá tengamos la valentía de agradecer todo a Dios, TODO, lo bueno y lo no tan bueno, porque Dios es tan poderoso que, si tenemos buena voluntad y confiamos en Él, hace que absolutamente todo lo que nos sucede sea para nuestro bien espiritual y eterno.

Confiemos en Dios y no creamos a los científicos ateos que dicen que el universo es obra del azar y que venimos del mono. Esto no es así, sino que es Dios nuestro Creador y el que lo gobierna todo suave pero firmemente.

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