Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 31 de octubre de 2012

¿Qué me falta, Señor?



¿Qué me falta, Señor?
Pienso que soy justo y, mirando en mí sendero,
encuentro abundantes deficiencias y debilidades.
Digo darme, y me quedo con lo mío.
Presumo de ser bueno, y juzgo
a los que no son como yo.
Digo ser humilde, y me encanta ser juez.
Defiendo la verdad, pero en muchas ocasiones,
me dejo vencer por la mentira.
 
¿Qué me falta, Señor?
Dime, Jesús, qué me falta y qué me sobra,
para ser merecedor de la Vida Eterna.
Dime, Jesús, qué me falta
para entrar un día por las puertas del cielo.
Dime, Jesús, qué me falta y que yo no veo,
para que Tú estés contento conmigo.
 
¿Qué me falta, Señor?
Afirmo que la riqueza no es lo importante,
y me encanta rodearme de ella.
Me alarmo de las injusticias del mundo,
y no siempre soy lo justo que debiera con los míos.
Reniego de la opulencia de los otros,
y no miro el tesoro que mis manos guardan.
 
¿Qué me falta, Señor?
Dame un poco de fe, para ver con claridad.
Un poco de caridad, para dar lo que pueda.
Un poco de esperanza, para no apartarme de Ti.
Y entonces, Jesús. Tal vez, Señor,
me daré cuenta de “esa cosa”
que me hace falta o que me sobra,
para alcanzar la Vida Eterna.
Amén.
 
P. Javier Leoz
celebrandolavida.org

martes, 30 de octubre de 2012

Que bello es vivir!


Vivir, es vibrar cada instante, ante la emoción
de percibir la maravilla de la creación que nos rodea.

Vivir, es entender que cada minuto que transcurre no volverá,
es atraparlo intensamente, porque forma parte del tiempo
que sabemos que ha quedado en el ayer.

Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros,
es vibrar en la bondad y llevar
a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Vivir, es gozar los momentos bellos
y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es aprender más cada día,
es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros
un ser mejor que ayer, un ser que justifica su existir.

Vivir, es amar intensamente a través de una caricia,
es escuchar en silencio la palabra del ser amado,
es perdonar sin réplica una ofensa,
es aspirar la presencia del otro,
es besar con pasión a quien nos ama.

Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño,
escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes
sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.

Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad
y aunque se tengan mil argumentos
para contradecirlo o justificarlo,
finalmente sólo escucharlo,
es tener la capacidad de regocijarnos
ante sus triunfos y realización.

Vivir es sentir que nuestro existir no fue vano
y en la medida en que nos atrevamos
a dar lo mejor de nosotros en cada momento,
logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.

Vivir es vibrar y sentir,
es amar y gozar, es observar y superar,
es dar y aceptar, es comprender que
nuestro tiempo es lo único que poseemos
para realizar plenamente nuestro ser.

¡
Qué bello es vivir!

celebrandolavida.org

lunes, 29 de octubre de 2012

No pases de largo, Señor


Que temo quedarme en la oscuridad,
cuando sé que Tú eres el Señor de la luz perpetua,
que me pierdo mucho, si Tú no estás,
y tan sólo gano encerrarme en mi mismo.
Necesito que te detengas, Señor;
Tú sabes que mi voz no siempre es escuchada.
Que mi vida es indiferente a muchas personas.
Que valgo poco o nada y que, en muchos momentos,
prefiero la tiniebla a la luz.
¿Te detendrás, Señor?
¿Me concederás un minuto de tu eterno tiempo?
¿Me hablarás con palabras de amor?
¿Me enseñarás el sendero que lleva a tu presencia?
 
¡No pases de largo, Señor!
Me pondré en pie, para que veas.
Gritaré, para que me escuches.
Insistiré, para que me respondas.
Hace tiempo, Señor, que me siento así:
Buscándote para hablarte de lo mío.
Preguntando por Ti, para saber más de Ti.
Queriendo salir de muchos rincones oscuros.
Queriendo ver, con los ojos del Evangelio.
 
¡No pases de largo, Señor!
Acércate y, pronto sabrás, que soy un pobre hombre.
Que, creyendo ver, me falta descubrir lo más importante.
Que, pensando en todo, a veces se me escapa lo esencial.
Que, creyendo amar, lo hago a mi manera.
Que, estando seguro de mi mismo, soy barco a la deriva.
Por eso, como Bartimeo, Señor, te digo:
 
¡Ten compasión de mí!
Ten un poco de pasión por mi vida,
para que sea un poco más radiante y sencilla,
iluminada por la verdad y asentada en la justicia.
Ten un poco de pasión por mi alma, Señor,
y desaparezca de ella todo pliegue o arruga.
Ten un poco de pasión por mi voz, Señor,
y que sea fuerte y firme para proclamar
que, sólo Tú Señor, eres quien atiende a la humanidad,
quien escucha a la humanidad,
como Dios manda.
Amén.
 
P. Javier Leoz
celebrandolavida.org

domingo, 28 de octubre de 2012

Blanco y negro


Son sólo dos tonalidades...
¿Por qué alguna gente se empeña en separarlos?

¿Qué importa el color de la piel, si Dios nos quiere

a todos por igual? Si todos terminaremos siendo polvo,
y el polvo que quedará es de los huesos; no de la piel...

Los seres humanos, todos somos especiales.
Somos diferentes. Cada uno de nosotros,
tenemos algo que nos distingue.
Todos tenemos diferentes formas de pensar,
de ver la vida, de caminar; hasta respiramos
diferente y eso no quiere decir que debamos
rechazarnos...

Vivimos en un mundo materialista y frío en el cual
todo es más importante que los sentimientos.
Debemos poner nuestro granito de arena y así
cambiar el mundo. Debemos poner nuestras fuerzas
en amarnos los unos a los otros, sin importar
el color de la piel, ni la religión, ni el sexo;
mucho menos nuestros ideales políticos.

Debemos poner más nuestro corazón
al hacer las cosas y menos nuestros intereses.
A veces no es tanto el color de la piel;
sino quién es el portador de ese color...

Debemos separar el materialismo de lo
verdaderamente importante. Nuestro interior,
nuestro propio ser, lo que hacemos por los demás;
la mano que tendemos en el momento preciso
a la persona que lo necesita; independientemente
de quién sea esta persona.

Si el color importara tanto...
¿Habría creado Dios, tantas razas diferentes?
Por supuesto que no. Nos hubiera creado
a todos del mismo color para evitar separaciones...

Así que, unámonos como hermanos que somos;
sin importar nuestras diferencias y seamos
los prójimos que debemos ser.
Pongamos todo nuestro empeño en valorar más
los sentimientos, el alma, la verdad, la justicia,
la caridad, la bondad, el buen juicio y el corazón
de las personas.
¡Así seremos un mundo mejor, un paraíso terrenal!

celebrandolavida.org

sábado, 27 de octubre de 2012

MARÍA, ESCLAVA DEL SEÑOR

LAS VIRTUDES DE MARÍA SANTÍSIMA

Es necesario considerar una vez más el acontecimiento fundamental en la economía de la salvación, o sea la encarnación del Verbo en la anunciación. Es significativo que María, reconociendo en la palabra del mensajero divino la voluntad del Altísimo y sometiéndose a su poder, diga: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra » (Lc 1, 3). El primer momento de la sumisión a la única mediación « entre Dios y los hombres » —la de Jesucristo— es la aceptación de la maternidad por parte de la Virgen de Nazaret. María da su consentimiento a la elección de Dios, para ser la Madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo. Puede decirse que este consentimiento suyo para la maternidad es sobre todo fruto de la donación total a Dios en la virginidad. María aceptó la elección para Madre del Hijo de Dios, guiada por el amor esponsal, que « consagra » totalmente una persona humana a Dios. En virtud de este amor, María deseaba estar siempre y en todo « entregada a Dios », viviendo la virginidad. Las palabras « he aquí la esclava del Señor » expresan el hecho de que desde el principio ella acogió y entendió la propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo. Y toda su participación materna en la vida de Jesucristo, su Hijo, la vivió hasta el final de acuerdo con su vocación a la virginidad.
La maternidad de María, impregnada profundamente por la actitud esponsal de « esclava del Señor », constituye la dimensión primera y fundamental de aquella mediación que la Iglesia confiesa y proclama respecto a ella,100 y continuamente « recomienda a la piedad de los fieles » porque confía mucho en esta mediación. En efecto, conviene reconocer que, antes que nadie, Dios mismo, el eterno Padre, se entregó a la Virgen de Nazaret, dándole su propio Hijo en el misterio de la Encarnación. Esta elección suya al sumo cometido y dignidad de Madre del Hijo de Dios, a nivel ontológico, se refiere a la realidad misma de la unión de las dos naturalezas en la persona del Verbo (unión hipostática). Este hecho fundamental de ser la Madre del Hijo de Dios supone, desde el principio, una apertura total a la persona de Cristo, a toda su obra y misión. Las palabras « he aquí la esclava del Señor » atestiguan esta apertura del espíritu de María, la cual, de manera perfecta, reúne en sí misma el amor propio de la virginidad y el amor característico de la maternidad, unidos y como fundidos juntamente.
Por tanto María ha llegado a ser no sólo la « madre-nodriza » del Hijo del hombre, sino también la « compañera singularmente generosa » del Mesías y Redentor. Ella —como ya he dicho— avanzaba en la peregrinación de la fe y en esta peregrinación suya hasta los pies de la Cruz se ha realizado, al mismo tiempo, su cooperación materna en toda la misión del Salvador mediante sus acciones y sufrimientos. A través de esta colaboración en la obra del Hijo Redentor, la maternidad misma de María conocía una transformación singular, colmándose cada vez más de « ardiente caridad » hacia todos aquellos a quienes estaba dirigida la misión de Cristo. Por medio de esta « ardiente caridad », orientada a realizar en unión con Cristo la restauración de la « vida sobrenatural de las almas », María entraba de manera muy personal en la única mediación « entre Dios y los hombres », que es la mediación del hombre Cristo Jesús. Si ella fue la primera en experimentar en sí misma los efectos sobrenaturales de esta única mediación —ya en la anunciación había sido saludada como « llena de gracia »— entonces es necesario decir, que por esta plenitud de gracia y de vida sobrenatural, estaba particularmente predispuesta a la cooperación con Cristo, único mediador de la salvación humana. Y tal cooperación es precisamente esta mediación subordinada a la mediación de Cristo.
En el caso de María se trata de una mediación especial y excepcional, basada sobre su « plenitud de gracia », que se traducirá en la plena disponibilidad de la « esclava del Señor ». Jesucristo, como respuesta a esta disponibilidad interior de su Madre, la preparaba cada vez más a ser para los hombres « madre en el orden de la gracia ». Esto indican, al menos de manera indirecta, algunos detalles anotados por los Sinópticos (cf. Lc 11, 28; 8, 20-21; Mc 3, 32-35; Mt 12, 47-50) y más aún por el Evangelio de Juan (cf. 2, 1-12; 19, 25-27), que ya he puesto de relieve. A este respecto, son particularmente elocuentes las palabras, pronunciadas por Jesús en la Cruz, relativas a María y a Juan.

Beato Juan Pablo II. Redemptoris Mater, 39
 http://www.santorosario.info/Virtudes.de.Maria.Santisima/

viernes, 26 de octubre de 2012

La lógica del amor y de la fe se parecen mucho

El otro día, con el grupo de universitarios, me vino un pensamiento envidiable. Yo mismo me sorprendí, y me admiré. No porque yo lo pensara, que estoy más o menos acostumbrado a hacerlo, y a darle vueltas a las cosas, sino por lo que significaba. Intuí que la lógica de la fe y del amor se parecían mucho.

1. Venimos al mundo capacitados para amar y para confiar. No son cosas que se enseñan, sino necesidades básicas de las personas, algo que demandamos, que ansiamos. Y comienzan en nosotros a desarrollarse en la medida en que somos vulnerables y necesitados. Necesitamos ser amados, cuando todavía no podemos amar siquiera, y necesitamos que nos ofrezcan confianza, cuando somos incapaces de ofrecer nada creíble ni sólido. Comienzan ambas recibiendo.

2. Son estructuras esenciales e innegables en las personas. Configuran ambas todo. Lo tocan todo, lo trastocan todo, tienen capacidad para transformar todo nuestro ser, pensar, hacer, vivir... lo que queramos. Nuestro trabajo y nuestra vida personal. Se mete hasta las junturas del ser. Su lógica no es una lógica particializable. Ni controlable. No tiene, por así decir, medida y toda persona se debe rendir ante esta evidencia. Una me va llevando a la otra, y así, como si fuera un tsunami, lo recoloca todo a su medida.

3. Buscan saciarse, como quien desea algo, ajeno a sí mismo, capaz de llenar un vacío. El deseo que nos impulsa a amar nos hace apasionarnos, disfrutar, gozar, alegrarnos cuando encontramos algo que creemos digno de amor, digno de nosotros mismos. En cuanto vemos que no es así, reina la decepción, y pasamos a otra cosa. Lo mismo en el ámbito de la confianza y de la libertad. Dicho de otro modo, es una potencia y fuerza que sabe que existe aquello que todavía, quizá, sea incapaz de ver, incluso quiera negar, o encuentre en imperfección y limitación.

4. Por qué tanto “cambio”, tanta “apuesta personal”. Porque no hay otro modo de vivir que arriesgando valientemente una y otra vez. No queremos el riesgo, la verdad. Todos desean, por mucho que lo nieguen, encontrar lo definitivo, aquello que les “ate” y les dé sentido para siempre. Cada momento se convierte entonces en una prueba para esta apertura del ser humano. Y así buscamos y buscamos, y caminamos de aquí para allí, y estamos con una persona, y con un grupo de personas, y experimentamos qué vivimos en este lugar, en este otro, en esta situación y en esta otra.

5. En el momento en el que encontramos lo que merece la pena, el resto pasa a un segundo nivel, tercer nivel y cuarto nivel si es necesario. Y todo pierde valor, en proporción al hallazgo, o se revaloriza, en función del tesoro encontrado. De modo que con una persona nos vale en el mundo, a quien poder entregarnos, de quien poder recibir amor. Y tan importante es encontrar quien me quiera bien, como aquella persona que me dignifique siendo capaz de recibir todo cuanto soy, con lo que eso significa.

En la lógica del amor y de la fe, sucede exactamente lo mismo. Quienes aman, porque han sido amados primero, lo saben y pueden decir si es o no cierto lo que digo. Pero yo, en la fe, puedo decir también que quien conoce a Jesucristo encuentra esa respuesta que andaba buscando. No quien encuentra “la idea de Jesús, o la idea de Dios”, o peor, “la idea de Jesús o de Dios de tal o cual persona”, sino quien se encuentra con Dios cara a cara, quien permite y se abre a semejante encuentro. Hasta entonces, confiará su corazón y su vida a otras cosas, que harán de dioses imperfectos, que le agotarán y le harán sentirse incluso más vacío. Pero quien encuentra a Jesucristo, en ese cara a cara, se siente llamado a entregar su propia vida. Igual que en el amor, igual que en la búsqueda de amor que hay en el corazón del hombre. Ambas lógicas, en sus semejanzas, nunca podrán ser negadas ni olvidadas, y buscan y desean y anhelan. Tensionan la humanidad hacia lo eterno y hacia lo infinito, hacia el más. Por eso también quien ha encontrado amor, quien ha recibido fe, sabe que no ha hecho nada más que empezar a descubrir cuál es el camino verdadero.


Autor: José Fernando Juan | Fuente: mambre.wordpress.com
Catholic.net


Dame fe, Señor



Dame fe, Señor.
Y que no me desangre
por las cosas estériles e inútiles
que no merecen la pena.

Dame fe, Señor.
Y que sienta el brotar de una nueva vida,
cuando te palpo por la oración y la Eucaristía.

Dame fe, Señor.
Y elévame cuando, postrado en mil problemas,
tengo la sensación de que se impondrán
a mis posibilidades de hacerles frente.

Dame fe, Señor.
Y que me levante para siempre escucharte,
y que me levante para nunca perderte.

Dame fe, Señor.
Para que, siendo débil como soy,
pueda ser enérgico como Tú quieres
que yo lo sea.

Dame fe, Señor.
Y cura y venda mis heridas,
por las que, en hemorragia continua,
siento que se malogra o se pierde mi vida.
  
Dame fe, Señor.
Y, cuando pases a mi lado en situaciones distintas,
yo sepa reconocerte y, con mi mano,
tocar y aprovechar la salud que irradia tu manto.

Dame fe, Señor.
Porque la fe, es ver lleno el vacío.
Porque la fe, es confiar en lo prometido.
Porque la fe, es levantarse aún
a riesgo de volver a caer.
Porque la fe, es poner a Dios
en el lugar que le corresponde.
Porque la fe, es atisbar luz donde algunos
se empeñan en clavar sombras.

Dame fe, Señor.
Y, cuando algunos me den por muerto o vencido,
grítame a lo más hondo de mi conciencia:
¡A ti te lo digo! ¡Levántate!
Para que, de esa manera, vean
que tu presencia invisible es más
poderosa que los eternamente visibles;
tu voz es autoridad y sana calmando las heridas;
tu paso no deja indiferente al que te mira
con amor y te acaricia con fe.
¡Gracias, amigo y Señor de la vida!

Javier Leoz
celebrandolavida.org

martes, 23 de octubre de 2012

Luz para la humanidad


 
Sí, Señor, así te vemos y así te sentimos.
Desde el día de tu llegada a nuestro mundo
alegraste la noche oscura del hombre.
Lo hiciste en silencio, sin ruido
pero, en Belén, fuiste luz en medio
de un impresionante firmamento estrellado.
 
Tú, Señor, eres la luz del mundo.
Entonces ¿qué somos nosotros, Señor?
Somos pequeñas luces, de tu inmensa luz
Somos pequeños ríos, de tu inmenso mar.
Somos pequeños destello, de tu inmenso sol.
Eres, Señor, luz de la humanidad.
 
Quien a Ti escucha, encuentra alivio.
Quien a Ti sigue, se siente protegido.
Quien a Ti bendice, queda engrandecido,
sobrecogido y enardecido por tu presencia, Señor.
 
Nunca, nuestra tierra,
cesará de darte gracias por tu Palabra.
Por poner esperanza a nuestro lado.
Por sembrar ilusiones en nuestros senderos.
Por levantarnos, con y por tu Palabra,
cuando nos sentimos decepcionados,
engañados o humillados,
por tanta palabra y bisutería que ofrece el mundo.
¡Gracias, Señor!
 
Sigues siendo luz de muchos pueblos.
Horizonte de muchas metas.
Vida de muchas vidas.
Orgullo de millones de hombres y mujeres
que, sintiendo la peligrosa noche,
saben que Tú sigues siendo… la LUZ.
Amén.
 
P. Javier Leoz
celebrandolavida.org
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