Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 28 de febrero de 2017

Un poco engañados.



Quizás de un tiempo a esta parte, hemos sido un poco engañados y hemos descuidado la oración y la vigilancia. Si esto es así, entonces ahora debemos aprovechar este próximo tiempo de Cuaresma, que ya está por comenzar, y dedicarnos más a la oración, a la conversión, trabajando sobre nuestra alma para recuperar esas ansias de santidad, pues para eso nos ha creado Dios, para que seamos santos. 

Es lógico que el demonio busque por todos los medios el tratar de adormecernos para que no reaccionemos ante el mal que se extiende cada vez más. Por eso tenemos que despertarnos y empuñar las armas de la penitencia y la oración, acudiendo a los sacramentos, en especial la confesión y la comunión, y para prepararnos concienzudamente a la batalla en la que estamos inmersos, y que si no vigilamos podemos ser presas, también nosotros, del mal imperante. 

Gracias a Dios que la Iglesia, Maestra providente, nos presenta este próximo tiempo cuaresmal para que sacudamos el sopor de nuestras almas y nos dispongamos a combatir contra las fuerzas del mal, que también asechan nuestro interior. 

No olvidemos que nuestra vida sobre la tierra es una prueba, y que de cómo salgamos de esa prueba será nuestra eternidad. 

Recordemos que nadie sabe el día y la hora en que se tendrá que presentar al Juez eterno, porque el momento de la muerte nadie lo sabe. Entonces no nos dejemos dominar por la somnolencia espiritual y las falsas seguridades que nos dan el mundo y la técnica, pues el combate está en acto y quien no pelee puede ser arrastrado por la corriente del pecado. 

Recuperemos nuestro primitivo fervor. Si hemos sido como Pedro, que negamos a Cristo, volvamos y reparemos nuestra falta, y ahora demos testimonio del Señor, como lo hizo el Apóstol, que volviendo de su error, confirmó la fe de todos sus hermanos. 

Nunca es tarde mientras estamos vivos en este cuerpo mortal. No dejemos pasar más tiempo en la inercia, y comencemos a luchar con las armas espirituales que nos da el Cielo.


Oración de Sanación



Jesús, Señor de mi vida, Tú siempre me dices que buscar el Reino del Padre exige una entrega total del corazón y una plena confianza en su voluntad y en las promesas que nos dejaste

Tus Apóstoles lo dejaron todo para seguirte, casa, familia, bienes, trabajo; esto hace que me cuestione: ¿qué he dejado yo? Pienso que es poco lo que hago por Ti, lo que he dejado por seguir y vivir tu Palabra.

No puedo servirte como me lo pides si sigo aferrado a lo material, a lo poco que tengo. No quiero vivir egoístamente mi vida poniendo mi esperanza en las riquezas, en lo que voy a obtener para mi propio beneficio.

Seguirte fielmente no implica que no tendré problemas o dificultades en mi caminar, más bien, deberé prepararme para las persecuciones, pero sé que puedo encontrar en Ti la fuerza y el ánimo necesario para salir adelante.

¡Tú eres el dueño de todo! ¡Tú has vencido al mundo! Te pido que abras mis sentidos y envíes sobre mí tu Espíritu Santo para saber discernir lo que es correcto para mi vida

Ayúdame, oh Dios de amor, a no apegarme a los bienes de este mundo, para así, sólo centrar mi atención en Ti, estar unido a Ti, servirte, adorarte y amarte, todo lo demás me vendrá por añadidura.

Cuento ahora con tu bendición que me protege y me guía por ese camino angosto pero lleno de vida.

Tu amor, tu abrazo y tu amistad son ingredientes poderosos que me impulsarán a mantenerme firme en la búsqueda de la eternidad. 
Amén


lunes, 27 de febrero de 2017

Luchar contra el desánimo.



Vuelve a empezar
Cuando hemos fracasado y todo cae por tierra, es difícil comenzar de nuevo, porque además de nuestra decepción, está el demonio que hace de todo por desanimarnos, porque sabe muy bien que llevándonos al desánimo y a la tristeza, hay sólo un paso al pecado y a la desesperación.
Entonces tenemos que hacer siempre un propósito y un pacto con nosotros mismos: pensar ya desde ahora que si tuviéramos que perder todo lo que hicimos en nuestra vida, no nos descorazonaremos, porque el único fracaso que no tiene solución es estar ya condenados en el Infierno para siempre.
Pero atención también con esto de creernos condenados al Infierno ya en vida, porque el demonio gusta mucho de llevarnos a creer que Dios no nos puede perdonar ciertos pecados y así nos lleva a la desesperación, y nos ata de pies y manos, de modo que o terminamos en el suicidio o nos entregamos a pecar cada vez más y a una mayor desesperación.
Sepamos, entonces, prepararnos ya desde ahora a que todo en nuestra vida puede fracasar, aunque sean obras o relaciones que hayan llevado muchos años el construirlas. Y estemos dispuestos a volver a empezar, con lo poco o nada que nos quede, porque hemos venido al mundo desnudos, y desnudos nos iremos de él.


sábado, 25 de febrero de 2017

María viene con nosotros.



María Madre Misericordiosa

Cuando vamos a visitar a un enfermo, María viene con nosotros, porque en el enfermo está Cristo, su Hijo bendito, y Ella no puede menos de acompañarnos para aliviar a Jesús en ese hermano.

¿Y no vamos a hacer todo lo posible por visitar a nuestros amigos y parientes que están enfermos, para llevarles, junto con nuestra presencia, la presencia de la Reina del Cielo? Porque donde entra María, sale automáticamente el demonio, ya que ambos no pueden estar en el mismo lugar.


Llevemos a María con nosotros a visitar tantos hospitales y geriátricos donde los enfermos están tristes y solos, sin nadie que les lleve una luz de esperanza. 

Llevémosles una estampita de María, una medalla suya o una estatuilla, dándoles a entender que no están solos, que hay una Madre en el Cielo, y aquí en la tierra, que está constantemente al lado de su lecho de dolor, y los cuida amorosamente; y aunque se sientan solos y lo estén materialmente, jamás están solos en lo espiritual, porque la Virgen no los deja ni de noche ni de día, hasta que los acune en su regazo en la hora de la muerte, y se duerman dichosos en esta vida para despertar felices en el Paraíso.


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