Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 31 de diciembre de 2010

HOY ES NOCHE VIEJA


Deseo dormir en paz la última noche del año y despertar con el alma renovada para emprender la nueva jornada de este año que comienza.
 
Hoy es Noche vieja


Se fue un año más.

Al final del año es conveniente hacer un balance de los 365 días, para ver qué se hizo con ese año de vida. Conviene también saldar todas las deudas que se tienen con Dios y con los demás.

Quiero asomarme a la ventana de mi casa y mirar hacia atrás, hacia ese largo camino que he recorrido durante todo el año.

Si algo puedo ver, es que cada día de ese año transcurrido estuvo lleno del amor de Dios. Estoy en deuda con Él; por eso mi primera palabra al final del año es: ¡Gracias!.

Pero, al lado de tantas bondades de ese Dios, está la triste historia de la ingratitud y la mediocridad para con ese gran amigo. Por eso la segunda palabra tiene que ser: “¡Perdóname todos los errores, todas las mediocridades!. ¡Yo sé que me perdonas!”

Pero hay una tercera palabra que quiero decir: “Te pido un gran año para hacer con el una gran tarea, ayúdame a que este año que empieza sea mejor, que valga la pena vivir. Conviértelo en un gran año. Que aquello de “próspero año nuevo” no se quede en una ironía, sino en una verdad.

También quiero, al final del año, saldar cuentas con mi prójimo, quiero sacar de mi espíritu, arrancar, tirar todos los rencores, odios, resentimientos hacia mis hermanos. Quiero terminar el año bien con todos. Quiero poder decir que no tengo malos sentimientos hacia ningún ser humano.

Es hora de pedir perdón a todos los que en el camino he herido, molestado, desairado. A los que tenían derecho a esperar una respuesta y no se la di, a los que necesitaban una palabra de aliento y me quedé con ella. A los que encontré tirados en el camino de la vida, desesperados, tristes, vacíos de Dios y de ilusión, y pasé de largo porque tenía mucha prisa. Quiero pedirles perdón.

Deseo dormir en paz la última noche del año y despertar con el alma renovada para emprender la nueva jornada de este año que comienza.

Es importante recordar que este año será lo que cada uno haga con él. ¿Será el mejor o será el peor? ¿Será uno de tantos, ni bueno ni malo, sino todo lo contrario? De cada uno de nosotros depende.

Dios que te da ese año nuevo es el que más ardientemente te dice: ¡FELIZ AÑO!

Al Dios que me dio la vida, ¡gracias!.
Al Dios de mis días felices, ¡gracias!.
Al Amor de mis amores, ¡gracias!.
Puesto que al final de la vida me examinarán del amor, perdóname por no haber amado lo suficiente, y concédeme morir de amor.

Fuente: Catholic.net
Autor: P Mariano de Blas 
  

jueves, 30 de diciembre de 2010

Se termina el año 2010




Se termina el año 2010
El día de hoy podríamos considerar tres cosas:

a) El tiempo pasa.
b) La muerte se acerca.
c) La eternidad nos espera.

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

La muerte se acerca. Cada día que pasa estoy más cerca de ella. Es necio no querer pensar esto. Muchos de los que murieron el año pasado se creían que iban a seguir vivos en éste, pero se equivocaron. Puede que este año sea el último de nuestra vida. No es probable, pero sí posible. Debo tenerlo en cuenta. En ese momento trascendental, ¿qué querré haber hecho? ¿Qué NO querré haber hecho? Conviene hacer ahora lo que entonces me alegraré de haber hecho, y no lo que me pesará haber hecho.

La eternidad nos espera. Nos preocupamos mucho de lo terrenal que va durar muy poco. Nos preocupamos de la salud, del dinero, del éxito, de nuestra imagen, etc. Todo esto es transitorio. Lo único que va a perdurar es lo espiritual. El cuerpo se lo van a comer los gusanos. Lo único que va a quedar de nosotros es el alma espiritual e inmortal.

Con la muerte no termina la vida del hombre: se transforma, como dice el Prefacio de Difuntos. Palabras de Santo Tomás Moro sobre la morada en el cambio de destino.

Los que niegan la vida eterna es porque no les conviene. Pero negarla no es destruirla. La verdad es lo que Dios nos ha revelado.


Hoy es el momento de hacer balance. No sólo económico, sino también espiritual y moral.

Hagamos examen del año que termina.

Sin duda que habrá páginas maravillosas, que besaremos con alegría.

Pero también puede haber páginas negras que desearíamos arrancar. Pero eso ya no es posible. Lo escrito, escrito está.

Hoy abrimos un libro nuevo que tiene todas las páginas en blanco. ¿Qué vamos a escribir en él?

Que al finalizar este año que hoy comienza, podamos besar con alegría cada una de sus páginas.

Que no haya páginas negras que deseemos arrancar.

Puede que en ese libro haya cosas desagradables que no dependen de nosotros.

Lo importante es que todo lo que dependa de nosotros sea bueno.

Pidamos a Dios que dirija nuestra mano para que a fin de año podamos besar con alegría todo lo que hemos escrito.

También es el momento de examinar todas las ocasiones perdidas de hacer el bien.

Ocasiones irrecuperables. Pueden venir otras; pero las perdidas, no se recuperarán.

Finalmente, demos gracias a Dios de todo lo bueno recibido en el año que termina.

De la paciencia que Dios a tenido con nosotros.

Y de su gran misericordia. 

 Fuente: Catholic.net
Autor: P. Jorge Loring SJ 

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Nunca es demasiado tarde


Hoy no es demasiado tarde, y puedo aprovechar cada momento para construir.


“Nunca es demasiado tarde”. Este lema por lo regular equivale a un “siempre es posible”. A veces engendra frases conocidísimas como “la última y nos vamos” o “mañana te pago”. Pero hablando en serio, cuando posponemos nuestros objetivos por mucho tiempo constatamos que no “siempre”, sino sólo “algunas veces”, todavía es posible. Algunas veces también es demasiado tarde...

Quien ha tenido que repetir un año de la escuela por un examen suspendido, quien ha perdido a un ser querido sin haberle dicho “te quiero”, quien vive arrepentido de haber provocado un daño que no puede reparar, comprende lo que significa “ya es demasiado tarde”.

Si habitualmente dejamos las cosas para después podemos comprender por qué “nunca” es demasiado tarde. Aquello que nunca hice, no lo podré hacer porque ya es demasiado tarde.

En la vida continuamente suceden cosas que no resultan como uno hubiera querido. Pero ¿por qué lamentarse del pasado? Recordar los momentos tristes o dolorosos sólo añade un lastre al presente. De un lamento nace otro, pues quien se lamenta del pasado tiene un triste presente, que en el futuro seguirá siendo un triste pasado. Es un círculo vicioso.

Santa Faustina Kowalska decía: «Si miro al futuro, me salta el miedo, pero, ¿por qué adentrarse en el futuro? Sólo aprecio la hora presente, porque el futuro quizá no habitará en mi alma. El tiempo pasado no está en mi poder para cambiar, corregir o añadir algo. Ni los sabios ni los profetas han podido hacer esto. Por tanto, confiemos a Dios lo que pertenece al pasado».

Siempre es posible comenzar de nuevo. No vale la pena anclarse en momentos que ya no están en mis manos. Hoy no es demasiado tarde, y puedo aprovechar cada momento para construir. “Nunca” sí es demasiado tarde.

¡Vence el mal con el bien!


Autor: David Delgadillo, L.C. 
Fuente: Virtudes y Valores

¿Qué deseo en un año nuevo?


Este año será distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que te encontrarás este año.
 
¿Qué deseo en un año nuevo?

La pregunta me deja un poco inquieto. Porque sé que el “año nuevo” es simplemente una hoja de calendario, un cambio en los números, una simple tradición humana. Porque el tiempo escapa a nuestro control, y fluye sin cesar.

Pero casi todos, al llegar el año nuevo, damos una mirada al año que termina y soñamos en el año que comienza.

Lo pasado queda allí: fijo, inmodificable, casi pétreo. Con sus momentos buenos y sus fracasos, con sus sueños realizados y con los sueños que se evaporaron en el vacío, con las ayudas que me ofrecieron y con las ayudas que pude ofrecer a otros, con mis omisiones y mis cobardías.

Lo futuro inicia, como inició ayer, como inició hace un mes, como iniciará mañana.

Cada instante se presenta como una oportunidad que en parte depende de mi prudencia y de mis decisiones. En otra buena parte, depende de las decisiones de otros. En los dos casos, y aunque no siempre nos demos cuenta, depende de Dios.

De nuevo, ¿qué deseo en un año nuevo? Desearía la paz en Tierra Santa. Para que nadie privase a nadie de su tierra, de su casa, de su familia. Para que las religiones fueran vividas como lo que son: un camino para unir a los hombres bajo la luz de Dios. Para que la tierra donde vivió, murió y resucitó Cristo testimoniase con un estilo de vida nuevo la gran belleza del Evangelio.

Luego, desearía la paz en tantos lugares del planeta. Especialmente en África, donde todavía unos poderosos venden armas para la muerte pero no ofrecen comida para los hambrientos.

Querría, además, que desapareciese el aborto en todos los países del mundo. Lo cual no es ningún sueño imposible: basta con aprender a vivir responsablemente la vocación al amor para que ningún hijo sea visto como un “enemigo” o un obstáculo en el camino de la propia vida. Porque lo mejor que podemos hacer es vivir para los demás. Porque cada niño pide un poquito de amor y de respeto. Porque cada madre que ha empezado a serlo merece ayuda y apoyo, para que no le falten las cosas que más necesite durante los meses de embarazo y los primeros años de su hijo.

En este nuevo año me gustaría dialogar con quien piensa de modo distinto en un clima de respeto, sin insultos, sin desprecios, sin zancadillas. Porque si él y si yo somos humanos, porque si él y si yo queremos encontrar la verdad, podemos ayudarnos precisamente con una palabra nacida desde los corazones que saben escucharse y, más a fondo, que saben amarse...

El año que inicia querría tener más energías, más entusiasmo, más convicción, para enseñar a los otros lo que para mí es el tesoro verdadero: mi fe católica. Enseñarla, sobre todo, con mi vida. Querría ser, en ese sentido, más coherente, más bueno, más abierto, más disponible, más cercano. Especialmente cuando me encuentre con un pobre, con un enfermo, con una persona triste o desesperada, con quien llora porque sabe lo que muchos no se atreven a reconocer: que ha pecado. Porque sólo cuando me pongo ante mis faltas con honestidad clara y completa, descubro mi miseria y comprendo la de los otros. Y porque cuando reconozco mi miseria y la ajena puedo entender que necesitamos al único que puede limpiarnos con su palabra llena de perdón y de esperanza: Dios.

¿Qué deseo en un año nuevo? Quizá deseo demasiado. Quizá he soñado despierto. Quizá me he dejado llevar por una emoción inconsistente. Mientras, el reloj sigue su marcha, y, sin saberlo, me dice: este año será un poco distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que encontrarás en los mil cruces de camino de este año que está iniciando...


Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net





      

martes, 28 de diciembre de 2010

Frases llenas de optimismo

Con María, el día de los Santos Inocentes

José y María se miran, abundantes lágrimas caen por sus mejillas, se abrazan y abrazan al niño. Es la noche más larga, más atroz, más cruel, que les ha tocado vivir a ambos.
 
Con María, el día de los Santos Inocentes




Existen, en nuestra vida, dolores que nos resultan incomprensibles, atroces, injustos y, sobre todo, inmerecidos. Pero, sea cual fuere la reacción que tengamos frente al dolor, él sigue allí, y nos atraviesa el alma como una afilada espada. Hoy mi dolor y mi tristeza no me dejan verte, María, como ansía mi corazón, pero sé que estas allí, aunque no pueda sentirte, estas detrás de mi dolor para sostenerme, para transformar el llanto en camino hacia al Padre.

- En profecía cumplida… -dices a mi corazón, mas, no comprendo.

- Hoy voy a hablarte de esos dolores incomprensibles que desgarran el alma y que luego, por la misericordia de Dios, se transforman en camino.

- Háblame Señora, que mi alma tiene tanta sed de tu compañía. Mi alma ansía caminos que no encuentro en la oscuridad de esta noche demasiado larga.

- Yo conozco bien las noches largas. Te hablaré de una en especial, que me pareció eterna. De una noche anunciada, tan anunciada como la nochebuena, pero olvidada luego por muchos y, lo que me desgarra el alma, una recordación tomada hoy, por tantos, como excusa para bromas...  
Parte de,  Meditación para hoy-Catholic.net 
 
Autor: Maía Susana Ratero






Basta de platos indigestos


Estas vacaciones navideñas tomemos lo que es sano para nuestro espíritu y nuestra mente
 
Basta de platos indigestos
Basta de platos indigestos
Alguien, hace poco, me refirió este significativo episodio de la vida real. Durante un viaje de autobús, se comenzó a proyectar una película. Claro, hoy día cualquier línea que se las dé de moderna ha de tener entronizada en todos sus vehículos a la diosa televisión... Pues bien, resulta que ese día (como, por desgracia, otros tantos) “tocó” una película pesadamente erótica.

Hasta tal punto que una de las señoras que allí viajaban, no pudiendo aguantar más ese aluvión indigesto de sexo, se levantó, se dirigió al conductor y le dijo -o seguramente le gritó-: “¿Hasta cuando va a durar esta ración de porquería?” El conductor la miró asustado. Y tal debió ser la expresión de aquella señora que, tartamudeando, el chofer apagó el video, mientras le respondía: “Usted disculpe, señora...”

Y en ese momento acaeció algo digno de asombro: la mayor parte de los pasajeros -entre ellos muchos jóvenes- se puso a aplaudir a aquella señora por haberles librado de ese degradante espectáculo.

Así que, curiosamente, la mayoría de los que iban en el autobús estaba a disgusto con la basura que se les estaba transmitiendo. Pero ninguno se puso de pie para protestar y poner remedio a la situación. ¡Cuánta cobardía junta en tan poco espacio!

¿Por qué será que tanta gente en nuestros días acaba tragándose lo que se ha puesto de moda -aunque sea basura- cuando en realidad por dentro les revienta e indigesta? Quizá es porque actualmente el sexo, la pornografía y el erotismo son algunos de los ingredientes necesarios para que cualquier película, o anuncio de lo que sea, pueda servirse al público. Y claro, la abundancia y el abarrotamiento es tal, que muchos terminan picando y otros tantos empachados.

Pero también es verdad que en esto, como en la comida, el que no quiere ni probar ni comer algo, porque sabe que le sienta mal, si es sensato, no se lo come. Lo deja de lado por más que se empeñen en ponérselo delante por doquier y traten de adornárselo con los moños del “es fenomenal”, “todos lo hacen” y “no pasa nada”.

Porque ni es tan fenomenal como lo pintan, ni mucho menos todos lo hacen y sí que pasan muchas cosas indeseadas que no suelen salir en las pantallas, sino en la vida. Y la peor de todas es quizá que esa moda de lo erótico a ultranza, al hombre lo animaliza.

Así que, en nombre de los que queremos seguir haciendo honor a nuestra dignidad humana, ¡basta ya de platos indigestos!


Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net
 

lunes, 27 de diciembre de 2010

NO TE RINDAS - Mario Benedetti

Terapia ante la falta de tiempo


Con una mirada atenta seremos capaces de establecer prioridades y de lanzarnos a conquistas concretas
 
Terapia ante la falta de tiempo
Terapia ante la falta de tiempo
La sensación de que falta tiempo nos agobia en muchas ocasiones, a veces durante semanas, meses o incluso años.

Durante el día vemos y sentimos cientos de reclamos. Pensamos hacer esto y lo otro. Deseamos estirar al máximo el tiempo para que quepan deseos y proyectos, unos buenos, otros indiferentes, otros tal vez malos y dañinos para uno mismo y para otros.

Es importante detenernos para ver si existen “grietas” por las que se nos va el tiempo. Esas grietas surgen cuando curiosidades o placeres inmediatos nos apartan de lo importante, de lo urgente, de lo necesario, para atarnos a caprichos que dan pequeños placeres que, a la larga, pueden llevar a grandes desengaños.

Otras veces el problema radica en que hemos acogido una serie de proyectos y compromisos que nos encadenan a asuntos de importancia menor. Si me ato a un blog o a una larga (y hueca) serie televisiva; si siento una extraña “obligación” de leer noticias en la prensa o en Internet; si el correo electrónico se convierte en un instrumento que absorbe horas y horas de la semana...

Es entonces cuando podemos pensar que llega la hora de podar todo aquello que no es necesario y de centrarse en lo que realmente sirve para uno mismo, para los propios familiares y amigos, para los compañeros de trabajo, para la sociedad.

Con una mirada atenta seremos capaces de establecer prioridades y de lanzarnos a conquistas concretas. Entonces veremos cómo disminuye la sensación de que nos falta tiempo, y cómo el pasar de las horas dejará de ser una angustia que nos desespera. Podremos ir a lo esencial y abrirnos a lo importante, a lo que me pide Dios y lo que necesitan los demás seres humanos, a lo que vale para el presente y para el horizonte de lo eterno.
 
 
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 

domingo, 26 de diciembre de 2010

Una familia feliz porque ahí estaba Dios.


Una familia muy pobre, tenía lo elemental para vivir. Sin embargo, ha sido la familia más feliz.
 
Una familia feliz porque ahí estaba Dios.


Hoy se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Una familia formada por José, María y el Niño Jesús. Era una familia muy pobre, tenía lo elemental para vivir. Sin embargo, ha sido la familia más feliz.

Feliz porque ahí estaba Dios. Una familia feliz porque ahí se rezaba todos los días. Feliz porque ahí se trabajaba con paz y con amor. Allí se amaba la vida, allí se amaban entre ellos con un grandísimo corazón.

¡Cuánto necesitamos nosotros que esa Sagrada Familia nos ayude a recuperar muchos valores familiares que se ha llevado el viento!

¡Oh Familia de Nazareth, qué pocos elementos te bastaron para ser una familia feliz y hermosa! ¡Cómo necesitamos que vuelvas a injertar en nuestros hogares, en nuestros corazones, esa maravillosa gama de virtudes que tiene la familia!

Todos los que quieran saber cuál es la familia más maravillosa deben visitar Nazareth, y preguntar a José a Jesús y a María cómo se puede ser feliz en familia.

Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

sábado, 25 de diciembre de 2010

El nacimiento del Niño...


“El nacimiento de un niño debería ser siempre un acontecimiento que trae alegría: el abrazo de un recién nacido suscita normalmente sentimientos de atención y de premura, de conmoción y de ternura. La Navidad es el encuentro con un recién nacido que llora en una gruta miserable. Con templándolo en el pesebre, ¿cómo no pensar en tantos niños que aún hoy ven la luz en una gran pobreza, en muchas regiones del mundo? ¿Cómo no pensar en los recién nacidos no acogidos y rechazados, a los que no llegan a sobrevivir por falta de cuidados y atenciones? ¿Cómo no pensar también en las familias que quisieran la alegría de un hijo y no ven colmada esta esperanza? Bajo el empuje de un consumismo hedonista, por desgracia, la Navidad corre el riesgo de perder su significado espiritual para reducirse a una mera ocasión comercial de compras e intercambio de regalos. (…) Despojado de las incrustaciones consumistas y materialistas, la Navidad puede convertirse así en una ocasión para acoger, como regalo personal, el mensaje de esperanza que emana del misterio del nacimiento de Cristo”



 
(Benedicto XVI, 17 de diciembre de 2008). 



viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad es para todos...es también para ti


Dios es un Niño que ama, que te ama con un corazón de niño y con la fuerza de un Dios.
 
Navidad es para todos...es también para ti

Quienquiera que seas,
detente un momento ante esa cueva.
¿Ves ese niño indefenso?
Es Dios, es el único Redentor.
Es para ti.

Si te sientes muy pecador…

Él te dice que tienes perdón.
Si estás muy desesperado…
Él te ofrece la alegría de vivir.

Si eres pobre…

piensa que Él es más pobre que tú
y que es pobre por ti.

Si crees que no hay camino para encontrar la paz…

El es el Camino.

Si crees que todo es farsa y mentira

en la vida y en la sociedad…
Él es la Verdad.

Si crees que la vida no tiene sentido ni valor…

Recuerda que Él es la Vida.

Tú que te has detenido ante muchos palacios,

y tiendas, y salas de fiestas,
sin encontrar lo que buscas…
nada pierdes con intentar
comprar a ese Niño el amor,
la vida y la paz.
Y Él a cambio te pide
una pequeña limosna de amor.

Cada año vuelve a nacer donde le dejan

y vuelve a pasar frío, mucho frío en tantos corazones;
pero queda compensado por el calor y el cariño
de unos pocos que le aman con locura.

¿Qué le ofrezco yo en esta Noche Buena?

¿Unas pajas, un poquito de cariño,
el rescoldo de un viejo amor?
Voy a entrar a esa cueva de rodillas,
voy a besar ese pesebre y esas pajas.. .

El Amor se hizo pequeño,

se hizo débil, se hizo tierno,
se hizo carne,
carne como la nuestra,
carne que llora y sufre y tiene frío,
pero carne de amor: Dios es Amor Encarnado.

Dios es un Niño que ríe, que ríe contigo.

Dios es un Niño que llora, que llora por ti.
Dios es un Niño que ama,
que te ama con un corazón de niño,
y con la fuerza de un Dios.


Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
 
 
De todo corazón deseo encuentren  a éste Niño Divino en sus almas... 
FELIZ NOCHE BUENA.. FELIZ NAVIDAD!!!! Y LLUVIA COLMADA DE BENDICIONES PARA TODO EL MUNDO!!!!
ABRAZOS  

jueves, 23 de diciembre de 2010

Navidad... una vez más Señor

La Navidad no es solo para una noche y de esta noche un ratito y tal vez mañana otro poquito. Es mucho más...es todos los días.
Navidad... una vez más Señor


Una vez más hemos limpiado la casa. Hemos pulido los metales, hemos abrillantado las maderas.

Una vez más hemos sacudido el polvo, hemos encendido las luces...

Una vez más hemos hecho estrellas de papel plateado, hemos colgado guirnaldas, una vez más está engalanado el árbol de Navidad, una vez más, Señor, tienen nuestra casa ambiente de fiesta navideña.

Una vez más hemos andado con el vértigo del tráfico, de acá para allá buscando regalos y una vez más, Señor, hemos dispuesto la mesa y preparado la cena con esmero... una vez más, Señor...

Y una vez más todo esto pasará y será como fuego de artificio que se pierde en la noche de nuestras vidas, si todo esto ha sido meramente exterior. Si no hemos encendido la luz de Tu amor en nuestro corazón. Si nuestra voluntad no se inclina ante ti y te adora incondicionalmente.

Tu no quieres tibios , ya lo dijiste cuando siendo hombre habitabas entre nosotros, no quieres "medias tintas", a ratos si y a ratos no. Trajiste la paz pero también la guerra. La guerra dentro de nosotros mismos para vencer nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra envidia, nuestra gran pereza para la entrega total.

La Navidad no es solo para esta noche y de esta noche un ratito y tal vez mañana otro poquito. Es mucho más que eso, es todos los días, todos los meses y todos los segundos del año en que tenemos que vivir la autenticidad de nuestro Credo.

Ser auténticos con nuestra Fe no solo es: no robar, no matar, no hacer mal a nadie. Busquemos en nuestro interior y veamos esos pecados de omisión: el no hacer el bien, el no preocuparnos de los que están a nuestro lado, del hermano que nos tiende la mano y hacemos como que no lo vemos, como que no lo oímos... Veamos si en nuestra vida hay desprendimiento y generosidad o vivimos solo para atesorar y cuando nos parece que tenemos las manos llenas, las tenemos vacías ante los ojos de Dios.

Que esta Noche sea Nochebuena de verdad en nuestro corazón. Vamos a limpiar y quitar el polvo del olvido para las buenas obras. Vamos a colgar para siempre la estrella de la humildad donde antes había soberbia, vamos a poner una guirnalda de caridad donde antes había desamor.

Vamos a cambiar nuestra vida interior fría y apática, por una valiente y plena de autenticidad. Vamos a darte, Señor, lo que viniste a buscar en los hombres una noche como esta hace ya muchos años: limpieza de corazón y buena voluntad.

Empezamos esta pequeña reflexión con: Una vez más Señor... pues bien, ya no será una vez más, será: Siempre más, Señor.

Y como es una Noche muy especial, en nuestra primera oración, en nuestra primera conversación contigo te pedimos:

POR LOS ENFERMOS, POR LOS QUE NADA TIENEN Y NADA ESPERAN, POR LA PAZ EN EL MUNDO, POR LOS QUE TIENEN HAMBRE, POR LOS QUE TIENEN EL VACÍO DE NO SER QUERIDOS, POR LOS QUE YA NO ESTÁN A NUESTRO LADO, POR LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES, POR LOS MATRIMONIOS, POR EL PAPA BENEDICTO XVI, POR LA IGLESIA, POR LOS SACERDOTES.
A TODOS DANOS TU BENDICIÓN ... MUY FELIZ NAVIDAD.!

Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

Si no es Navidad… ¿qué es?

Estamos de fiesta, de una muy especial: ¡es la celebración de la Natividad del Mesías! Por eso: ¡felices Noche Buena, Navidad y año nuevo!
 
Si no es Navidad… ¿qué es?
Si no es Navidad… ¿qué es?
Cada diciembre nos abruma, más que el calor humano, la publicidad para gastar dinero en lo que sea. Llega a tal grado la fatuidad de la temporada “navideña” que hasta se olvidan de lo que el mundo festeja: el nacimiento del niño Dios en Belem.

Cada vez más, es muy triste constatarlo, la temporada se desliga de su ser para convertirse en periodo de fiestas sin espíritu alguno, de compras y más compras, viajes, vacaciones, descanso y claro, regalos, regalos porque la publicidad abruma: hay que comprar: hay baratas, oportunidades, descuentos ¡crédito!

Tan está ajena la temporada de su esencia para mucha gente, que hasta se olvidan de qué se desea, y así, en vez de feliz Navidad y año nuevo (que es la celebración de la presentación del Niño en el templo), se desean ¡felices fiestas! De acuerdo, pero ¿fiestas de qué?

En realidad no está mal que estemos el mundo de fiesta, pero lo que es inaceptable es ignorar consciente o inconscientemente que se trata de la celebración del nacimiento del Niño Dios, Jesús de Nazaret, no de estar contentos “porque es fin de año” o cenar el 24 y comer juntos el 25 “porque así es”.

Y si estamos de fiesta, tampoco está mal que deseemos felicidad, amor, bienestar, larga vida y muchas cosas buenas más. También es bueno adornar casa y calles, obsequiar regalos, pero no porque “se deba” regalar (para no verse mal, claro), sino porque estamos felices. Los regalos son por festejar el nacimiento de Jesús, y aún se hacen, y es correcto, en su nombre, al menos para los niños.

Es curioso, sin embargo, que la noche previa y el mero día de Navidad, la gente sí se desea ¡feliz Navidad!, aunque en los días anteriores lo hayan olvidado. Todavía queda la duda si en realidad desean felicidad por el nacimiento de Jesús, o es simplemente una frase hueca, aunque se diga de buena fe.

Quienes estamos conscientes de qué se trata la temporada navideña, debemos decirlo, debemos estar no simplemente contentos, sino plenamente llenos de real felicidad por un hecho que revolucionó al mundo, cristiano y no cristiano, que partió la historia en dos y nos trajo el mensaje, el evangelio del amor, de la caridad, de ver por el prójimo (sobre todo el más cercano: la familia).

Convivamos pues, demos felicitaciones, también regalitos, descansemos, busquemos la paz interior y tratemos de vivirla en la convivencia con los cercanos, pero siempre porque estamos de fiesta, de una muy especial: ¡es la celebración de la Natividad del Mesías! Por eso: ¡felices Noche Buena, Navidad y año nuevo!
 
 
Autor: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net 

martes, 21 de diciembre de 2010

¿Qué significa Feliz Navidad?


¿Te has preguntado qué es lo que decimos, cuando decimos “Feliz Navidad”?
Te resultará entusiasmante redescubrir todo lo qué decimos al pronunciar esta frase, que repetiremos muchísimas veces estos días.
Sabemos que se trata de un saludo, expresión de un deseo: quiero que seas feliz de verdad. Porque no deseamos felicidades a la Navidad, sino a la persona que felicitamos.
Y recordamos el motivo que realiza la felicidad que le deseamos: deseo que experimentes la felicidad de encontrar a Jesús.
Este feliz nacimiento, es también un anuncio: mirá Quien nace, cómo te llena la vida; qué grande esta vida nueva que este nacimiento trae para todos.
Y si queremos, todos nacemos con El; si lo buscamos, lo encontramos, y, con El, encontramos el sentido de la vida, la esperanza, el amor; lo encontramos todo.
Sí ¡feliz Navidad para todos!
No se lo pierdan, salgan a su encuentro, vayan a Belén.
Es también un llamado a celebrar, a ser felices. Nunca hemos tenido tanto motivo para alegrarnos y celebrar.
Ahora es el momento, ahora podemos ser felices, en Jesús, Dios está entre nosotros, vamos a aprovecharlo.
Y una invitación: Abramos el corazón de par en par para que Jesús entre en nuestras almas y nuestras vidas. Hagámosle lugar, démosle el mejor lugar; con alegría, felices de tenerlo con nosotros, celebrando que venga a cambiar nuestra vida, y dejando que la cambie todo lo que quiera.
Y una recepción: Bienvenido Jesús, gracias por hacerte uno de nosotros, por venir a instalarte en nuestra vida.
Y es realizar una tarea: sembrar esta alegría en los demás, llenar la tierra con esta felicidad que nos llena, y que tiene nombre, porque es Alguien.
Así  ya no queda lugar para la tristeza. Sólo pueden estar tristes, los que no sepan cuánto y cómo Dios los ama; lo cerca que está de sus vidas.
Junto a Jesús todo cambia, aunque por fuera todo siga igual; ya no es lo que era, ahora Dios está con nosotros y con El todas las cosas son distintas.
Por eso, ¡Muy feliz Navidad! Para todos.
Vamos a llenarnos de gozo cada vez que deseemos a alguien ¡Feliz Navidad!, y el saludo será un boomerang, que comenzará por llenarnos de felicidad a nosotros, y a partir de allí, llenará de alegría el mundo entero.

P. Eduardo Volpacchio
Buenos Aires, 21 de diciembre de 2010

lunes, 20 de diciembre de 2010

Y Dios pidió permiso para entrar


Dios, cada día, vuelve a pedir permiso para entrar. En tu vida, en la mía, en la de cada historia humana.
Y Dios pidió permiso para entrar


La libertad humana es un don grande, muy grande. Tan grande que nos da algo de miedo. Tan grande que permite a Francisco de Asís el llegar a ser santo, y a Judas el traicionar al Maestro. Tan grande que Dios se detiene ante nuestra puerta, con respeto, cuando pide amor, cuando nos invita a la justicia, cuando nos enseña las bienaventuranzas, cuando nos recuerda los mandamientos.

Desde la libertad se construye la historia humana. Si le dejamos, si damos un sí generoso, Dios entra. Empieza entonces a caminar a nuestro lado, nos abre a horizontes de esperanza, nos salva. Sobre todo, nos enseña a amar, a trabajar por un mundo sin pecado, liberado de egoísmos y de injusticias. Pero sólo si le dejamos...

Hubo un sí grande, sublime, único, que marcó la historia humana, que encendió esperanzas, que permitió que la Vida se hiciese Camino y Verdad para los hombres. Un ángel, de parte de Dios, pidió permiso a una joven nazarena. Dios esperaba, sin amenazas, sin temblores, sin gritos, una respuesta. María, la doncella, abrió su corazón antes de abrir sus labios. Dijo, simplemente, humildemente, “hágase”.

Ese “hágase” de la Virgen hizo que el mundo diese un vuelco. Los hombres, sin saberlo, comenzaron a vivir con un Dios humano. La Redención se hizo carne, llanto, pasos y palabra. La oveja perdida fue encontrada. El publicano y la prostituta encontraron a Alguien que les tendía una mano de consuelo. El enfermo, el ciego, el sordo, el mudo, tocaron el milagro.

Todo fue posible gracias a un sí libre, gracias a la Virgen nazarena. En su libertad, en su corazón, pronunció el “sí” más grande de la historia humana. En su sencillez, en su pobreza, permitió que el mundo tuviese el cielo muy a la mano. En su generosidad, en su grandeza, empezó a ser “bendita entre las mujeres”.

Jesús, desde ese instante, puede ser nuestro. Gracias a Ella, a la Virgen, a María. Puede ser nuestro... si aprendemos a dar un sí, a decir “hágase”. En la libertad, porque nadie nos obliga. Con amor, con confianza, con anhelos de justicia y de paz. Como lo hizo Ella, Virgen humilde, hermana nuestra, judía universal, Mujer que ha llegado a ser Madre de todos.

Dios, cada día, vuelve a pedir permiso para entrar. En tu vida, en la mía, en la de cada historia humana. Nos ofrece perdón y misericordia, esperanza y alegría. Nos invita a amar. Basta repetir, sencillamente, humildemente, atrevidamente, las mismas palabras de María: “He aquí un simple esclavo del Señor. Que se haga en mí lo que Dios quiera...”. 
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net


La Navidad según San Francisco


Entre los salmos del Oficio de la Pasión, compuestos por el santo para su devoción personal hay también uno para el tiempo de Navidad, que dice así:

"Aclamad a Dios, nuestra fuerza (Sal 80, 2),

Señor Dios vivo y verdadero, con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra (Sal 46, 2-3).

Porque el Santísimo Padre del cielo, nuestro rey desde siempre (Ver Sal 72, 13),
envió a su amado Hijo desde lo alto y nació de la bienaventurada Virgen Santa María.

Él me invocará: "Tú eres mi Padre"; y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra (Sal 88, 27-28) .

De día el Señor me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida (Sal 41, 9).

Este es el día en que actuó el Señor;
sea nuestra alegría y nuestro gozo (Sal 117, 24).

Porque se nos ha dado un niño santo y amado,
y nació por nosotros (Is 9, 5) fuera de casa,
y fue colocado en un pesebre, porque no había sitio en la posada (Lc 2, 7).

Gloria al Señor Dios en las alturas,
y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad (Ver Lc 2, 14).

Alégrese el cielo y goce la tierra, retumbe el mar y cuanto contiene;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos (Sal 95, 11-12).

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra (Sal 95, 1).

Porque grande es el Señor, y muy digno de alabanza,
terrible sobre todos los dioses (Sal 95, 4).

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor (Sal 95, 7-8).

Tomad vuestros cuerpos y cargad con su santa cruz,
y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos" (Ver Rom 12, 1; Lc 14, 27; 1Pe 2, 21).



Autor: - | Fuente: www.fratefrancesco.org 

sábado, 18 de diciembre de 2010

El silencio de San José

Dejémonos "contagiar" por este silencio. Nos es muy necesario, en un mundo ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios.
El silencio de san José
En estos últimos días del Adviento, la liturgia nos invita a contemplar de modo especial a la Virgen María y a san José, que vivieron con intensidad única el tiempo de la espera y de la preparación del nacimiento de Jesús. Hoy deseo dirigir mi mirada a la figura de san José. (......)

Desde luego, la función de san José no puede reducirse a un aspecto legal. Es modelo del hombre "justo" (Mt 1, 19), que en perfecta sintonía con su esposa acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano. Por eso, en los días que preceden a la Navidad, es muy oportuno entablar una especie de coloquio espiritual con san José, para que él nos ayude a vivir en plenitud este gran misterio de la fe.

El amado Papa Juan Pablo II, que era muy devoto de san José, nos ha dejado una admirable meditación dedicada a él en la exhortación apostólica Redemptoris Custos, "Custodio del Redentor". Entre los muchos aspectos que pone de relieve, pondera en especial el silencio de san José. Su silencio estaba impregnado de contemplación del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos.

Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia.

No se exagera si se piensa que, precisamente de su "padre" José, Jesús aprendió, en el plano humano, la fuerte interioridad que es presupuesto de la auténtica justicia, la "justicia superior", que él un día enseñará a sus discípulos (cf. Mt 5, 20).

Dejémonos "contagiar" por el silencio de san José. Nos es muy necesario, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación para la Navidad cultivemos el recogimiento interior, para acoger y tener siempre a Jesús en nuestra vida.



Meditación del Ángelus. Domingo 18 de diciembre de 2005


utor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net 

viernes, 17 de diciembre de 2010

Yo soy así


Una fórmula fácil con la cual podemos expresar cosas diferentes
 
Yo soy así
Yo soy así
Resulta una fórmula fácil: “soy así, y no busques cambiarme ni esperes que yo mismo quiera cambiar”.

Es una fórmula con la cual podemos expresar cosas diferentes. Entre ellas, nos fijamos en dos. La primera: estamos contentos con nuestro modo de ser y de actuar. La segunda: suponemos que no podemos dejar de ser lo que somos aunque lo deseemos, aunque sintamos cierto desagrado por la “personalidad” que nos caracteriza.

Que hay personas contentas con su modo de ser es innegable. Hay quienes reaccionan de maneras más o menos definidas y piensan que su modo de vivir y de comportarse es el mejor para ellas. Quizá consideren que sus actos no son siempre ejemplares, pero piensan que son los más adecuados a su personalidad, a su historia, a sus antecedentes familiares, al ambiente en el que viven.

En este primer caso, sin embargo, es fácil descubrir peligros sumamente graves. Pensemos, por ejemplo, en quien vive contento en un grupo de tipo mafioso. Si piensa que ese estilo de vida le beneficia, si se siente a gusto en el mismo, si dice “así nací y así viviré mientras no me atrape la policía”, continuará en un estilo de vida inmoral y peligroso. El “yo soy así” hace que viva encadenado en el mundo del mal.

Gracias a Dios, también hay personas que están a gusto por acoger y llevar a la práctica comportamientos buenos y sanos. Quien dice “yo soy así” porque quiere conservar su estilo de vida honesto (en la familia, con los amigos, en el trabajo), aunque le ofrezcan alternativas atrayentes pero peligrosas, está simplemente confirmando una opción sana, que vale la pena mantener en el tiempo.

El segundo caso es más complejo. Se trata de personas que dicen “yo soy así” no porque estén contentas con su estilo de vida, sino porque han llegado a convencerse de que les resulta imposible cambiar, aunque lo desearían.

Pensemos en quien ha adquirido el hábito del tabaco hasta niveles dañinos para su salud, o en quien abusa de bebidas alcohólicas, o en quien es incapaz de mantener sus promesas y compromisos. Cada una de estas situaciones es distinta, pero el denominador común que encontramos en un grupo amplio de personas es que reconocen que les gustaría dejar esos estilos de vida, al mismo tiempo que dicen que no son capaces de lograr lo que desean.

El “yo soy así” de estas personas tal vez es sincero y real. Hay situaciones psicológicas que impiden dar un paso hacia estilos de vida que, esperamos, sean mejores. Pero otras veces el “yo soy así” es un sinónimo de pereza, de apatía, de una rendición fácil ante lo que se posee, aunque uno llegue a sentir pena por verse atrapado en comportamientos que le dañan o dañan a otros.

Fuera de los casos de enfermedades mentales que requieren la ayuda de especialistas, el “yo soy así” de la pereza puede ser superado simplemente con esa voluntad que todos tenemos pero que no siempre sabemos “desempolvar” en las distintas situaciones de la vida.

Si, además, reconocemos que existe un mundo superior, el de lo divino, y que Dios mismo está interesado en darnos una mano y en guiarnos hacia horizontes de vida más solidarios, más justos, más buenos, entonces seremos capaces de pensar y de decir algo nuevo: “sí, hasta ahora he sido así, he vivido de modo equivocado. Pero quiero, y deseo, y pido ayuda, para que de ahora en adelante mi vida avance por derroteros que anhelo profundamente y que me llevarán a comportamientos y estilos de vida más sanos, más nobles, más amigables, más bellos”.

Fuente: Catholic.net 
Autor: P. Fernando Pascual

jueves, 16 de diciembre de 2010

Cuando te sientas perdido

Cuando te sientas perdido
cuando creas que todo 
cuánto has conseguido
no elimina tu hastío.
Levanta tu mirada 
a ese cielo infinito,
que te habla un lenguaje
etéreo y sublime,
e intenta descubrir 
lo que quiere decirte.

Y contempla extasiado
el preciado milagro
de sentirte pequeño;
en medio de ese manto
cuajado de misterios,
de lunas y luceros.
¡¡¡Que te gritan en coro
que no debes rendirte!!!
¡¡¡Porque la vida es bella!!!
¡¡¡Son tantos matices
y tan sabias sus leyes!!!

Pues detrás de este mundo
hay un ser majestuoso
de bondad infinita;
que ilumina tus pasos
cuál lámpara encendida,
para que no tropieces.
Y si acaso lo hicieras
te seguirá guiando,
con su manto de luz,
para que tú regreses 
nuevamente a sus brazos.
 
 
Fuente: Prisionera de Amor 

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Alegría sin nostalgias


Alegría, porque Dios se ha vuelto loco y ha plantado su tienda en medio de nosotros
 
Alegría sin nostalgias
Alegría sin nostalgias
El mensaje en Navidad no puede ser otro que éste: Alegría, alegría, alegría.

  • Alegría para los niños que acaban de nacer, y para los ancianos que en estos días se preguntan si llegarán a las navidades del año que viene.

  • Alegría para los que tienen esperanza y para los que ya la han perdido.

  • Alegría para los abandonados por todos y para las monjas de clausura que estas noches bailarán como si se hubieran vuelto repentinamente locas.

  • Alegría para las madres de familia que en estos días estarán más cansadas de lo habitual y para esos hombres que a lo mejor en estos días se olvidan un poquito de ganar dinero y descubren que hay cosas mejores en el mundo.

  • ¡Alegría, alegría para todos!

  • Alegría, porque Dios se ha vuelto loco y ha plantado su tienda en medio de nosotros.

  • Alegría, porque Él, en Navidad, trae alegría suficiente para todos.

    Con frecuencia oigo a algunos amigos que me dicen que a ellos no les gusta la Navidad, que la Navidad les pone tristes. Y, mirada la cosa con ojos humanos, lo entiendo un poco. La Navidad es el tiempo de la ternura y la familia y, desgraciadamente, todos los que tenemos una cierta edad, vemos cómo en estos días sube a los recuerdos la imagen de los seres queridos que se fueron. Uno recuerda las navidades que pasó con sus padres, con sus hermanos, con los que se fueron, y parece que dolieran más esos huecos que hay en la mesa familiar.

    Sin embargo, creo que mirando la Navidad con ojos cristianos son infinitamente más las razones para la alegría que esos rastros de tristeza que se nos meten por las rendijas del corazón. Por de pronto en Navidad descubrimos más que en otras épocas del año que Dios nos ama.

    La verdad es que para descubrir ese amor de Dios hacia nosotros en cualquier fecha del año basta con tener los ojos limpios y el corazón abierto. Pero también es verdad que en Navidad el amor de Dios se vuelve tan apabullante que haría falta muchísima ceguera para no descubrirlo. Y es que en Navidad Dios deja la inmensidad de su gloria y se hace bebé para estar cerca de nosotros.

    Se ha dicho que los hombres podemos admirar y adorar las cosas grandes, pero que amarlas, lo que se dice amarlas, sólo podemos amar aquello que podemos abrazar. Por eso al Dios de los cielos podemos adorarle, al pequeño Dios de Belén nos es fácil amarle, porque nos muestra lo mejor que Dios tiene, su pequeñez, su capacidad de hacerse pequeño por amor a los pequeños.

    Y éste sí que es un motivo de alegría: un Dios hermano nuestro, un Dios digerible, un Dios vuelto calderilla, un hermoso tipo de Dios que los hombres nunca hubiéramos podido imaginar si Él mismo no nos lo hubiera revelado y descubierto. Y si en Navidad descubrimos que Dios nos ama y que podemos amarle, podemos también descubrir cómo podemos amarnos los unos a los otros.

    Lo mejor de la Navidad es que en esos días todos nos volvemos un poco niños y, consiguientemente, se nos limpian a todos los ojos. Durante el resto del año todos miramos con los ojos cubiertos por las telarañas del egoísmo. Nuestros prójimos se vuelven nuestros competidores. Y vemos en ellos, no al hermano, sino al enemigo potencial o real.

    Pero ¿quién es capaz de odiar en Navidad? Habría que tener muy corrompido el corazón para hacerlo. La Navidad nos achica, nos quita nuestras falsas importancias y, por lo mismo, nos acerca a los demás. ¿Y qué mayor alegría que redescubrir juntos la fraternidad?


    Por eso, amigos míos, déjenme que les pida que en estos días no se refugien ustedes en la nostalgia. No miren hacia atrás. Contemplen el presente. Descubran que a su lado hay gente que les ama y que necesita su amor. Si lo hacen, el amor de Dios no será inútil. Y también en sus corazones será Navidad.


  • Autor: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Días grandes de Jesús


    martes, 14 de diciembre de 2010

    Dios de Dios, luz de luz


    En la oscuridad de la noche de Belén se encendió, realmente, una gran luz: el Creador del universo se encarnó.
     
    Dios de Dios, luz de luz


    (...) En la oscuridad de la noche de Belén se encendió, realmente, una gran luz: el Creador del universo se encarnó uniéndose indisolublemente a la naturaleza humana, hasta ser realmente "Dios de Dios, luz de luz" y al mismo tiempo hombre, verdadero hombre.

    (...)

    El "Sentido" que se ha hecho carne no es simplemente una idea general inscrita en el mundo; es una "palabra" dirigida a nosotros. Él nos conoce, nos llama, nos guía. No es una ley universal, en la que nosotros desarrollamos algún papel, sino que es una Persona que se interesa por cada persona singular: es el Hijo del Dios vivo, que se ha hecho hombre en Belén.

    A muchos hombres, y de alguna forma a todos nosotros, esto parece demasiado hermoso para ser cierto. En efecto, aquí se nos reafirma : sí, existe un sentido, y el sentido no es una protesta impotente contra el absurdo.

    El Sentido es poderoso: es Dios.

    Un Dios bueno, que no se confunde con cualquier poder excelso y lejano, al que nunca se podría llegar, sino un Dios que se ha hecho cercano a nosotros y nuestro prójimo, que tiene tiempo para cada uno de nosotros y que ha venido a quedarse con nosotros.

    Entonces surge espontánea la pregunta: "¿Cómo es posible una cosa semejante? ¿Es digno de Dios hacerse niño?". Para intentar abrir el corazón a esta verdad que ilumina la entera existencia humana, es necesario plegar la mente y reconocer la limitación de nuestra inteligencia.

    En la gruta de Belén, Dios se muestra a nosotros humilde "infante" para vencer nuestra soberbia. Quizás nos habríamos rendido más fácilmente frente al poder, frente a la sabiduría; pero Él no quiere nuestra rendición; apela más bien a nuestro corazón y a nuestra decisión libre de aceptar su amor. Se ha hecho pequeño para liberarnos de esa pretensión humana de grandeza que surge de la soberbia; se ha encarnado libremente para hacernos a nosotros verdaderamente libres, libres de amarlo.

    Queridos hermanos y hermanas, la Navidad es una oportunidad privilegiada para meditar sobre el sentido y el valor de nuestra existencia. El aproximarse de esta solemnidad nos ayuda a reflexionar:

  • por una parte, sobre el dramatismo de la historia en la que los hombres, heridos por el pecado, están permanentemente buscando la felicidad y un sentido satisfactorio de la vida y la muerte;

  • por otra, nos exhorta a meditar sobre la bondad misericordiosa de Dios, que ha salido al encuentro del hombre para comunicarle directamente la Verdad que salva, y hacerle partícipe de su amistad y de su vida.


    Preparémonos, por tanto, a la Navidad con humildad y sencillez, disponiéndonos a recibir el don de la luz, la alegría y la paz que irradian de este misterio.

    Acojamos la Navidad de Cristo como un acontecimiento capaz de renovar hoy nuestra existencia.

    Que el encuentro con el Niño Jesús nos haga personas que no piensen solo en sí mismas, sino que se abran a las expectativas y necesidades de los hermanos. De esta forma nos convertiremos también nosotros en testigos de la luz que la Navidad irradia sobre la humanidad del tercer milenio.

    Pidamos a María Santísima, tabernáculo del Verbo encarnado, y a san José, silencioso testigo de los acontecimientos de la salvación, que nos comuniquen los sentimientos que ellos tenían mientras esperaban el nacimiento de Jesús, de modo que podamos prepararnos a celebrar santamente la próxima Navidad, en el gozo de la fe y animados por el empeño de una conversión sincera.



    Fragmento de la catequesis sobre la preparación a la Navidad pronunciada el miércoles 17 de 2008 por el Papa Benedicto XVI durante la audiencia general.


  • Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net

    lunes, 13 de diciembre de 2010

    ¿Se está perdiendo la Navidad?

    La guerra de Navidad
    Recordaba Chesterton que la Navidad es una guerra sin cuartel: «Las campanas que celebran el nacimiento del Niño suenan como cañonazos».

    Este sentido guerrero de la Navidad ha sido bobaliconamente eludido, primero por los propios cristianos, que han querido convertirla en una fiesta pánfila y merengosa, olvidando su sentido teológico más profundo; y, por supuesto, este olvido ha sido aprovechado por los falsificadores de la Navidad, que quieren a la gente cloroformizada y pacífica, náufraga en un océano de calma chicha, de sosiego tontorrón, de paz lobotomizada.

    «Calma», «sosiego», «paz» son las palabras que se repiten, con obstinación maniática, en los letreros luminosos que iluminan la madrileña calle de Velázquez, que son algo así como el ensalmo hipnótico que los falsificadores de la Navidad lanzan a la multitud cretinizada, mientras ellos la celebran a su manera. Y la manera en que la celebran es la misma en que la celebró Herodes.

    Y es que la Navidad es una subversión del universo; y toda subversión es un trastorno de las jerarquías establecidas. Quien mejor lo entendió fue Herodes, que de repente sintió que los cimientos de su palacio se tambaleaban, removidos por el nacimiento de aquel misterioso rival que había venido a arrebatarle el cetro; y respondió a la provocación con la ira de un monarca desposeído.

    Pero la ira de Herodes es trasunto de la ira de otro monarca de rango superior, aquel que en el Génesis se nos había pintado bajo la figura de una serpiente. Este monarca disfrutaba de su posesión con pacífico deleite: había conseguido que la criatura predilecta de su enemigo, a la que le había sido concedido el dominio de la Creación, se manchara con los apetitos más sórdidos y despreciables, entregándose a la traición de los nobles ideales que le habían sido esculpidos en el corazón por la mano divina. Y, de repente, esa criatura envilecida por el pecado se convertía en recipiente divino. ¿Cabe concebir mayor subversión? ¡Dios reafirmaba su alianza con el hombre adoptando su figura, Dios se rebajaba a habitar en ese nido de inmundicias que la serpiente creía haber contaminado para siempre! Y, además, no lo hacía bajando en gloria y majestad del cielo, ni adoptando una forma vagamente antropomórfica, como ocurría en las mitologías paganas, sino que se gestaba en el vientre de una mujer, se amamantaba en los pechos de una mujer, se cobijaba aterido e inerme en el regazo de una mujer.

    La nueva alianza de Dios con el hombre, que se sella en la Cruz, se inicia en el vientre de una mujer; y el vientre de la mujer se convierte, desde entonces, en el epicentro de una guerra sin cuartel que se inicia el día de Navidad y que se mantendrá hasta el fin de los tiempos, cuando la monarquía de la antigua serpiente sea derribada de un soplo: «Pongo eterna enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya».

    Cada vez que un niño es concebido, se rememora aquella nueva alianza que Dios entabló con los hombres; cada vez que un niño es concebido se tambalean los cimientos del palacio donde mora Herodes. Y la guerra que se declaró en la noche de Navidad, cuando Dios osó arrebatar a su Enemigo un territorio que éste creía conquistado para siempre, es la misma guerra que se sigue desenvolviendo ante nuestros ojos, a poco que apartemos las legañas de la «calma» y el «sosiego» y la «paz» con que los falsificadores de la Navidad pretenden entorpecer nuestra visión.

    Herodes sigue celebrando la Navidad combatiendo la descendencia de la mujer en su propio vientre; y se vale de leyes inicuas que reafirman su mandato. La guerra de la Navidad se sigue cobrando inocentes; y las campanas que celebran el nacimiento de Dios resuenen en la noche como cañonazos, desafiando el poder de las tinieblas.

    Juan Manuel De Prada
    Encuentra.com

    domingo, 12 de diciembre de 2010

    La Guadalupana, tu madre


     
    “No temas, ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?...”

    El 12 de Diciembre hasta los más duros se ablandan, van de rodillas ante la Guadalupana. 

    ROSAS EN EL TEPEYAC

    Las veo en la ladera del bosque;
    son grandes, muy variadas:
    Todas llevan en su cáliz
    perlas del rocío de la noche.

    Las ha plantado una mano celestial.
    La Madre de Dios tiene preferencia
    por las rosas de Castilla, le gustan las rosas.

    En su jardín del cielo
    debe haber plantado rosas a granel,
    y deben muchos ángeles cuidarlas con primor.
    Son las rosas de la Madre del Señor.

    “Rosas en mi jardín no hay ya,
    todas han muerto”, diría un día el poeta.
    ¡Qué tragedia! Mustios pétalos por el suelo
    es todo lo que queda de la gloria de las rosas.

    Habrá que pedirle a la dueña del Tepeyac
    algunos retoños de rosal
    de los que plantó en la colina
    para plantarlos en el jardín.

    Esos rosales siempre ostentan rosas,
    son frescas y hermosas;
    nunca se marchitan porque son de Ella.

    La imagen de Guadalupe
    está pintada con pétalos de rosa,
    con rocío de la noche, con amor materno.

    No importa que el lienzo sea lo más pobre,
    porque esa tilma recoge la obra maestra
    que un pincel grabó en ella.

    ¿Un serafín? ¿Sabía pintura la Virgen?
    Los de brocha de aquí abajo
    no aciertan a descifrar
    con qué arte de dibujo
    fue impresa tan magnífica pintura
    en una tela tan pobre.

    viernes, 10 de diciembre de 2010

    La grandeza de lo pequeño


    Un par de peregrinos tocarán a la puerta de nuestro corazón pidiendo un lugar para que el Hijo de Dios pueda nacer.
     
    La grandeza de lo pequeño
    En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: « Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. »
    Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: « ¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
    (Lc. 10. 21-24)


    “Yo te alabo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeños.” Estas palabras encierran un misterio y una paradoja para la lógica humana. Los más grandes acontecimientos de su vida, Cristo no los quiso revelar a quienes, según el mundo, son “los sabios y prudentes”. Él tiene una manera diferente para calificar a los hombres.

    Para Dios no existen los instruidos y los iletrados, los fuertes y los débiles, los conocedores y los ignorantes. No busca a las personas más capaces de la tierra para darse a conocer, sino a las más pequeñas, pues sólo estas poseen la única sabiduría que tiene valor: la humildad.


    Las almas humildes son aquellas que saben descubrir la mano amorosa de Dios en todos los momentos de su vida, y que con amor y resignación se abandonan con todas sus fuerzas a la Providencia divina, conscientes de que son hijos amados de Dios y que jamás se verán defraudadas por Él. La humildad es la llave maestra que abre la puerta de los secretos de Dios. Es la gran ciencia que nos permite conocerle y amarle como Padre, como Hermano, como Amigo.


    El adviento es tiempo de preparación, un momento fuerte de ajuste en nuestras vidas. Esforcémonos, pues, por ser almas sencillas, almas humildes que sean la alegría y la recreación de Dios. Cristo niño volverá a nacer en medio de la más profunda humildad como lo hiciera hace más de dos mil años. Un par de peregrinos tocarán a la puerta de nuestro corazón pidiendo un lugar para que el Hijo de Dios pueda nacer. ¿Cómo podremos negarle nuestro corazón a Dios, que nos pide un corazón humilde y sencillo en el cual pueda nacer?



    “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven, porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que oyen, y no lo oyeron.” 

    Autor: H. Christian David Garrido F. L.C. | Fuente: Catholic.net

    martes, 7 de diciembre de 2010

    Oración a la Virgen de Caacupé





    "Santísima Madre de Dios y madre nuestra,
    desde vuestro Santuario de Caacupé cubrid con vuestro manto protector
    a vuestros devotos y a todo el Paraguay.
    Interceded por nuestros padres y bienhechores,
    por los desvalidos y todos los necesitados de perdón y misericordia.
    Proteged a nuestra Santa Madre la Iglesia
    y alcazad luz a los magistrados para
    que hagan justicia y haya paz entre los hombres.
    Después de la gracia particular que os pedimos,
    alcanzadnos también la gracia
    mayor de preservar en nuestra Fe
    y en vuestro Amor,
    para así merecer la realización de
    la promesa que Nuestro Señor Jesucristo
    nos hiciera cuando dijo:
    "El que persevere hasta el fin se Salvará."
    A Vos pues, Madre querida,
    clamamos para que nos obtengáis tan singular favor.
    Amén."

    Imagen :Internet
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