Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 30 de junio de 2014

Las enseñanzas del Ángel Guardián a una persona...

del libro "El Purgatorio " .Una revelación particular. Ediciones Rialp.

Nota Aclaratoria: Este libro cuenta con aprobación eclesiástica, no es ficción lo relatado son conocimientos sobre el Purgatorio dados a conocer por medio de su Ángel Guardián a una persona que permanece en el anónimato por consejo de su director espiritual.. Las enseñanzas del Ángel son antes que todo una llamada a la oración y a una constante purificación interior.

Dice mi Ángel: " Miguel es nuestro jefe, el Principe de los ejércitos celestiales. Es el Altísimo mismo que le ha dado este rango, y sobre todos los demás es el culmen de toda la jerarquía angélica ". El es el ángel de la Gloria de Dios y todo lo que concierne a esta Gloria le concierne a él; por eso es también el Caballero Blanco de María, nuestra Reina Inmaculada, obra maestra de la Gloria de Dios . 

Por eso es el defensor y protector de la Santa Iglesia Católica, cuya misión es dar Gloria a Dios. También es el ángel del Juicio y el ángel de las almas del Purgatorio: está siempre presente en el juicio particular, y asiste a los agonizantes, para Gloria de Dios, ayudándoles a sostener el último combate contra el dragón que se desencadena y ruge en ese momento terrible. Es también Miguel quien precede a nuestra Reina Inmaculada cuando ella visita a las benditas alamas del Purgatorio, y cuando conduce a las almas liberadas hacia el Cielo, es el quien acompaña a los santos hacia su Morada.

¿Sabes que Miguel también precede siempre a la Inmaculada cuando ella os visita aquí abajo?

Él está siempre presente en las apariciones marianas, incluso aunque su presencia no sea percibida por los videntes.
¡Rezad por las benditas almas que rezan por vosotros!
presentad vuestras oraciones a la Virgen María, la tesorera del Cielo:
ella las derramá como rocío reconfortante y consolador sobre estas benditas almas que sufren o las confiará a algunos santos que podrían destinarlas a las almas a ellos confiadas.

Ninguna oración se pierde jamás: a menudo hay personas aquí abajo que rezan por todo tipo de cosas, y Dios ordena que su oración, sea utilizada en favor de las almas del Purgatorio, y, a menudo, en favor de las almas que estas mismas personas han contribuido a enviar al Purgatorio, por su mal ejemplo, por su influencia perniciosa, su desviación, sus palabras irreflexivas. esta es una forma de reparación que Dios, ejerciendo Su Justicia, concede a algunas almas del Purgatorio.

Después el Ángel me mostró todavía otra cosa: Unas almas venían de aquí abajo y entraban en el Purgatorio para salir enseguida y elevarse radiantes hacia el Cielo. Esto me maravillas, y mi Ángel me explica dichoso:

A estas almas benditas que apenas pasan por el Purgatorio, las llamamos "almas relámpago":tenemos justo el tiempo de verlas pasar por el Purgatorio,
lanzarse rápidamente al fuego, para sumergirse rápidamente en la purificación.

Luego entran casi inmediatamente en la Jerusalén Celeste.

https://www.facebook.com/178359984482/photos/a.10150697018409483.411590.178359984482/10152513780054483/?type=1&theater

domingo, 29 de junio de 2014

Qué hacer con la muerte

Todos hemos visto pasar cerca –cuando no nos ha dado ya de lleno alguna vez– ese dolor tremendo que produce la pérdida de un ser querido. La mayoría de las veces casi no sabemos cómo consolar a esas personas. Les decimos unas palabras, procuramos darles ánimo, pero, al final, casi solo queda acompañarles con nuestro silencio.
 
        Pensamos en su sufrimiento, en el vértigo que quizá sientan. A veces te dicen que su vida ha perdido ya todo su sentido, que no entienden, que no encuentran respuesta, que chocan contra ese misterio de la muerte, que nada les puede consolar. 


        —Es que a veces no es fácil darles una respuesta...


        No es fácil, pero desde la fe hay algunas respuestas. Para quienes tenemos fe, la muerte es una despedida, a un tiempo dolorosa y alegre. Un cambio de casa, de esta de la tierra a la del cielo. No es que la fe haga desaparecer esa herida como por encanto, sino que la cicatriza por medio de la esperanza, porque sabemos que los muertos no se mueren del todo. 


        —¿Y los que no creen en nada?


        Para quienes la muerte no es más que la ruina biológica definitiva, sin nada detrás, efectivamente la respuesta es mucho más difícil. Quizá pudiera ser este un motivo más de credibilidad: la vida sin fe es como una broma cruel que termina un día casi sin avisar. La vida sin Dios no sabe qué hacer con la muerte, no tiene respuesta al miedo a morir, no cuenta con ninguna palabra de esperanza que atraviese el temible silencio de la muerte. 


        A quienes no tienen fe, la muerte les recuerda desafiante que su forma de entender la vida no tiene para la muerte una explicación satisfactoria. Sin Dios, sin un más allá, ¿qué auxilio puedo esperar para la oculta herida abierta en mi corazón por la muerte, por mi egoísmo y el egoísmo de los demás? 


        Una criatura, antes de nacer, no sabe absolutamente nada de lo que le espera. Les sucede lo mismo a los no creyentes en relación con la muerte: no saben qué les espera. Sin embargo, la madre, como los que tienen fe, ante los dolores –tanto los del parto como los de la muerte– pone su esperanza en la nueva vida. 


        El hombre no puede atesorar su vida. No puede retenerla. La vida es una hemorragia. La vida se va. ¿Hacia dónde? ¿Hacia el vacío? ¿Hacia la nada? Es inevitable que el hombre se plantee la cuestión de su salvación. De lo contrario, la vida sería como un torrente que inevitablemente nos conduce al abismo. Creer en la salvación es creer que en alguna parte nuestra vida queda recogida. 


        Si todo se acabase con la muerte, es difícil encontrar sentido incluso al esfuerzo por ser buena persona. Algunos cifran sus afanes en trabajar por un mundo mejor, por lograr que fuera menos malo. Eso está bien, pero sería muy corto reducir nuestras esperanzas a un arreglo más satisfactorio de esta tierra. Todo ese sufrimiento, todo el esfuerzo de una vida, todas esas lágrimas –comenta André Frossard–, toda la sangre que empapa y desborda nuestra historia, ¿no habrían servido entonces más que para construir una ciudad terrena ideal, cuya inauguración se iría aplazando indefinidamente para una fecha posterior?

Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

PEDRO Y PABLO: CIMIENTOS Y ROCA DE FE





Al llegar la festividad de San Pedro y de San Pablo salen a flote los primeros pasos  de nuestra era cristiana, tomando cuerpo y forma, criterio y testimonio en dos personas que fueron cimientos y puntales de los primeros tiempos de la evangelización cristiana: Pedro y Pablo

Era la hora de la verdad:
-De dar razón de las palabras de Jesús hasta los últimos confines de la tierra
-De pasar del dicho al hecho, incluso vertiendo la sangre
-De no seguir con miradas perdidas en el cielo
-De probar la verdad o la fragilidad de la fe en el discipulado

1. SAN PEDRO Y SAN PABLO: SERVIR ANTE TODO

-Son columnas de ese gran edificio espiritual que es nuestra Iglesia
-Son testimonio de un Cristo vivo de, aquellos, que lo supieron escribir con sangre

-Son, tan distintos, que fueron capaces de unirse en lo esencial: ¡por encima de todo el afán evangelizador! Como recientemente nos ha recordado el Papa Francisco, fueron personas (cristianos) contracorriente.

-Son punto de referencia a la hora de tomar un camino u otro en nuestra vida cristiana. Como San Pedro, a veces, corremos el riesgo de quedarnos “con y en los nuestros”. Como a San Pablo, qué bien nos vendría si Dios nos tirase de nuestro particular, altivo y querido caballo (orgullo, hipocresía, mentira, debilidad, falsos prejuicios, cobardía.....) para aventurarnos a lo nuevo sin miedo. Muchos, hoy en la Iglesia, siguen entendiendo que el esfuerzo evangelizador ha de ir recompensado por una responsabilidad mayor, con un reconocimiento implícito o explícito por la Jerarquía Eclesial. Afortunadas las palabras del Papa Francisco: “muchos entienden su servicio a la Iglesia como un carrerismo”. 

2. SAN PEDRO Y SAN PABLO: DIVERSIDAD PARA UNA MISMA FE
 
-En uno Jesús puso la familiaridad y la cercanía, el compañerismo y hasta le leyó de antemano las contradicciones en las que caería en los aledaños de la Pascua.

-Con el otro, Dios, quiso saltar las fronteras de una Fe que podía haberse quedado encerrada en las cuatro puertas de Palestina

-En uno sobresale aquello de “ser amigo de sus amigos”. No le acompañó precisamente ni la ciencia ni las letras, pero tuvo la virtud de ser sencillo como una paloma y noble como el oro. Jesús, le hizo entrega de las llaves de esa gran familia que es nuestra Iglesia.

-Con el otro, Dios hizo el milagro de la conversión radical. Pasó de ser adversario a ser “fan” y propagandista de Jesús. Se sintió derribado de sus esquemas y de sus acepciones, de su sabiduría y de su altanería. Todo lo estimó en basura cuando lo comparaba con el amor/riqueza de Cristo. Pasó de la vehemencia a la docilidad ante su Dios.

Dios no quiere a superhombres para llevar a cabo su Reino. Dios quiere respuestas. Pedro le falló en las horas más decisivas de la Pasión de Jesús. Pablo se convirtió en uno de los más sangrientos perseguidores. Pero, después, con un “sí” uno pasó de ser pescador en Galilea a ser pescador de almas. El otro, de ser un incrédulo, guerrero e intelectual, a un enamorado de la causa de Jesús.

Dos personas distintas con un mismo denominador común: JESÚS.... ¡TODO POR JESÚS!

3. LOS NUEVOS “PEDRO” Y LOS NUEVOS “PABLO”
 
Aún con nuestras historias (buenas o malas), limitaciones (que son otras tantas), con los caminos emprendidos (a veces contrarios a la fe), aún siendo como somos (y mira que somos complicados)......Dios sigue contando con nosotros: pone el tesoro de su Reino en nuestras manos aún a sabiendas que siempre serán empecinadas y constantes vasijas de barro. Y, volviendo al Papa Francisco, qué bueno sería saber, pensar y reflexionar una de sus perlas lanzadas en la capilla de Santa Marta: “nunca he visto que detrás de un cortejo fúnebre vaya un camión de mudanzas”. Con nosotros, claro está, se va lo que hemos dado, trabajo, ofrecido y servido.

En esa carne (débil y pecadora) que somos  los hombres  y mujeres de nuestro tiempo, Dios va manifestándose todos y cada uno de los días. Ojalá seamos capaces de ofrecer a DIOS nuestra vida de tal manera que nos sintamos “menos superhombres” y “más amigos de Dios”.

Con todo ello, en este día de los pilares de la iglesia, tenemos un recuerdo y oración especial por ese testigo del evangelio que nos ensambla con el primer testimonio de los apóstoles y que es signo de unidad, de caridad y de comunión en toda la iglesia: el Papa Francisco. Dios lo acompañe en su intento de renovación, profunda y espiritual, de nuestra Iglesia.
 
Javier Leoz

 
 

sábado, 28 de junio de 2014

INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA




EL CORAZÓN DE LA MADRE ES SEMEJANTE AL CORAZÓN DEL HIJO
 

1. «Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros». Rezando con fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento de confianza y de seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad nuestra paz, nuestra suprema reconciliación.

Jesús es nuestra paz. Es bien conocido el significado bíblico del término "paz": indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha traído a los hombres. Por esto, el don de la paz marca el inicio de su misión sobre la tierra, acompaña su desarrollo y constituye su coronamiento. "Paz" cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido "Príncipe de la Paz" (cf. Lc 2, 14; Is 9, 5). "Paz" es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (cf. Lc 8, 48) o en el espíritu (cf. Lc 7, 50). "Paz" es el saludo luminoso del Resucitado a sus discípulos (cf. Lc 24, 36; Jn 20, 19. 26), que Él, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción del Espíritu, manantial de "amor, alegría, paz" (Ga 5, 22).

2. Jesús es, al mismo tiempo, nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador, y el hombre, su creatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a Él; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz.

En el Corazón de Cristo, lleno de amor hacia el Padre y hacia los hombres, sus hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre el cielo y la tierra: "Fuimos reconciliados con Dios ―dice el Apóstol― por la muerte de su Hijo" (Rm 5, 10).

Quien quiera hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz, debe acoger la invitación del Señor y acudir a Él (cf. Mt 11, 28). En su Corazón encontrará paz y descanso; allí, su duda se transformará en certidumbre; el ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad. Allí encontrará alivio al dolor, valor para superar el miedo, generosidad para no rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.

3. El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: ¿No es Ella quien, por medio del ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al género humano? (cf. Lc 1, 26-38).

María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la Cruz cuando, en la Sangre del Hijo Dios reconcilió "con Él todas las cosas" (Col 1, 20); ahora, glorificada en el Cielo tiene ―como recuerda una plegaria litúrgica― "un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón de Dios" (cf. Misal, Prefacio De Beata Maria Virgine).

Que María, Reina de la Paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos. Por esto la imploramos.



SAN JUAN PABLO II
 

Nuestra Señora a Lucía de Fátima

"...Todos aquellos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen cinco decenas del Rosario y me hagan quince minutos de compañía meditando sobre los quince misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación...".


Besa nuestras llagas.

María Madre Misericordiosa 


¡Qué ganas habrá tenido la Santísima Virgen, en el camino al Calvario y durante la crucifixión de su Hijo, de besarle las llagas, de medicarle las innumerables lastimaduras! Pero no pudo hacerlo, sino que recién pudo besar esas benditas llagas de Jesús, cuando lo tuvo muerto en su regazo.

Pero esas ganas de la Virgen de besar las llagas de su Hijo, se han acrecentado y ahora es María la que quiere besar las llagas de sus hijos adoptivos, nosotros, que somos lastimados por tantas cosas, no tanto materiales, como espirituales y morales. ¡Cuántas llagas tenemos los hombres, y María nos quiere besar en ellas, como una madre hace con las lastimaduras de su hijito, poniendo su beso de amor que aplaca el dolor!

A la Virgen le ha quedado una sed inextinguible de calmar dolores, y lo que no pudo hacer con su Hijo torturado, lo hace ahora con sus hijitos adoptivos, nosotros los hombres, en especial aquellos que más estamos sufriendo.

Dejémonos besar por la Virgen. Dejemos que medique nuestras heridas de todo tipo, ya sea con su beso maternal y amoroso, o con su caricia, o quizás también con algún remedio que, aunque nos haga arder o doler, sabemos que viene de la mano de una Madre, del amor de la mejor Madre, que nos ama casi infinitamente y sólo un poco menos de lo que nos ama Dios.

 
 

  Feliz día del Inmaculado Corazón de María!

viernes, 27 de junio de 2014

Meditatio: La celebración del Sagrado Corazón..





La celebración del Sagrado Corazón de Jesús nos muestra, ante todo, el amor de nuestro Dios que no sólo nos ha redimido, sino que nos ha ofrecido su amor, un amor que va siempre más allá de lo que pudiéramos imaginar.
 
Al contemplar el corazón traspasado de Cristo nos damos cuenta de manera sensible la misericordia de Dios que, a pesar de nuestros pecados que lo han puesto en una cruz y lo han traspasado, continúa amándonos, perdonándonos y manteniendo su oferta de llevarnos al Cielo. Es por ello que el texto de Deuteronomio nos recuerda que el camino para llegar es la Santidad. El hombre responde a la entrega del amor de Dios, a su muerte, al inmenso precio pagado por su salvación viviendo SANTAMENTE.
 
Es así como se establece este flujo de amor y misericordia entre Dios y nosotros los hombres. Responde, pues, a esta invitación de vivir santamente, apártate del pecado y conviértete en un instrumento para que este amor maravilloso de nuestro Dios sea conocido y vivido por todos los hombres.
 
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. Como María, todo por Jesús y para Jesús.
  Pbro. Ernesto María Caro 


http://www.evangelizacion.org.mx/
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