Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

sábado, 31 de diciembre de 2016

Corazón Inmaculado de María (escuela de amor)




¿Quién como María que vivió día a día los misterios de Cristo Dios y pudo contemplarlos y meditarlos en su Inmaculado Corazón? Pensemos en los Apóstoles. Todos ellos fueron testigos de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor. ¿Y María Santísima? Ella lo concibió por obra y gracia del Espíritu Santo en sus entrañas virginales.

Ella dijo: "Fíat" y la Palabra se hizo carne. Dios quiso venir al mundo de esta forma. Si Él creó el universo entero de la nada... ¿no podía encarnarse en el vientre de una Virgen Pura? Para Dios, nada hay imposible. Debemos grabar a fuego esta verdad en nuestro corazón: por muy difícil que parezca, humanamente imposible, es posible para Dios. Nada hay imposible.

Ella lo acunó, amamantó, crió, cuidó, ofreció al Padre Eterno, sepultó, contempló resucitado y ascendido al cielo. María es tesorera de los misterios de Dios, por eso nadie mejor que Ella para enseñarnos a meditar sobre esto. Después de la lectura de la Sagrada Escritura, nada mejor para meditar los misterios de la vida del Señor que el rezo del Santo Rosario.

Adéntrate en el Corazón Inmaculado de María (escuela de amor) y vive junto a Ella los misterios del Señor.

Alejandro María

viernes, 30 de diciembre de 2016

En familia





En familia vino Dios al mundo y, con una Madre de familia al pie de la cruz, el Señor marchó humildemente de él.
En familia, lloró Dios en la primera noche de la Navidad, y en familia, Dios gozó por servir a la humanidad.
En familia, Jesús, recibió humildes y regios honores.
En familia, subió y bajó a Jerusalén a cumplir con la Ley.
En familia, Jesús, aprendió el valor del trabajo y, en familia, respetó y rezó en el día de descanso.
En familia, el Niño Dios, nació en la más fría noche, en familia, ese mismo Niño, recibió el aliento que, ante la ausencia del calor humano, un buey una mula le ofrecieron.
¡En familia! ¡Sí! ¡En familia!
En familia, Jesús, creció y, en familia, Jesús, el amor de Dios aprendió.
En familia, Jesús, emigró lejos de su país y, en familia, volvió a la tierra que le vio nacer.
En familia, Jesús, se instruyó en el lenguaje del cielo y, en familia, Jesús, entendió los signos de la tierra.
En familia, Jesús, cultivó el valor de la fe en Dios y, en familia, compartió las esperanzas de los hombres.

¡En familia! ¡Sí! ¡En familia!
Algo de bueno, debe de tener la familia cuando, el mismo Dios, eligió formar parte de una de ellas.
Cuando, el Padre, quiso ser Padre en el cielo y, por una familia, Padre de todos los hombres y mujeres de la tierra.
Cuando, Dios, teniendo todo… quiso una mujer como Madre, un José como padre para Jesús, y una casa donde entretejer la más bella historia de amor.

Algo, fuera de serie, divino y humano, tiene la familia, cuando Dios, puso en el tiempo señalado por los profetas al Verbo Encarnado en el corazón de la misma.
Algo, grande, noble, insustituible y santo posee la familia cuando, el mismo Dios, siendo Dios, quiso dejarse abrazar, acariciar, cuidar, querer, sostener, mimar, educar  y corregir en una de ellas.

P. Javier Leoz

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Oración de Sanación



Amadísimo Dios, quiero acallar mis pensamientos para que mis oídos estén atentos a lo que me revelas a través de tu palabra. Sé que constantemente me hablas por diferentes medios para hacerme conocer tu voluntad y marcarme el camino.

Quiero pedirte hoy que me ayudes en la conversión de este corazón materialista, utilitarista y pesimista, para poder prestar la atención a tus llamados.

Señor, dame esa obediencia, determinación y templanza de San José que al solo escuchar tu advertencia tomó a Jesús y a María, marchándose de Belén para emprender el viaje a Egipto; sacrificar cosas; perder las pocas posesiones que tenían, a sabiendas que debería empezar de nuevo en tierras lejanas y extrañas, dispuesto a sacrificarse tanto por el Niño como por la madre del Mesías, y con ello, cumplir con su santa custodia.

Sé que Tú también me hablas a mí a través de distintas maneras en mi vida, me adviertes de peligros, me señalas el camino, iluminas mis senderos.

Muchos son los que no quieren seguirte, amarte, cumplir con tus mandatos de amor, porque hacerlo implica dejar apegos y placeres terrenales; sacrificar cosas; dejar privilegios, incluso perder una cómoda posición y el reconocimiento del mundo, ¡comenzar desde cero! Te pido por ellos, Dios mío.

Tú, que todo lo transformas, toca esos corazones de piedra para que puedan ser parte de tu redil y disfrutar de las bendiciones que nos ofreces.

También te ruego por mí, para que el amor y la fe que nació en Belén, también nazcan en mi corazón, y me haga salir de mi vida pecaminosa y descuidada y así poder descubrirte y seguirte en plenitud. 

Amén

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