Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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sábado, 30 de abril de 2011

El día de la Fiesta de la Divina Misericordia, Santa Faustina sonríe con nosotros


Qué hermosas jornadas, las de hoy y mañana. Está todo planificado por Dios para que sean dos días de emocionante fiesta. Hoy celebramos el aniversario de la Canonización de Santa Faustina Kowalska, que ocurrió el 30 de abril del año 2000. Y es hoy víspera de la Fiesta de la Divina Misericordia, pedida por el mismo Jesús a Sor Faustina para que se celebre el Domingo posterior a la Pascua de Resurrección. Juan Pablo II fue el artífice principal de la proclamación de Faustina como Santa, y de la difusión de la Devoción a la Misericordia Divina, que Jesús entregara a nuestra querida Santa en la Polonia atribulada por los años previos a la gran guerra. Juan Pablo II murió justamente el sábado en las horas previas al Domingo de la Divina Misericordia del año 2005, por lo que hoy de algún modo recordamos su fallecimiento también.
Y mañana, Domingo de la Misericordia Divina, celebramos la gran fiesta de Beatificación de nuestro amado Juan Pablo. Santa Faustina y Juan Pablo II se unen de este modo, alrededor de la Devoción a la Misericordia Divina, en un gesto que indica a las claras la invitación que Dios nos hace a reconocer cuan Amoroso y Misericordioso es Su Corazón.
Y como si todo esto no fuera suficiente, el 1 de mayo también celebramos la Fiesta de San José Obrero, el glorioso trabajador que cuidara de nuestro Niño y Joven Jesús en la Nazaret de la Sagrada Familia. Todo se ha unido para hacer de este fin de semana una gran fiesta en el Cielo, y en la tierra.
Dijo nuestro Papa Benedicto XVI:
Como sabéis, el 1 de mayo próximo tendré el gozo de proclamar beato al venerable Papa Juan Pablo II, mi amado predecesor. La fecha elegida es muy significativa: será el segundo domingo de Pascua, que él mismo dedicó a la Divina Misericordia, y en cuya vigilia terminó su vida terrena. Cuantos lo han conocido, cuantos lo han estimado y amado no podrán por menos que gozar con la Iglesia por este acontecimiento. ¡Estamos muy contentos!”, (Benedicto XVI, 16-01-11)
Nosotros nos consideramos unidos a Juan Pablo II, porque él es un poco el Papa de nuestra generación, obra continuada por Benedicto XVI, como queda claro al leer sus emocionadas palabras anunciando esta maravilla.
Hoy es día de Santa Faustina, y como es sábado es también el día de la Virgen, día de espera, de vigilia en las puertas del Domingo, día de Su Hijo. Y mañana, las puertas del Cielo se abrirán para derramar la Misericordia de Dios en el festejo de la Beatificación de nuestro amado Carlos, Karol, o como más lo reconocemos, Juan Pablo.
¡Como las multitudes lo aclamaban, Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!
Unidos a Santa Faustina, San José, nuestra amada Virgen, proclamemos a viva voz nuestro gozo de ser miembros de Su Iglesia, Iglesia que vivió la Gloria de tener un Pontífice como Juan Pablo, nada más ni nada menos que en nuestros tiempos.
Fuente:reinadelcielo.org

Interpretación del Apocalipsis

(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)
3 de abril de 1983
Pascua de Resurrección
Nada turbe vuestra Paz
“¡Jesús ha resucitado, aleluya!
La alegría que experimentó mi Corazón cuando Jesús entró en el pequeño aposento en el que me hallaba, y cuando se inclinó, en el esplendor divino de su Cuerpo glorioso, para besar el rostro de su Madre, mientras Yo, adorándole profundamente, esparcía lágrimas de alegría en las marcas de sus llagas luminosas, hoy te lo comunico a ti y a todos tus hermanos Sacerdotes, mis hijos predilectos. “¡La paz sea contigo, la paz a vosotros!”, os repito con mi Hijo resucitado.
Nada turbe vuestra paz:
–ni el mundo en que vivís, rebelde a Dios, pervertido y en manos del maligno: Jesús ha vencido ya al mundo.
–ni la Iglesia oscurecida y dividida, donde entra la idolatría y la apostasía: Jesús ama a su Esposa con amor divino, y más que nunca está a su lado en estos momentos de su purificación.
–ni los acontecimientos perturbadores que se suceden, ni las persecuciones y luchas fratricidas, ni el fuego, ni el rojo flagelo que ya se está precipitando sobre el mundo.
Jesús resucitado está vivo entre vosotros.
Él guía los avatares del mundo y de la historia según el designio de su Amor misericordioso, para la salvación de todos sus hermanos redimidos.
Por esto en Jesús, vida y resurrección, paz para vosotros, en la alegría pura y sobrenatural. Paz a todos en el gozo pascual de Cristo. Al Papa y a todos mi bendición en el nombre del Padre glorificado, del Hijo resucitado, del Espíritu Santo que os es dado como don.”

Comentario: 
Bien sabemos que el demonio, cuando no puede hacer pecar a un alma, por lo menos trata de crearle dificultades y de hacerle perder la paz, porque como dice el dicho: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Y así el demonio, al traer la turbación, si por lo menos no hace caer en pecado, al menos logra hacernos estancar en la vida de la virtud, y volvernos temerosos y dudosos.
Por eso en estos tiempos calamitosos en que estamos viviendo no debemos perder la paz ni dejarnos inquietar por todo lo que sucede en el mundo, puesto que en definitiva es Dios quien quiere o permite que sucedan todas las cosas que suceden, y Él guía, con su sabiduría infinita, los avatares de la historia al mayor triunfo de Dios y de la Iglesia.
Dos cosas que debemos cuidar con uñas y garras, y ellas son la paz y la alegría, porque si conservamos estas dos cosas en nosotros, el demonio no podrá nada contra nosotros, y seremos invencibles.
Veamos la mano de Dios detrás de cada suceso de esta tierra y de nuestra vida, porque todos nuestros cabellos están contados y nada sucede sin que Dios lo permita.
Entonces conservemos la paz y estemos alegres, porque el triunfo será de Dios y de su Madre, y nosotros venceremos con Ellos.


viernes, 29 de abril de 2011

Primeras imágenes de la traslación de los restos de Juan Pablo II

Al fondo del Terror: Faltan los principios


Eso, eso es lo que hace falta, volver a Dios, al respeto a la moral; es lo que nos sacará, a través de muchos años, de la grave condición humana amoral (más que inmoral), que estamos viviendo
 
Al fondo del Terror: Faltan los principios
Al fondo del Terror: Faltan los principios
Javier Sicilia, en las movilizaciones sociales que ha provocado ante el homicidio de su hijo Juan Francisco, ayudó a abrir más los ojos ciudadanos al terror del crimen organizado. Esto es muy importante, porque como en diversas ocasiones se ha dicho, parece que hemos perdido la capacidad de asombro, y ahora son muchos los que están asustados. Pero más importante es algo que dijo que falta.

Durante muchos años, al igual que en otros países, en México se venían dando nuevas acciones delictivas, actos de violencia, asesinatos, y la gente no reaccionaba. Tal parecía que estos hechos, el incremento del narcotráfico y sus consecuencias, eran cosa de otro planeta, que se podía ver en la televisión.

Inclusive las notas de prensa pasaban desapercibidas, o eran rápidamente olvidadas por los no directamente afectados. La violencia de los criminales en México no empezó con las acciones militares de Felipe Calderón, tenían años de estar sucediendo, pero parece que se veían como asuntos aislados y muy locales. Si una persona había sido asesinada en tal población, bueno, era cosa “de allá”.

Como han escrito varios analistas, la violencia criminal no viene de diciembre de 2006. Fue tras esa fecha que Autoridades locales, incapaces de controlarla, pidieron auxilio al gobierno federal. Pero anteriormente, durante muchos años, en Estados como Sinaloa, los muertos por el narco eran ya noticia cotidiana.

El avance de las actividades del narcotráfico en México era constante, sumando otras actividades delictivas y, como se dice, nadie hacía nada. Los tres niveles de gobierno se hacían tontos. Igual como ha sucedido en otras naciones.

Pero una vez que la ciudadanía empezó a asustarse ante la frecuencia creciente de actos de violencia criminal, empezó a pedir, a exigir al gobierno -y léase al federal-, que “hiciera algo” para detenerla, eran ya muchos miles de muertos. Sumémosles las violaciones a derechos humanos por militares y policías.

Pero las personas individualmente consideradas, las familias, las organizaciones sociales, las escuelas, los medios de comunicación, no hacían ni hacen gran cosa. Más bien prácticamente nada, salvo “poner el grito en el cielo” cuando los hechos criminales escandalizaban más de la cuenta, o llegaban muy cerca.

“Y nosotros ¿qué podemos hacer?” decían y dicen los ciudadanos, es “el gobierno quien debe hacer algo”. Pues muy mal. Los ciudadanos, los padres de familia, los educadores, han caído en un gran pecado de omisión. ¿Qué ha faltado?

Ha faltado aquello que da a la persona interés en hacer el bien y evitar el mal. Ha faltado la formación en valores, porque desde hace muchos años no está de moda hablar de ellos, de moral, de ética, ¡de virtudes! Eso, parecía ser cosa “de antes”, era cosa de curas, pastores y rabinos, eso de las “moralinas”… bueno... El dicho de que “todo se vale en la guerra y en el amor”, pasó a incluir “en los negocios”, y en lo social, en la vida diaria.

El confort de la vida contemporánea, aunque sea modesto, hizo que la gente no creyera que necesita ser ética, moral, virtuosa, y sobre todo, no necesitaba de Dios; Él y la religión habían pasado de moda (salvo ante el cáncer y cosas así).

Desde hace mucho, ya en generaciones, las familias han despreciado la formación moral, religiosa, de los hijos. Tampoco se han interesado los adultos en formarse a sí mismos; sólo hay interés en “capacitarse” profesionalmente. La educación se convirtió en instruirse en las cosas mundanas y aprender a ganarse la vida.

¿Cómo podemos, como personas, como padres de familia, como “educadores”, como gobernantes, asombrarnos de que tanta gente acepte ser parte del delito? ¿Cómo podemos asombrarnos de que se haya llegado a despreciar en tal forma el valor de la vida, si no importan Dios ni sus leyes, ni la dignidad humana?

Aunque a muchos les moleste escucharlo, leerlo, pero es haberse alejado de Dios la causa principal de la práctica de la maldad a tan amplia escala; ha sucedido a través de la historia, pero no aprendemos de ella. Es la responsabilidad trascendente que da la religión, no limitada al aquí y ahora, lo que hace falta.

A demasiada gente le fastidia, le incomoda que se hable de Dios, de deberes impuestos por la religión, de esos Diez Mandamientos judeo-cristianos. No, ya no quieren saber nada de ello, pero no aportan nada a cambio que lo substituya, para crear en las personas rectas conciencias y voluntad de obrar bien y evitar el mal.

Javier Sicilia, declaró en entrevista de la revista “Proceso” lo siguiente -vale la pena transcribirlo: “Hemos desalojado a Dios, por desgracia, de la conciencia de los hombres. Eso es tremendamente grave, porque el siguiente paso es el infierno, es cuando el demonio comienza a funcionar. Es difícil hablar de estas cosas porque el lenguaje moderno no lo quiere oír, pero el demonio está allí en la puerta. Baudelaire decía que el mayor triunfo (del demonio) en el siglo XIX –habría que decir que en el siglo XXI y en las condiciones en que estamos viviendo- es habernos hecho creer que no existe. Eso lo estamos viendo: existe en esta violencia indiscriminada, en esta crueldad inmensa.”

Dijo más adelante ese padre adolorido con visión cristiana, Javier Sicilia: “Estamos justamente en el momento en que nos debemos detener y humildemente repensarnos para ponernos en función de las virtudes, para hacer un México donde todos quepamos, donde se le dé más sentido a la educación, el trabajo honesto que le permite vivir a la gente dignamente.”

Eso, eso es lo que hace falta, volver a Dios, al respeto a la moral; es lo que nos sacará, a través de muchos años, de la grave condición humana amoral (más que inmoral), que estamos viviendo. La educación en general, las oportunidades de trabajo digno, la salud y demás cosas propias de la dignidad de la persona humana, de la familia y de la sociedad, no resolverán un problema que va más allá: la necesidad de asumir los principios de respeto, de justicia, que Dios exige.
 
Autor: Salvador I. Reding Vidaña 
Fuente: Catholic.net 

miércoles, 27 de abril de 2011

1978-2005: lo que la prensa nunca difundió en el pontificado de Juan Pablo II


El trabajo de Juan Pablo II
 para la custodia del depósito de la fe 
y la preservación de la disciplina eclesiástica

1978-2005: lo que la prensa nunca difundió en el pontificado de Juan Pablo II
1978-2005: lo que la prensa nunca difundió en el pontificado de Juan Pablo II
Durante el pontificado de Juan Pablo II, los medios hicieron una gran difusión de sus viajes apostólicos y diplomáticos y de sus hermosas fotografías con niños, ancianos, enfermos, gobernantes y personas con trajes folclóricos.

Pero hubo una parte muy importante en el pontificado de Juan Pablo II que los medios dejaron en la más completa obscuridad. No le hicieron la más mínima promoción, no sé si por ignorancia u omisión voluntaria. Es el «lado obscuro» del pontificado de Juan Pablo II, no porque sea tenebroso, sino porque se quedó en la obscuridad de los archivos vaticanos.

Por esta razón, y porque hay muchas personas convencidas de que Juan Pablo II se dedicó a viajar y descuidó el interior de la Iglesia, quise hacer una lista (de ninguna manera exhaustiva) de algunas cosas que, año por año, se hicieron durante el pontificado de Juan Pablo II para defender la fe y disciplina dentro de la Iglesia.


1979
· Enero. Puebla. Juan Pablo II condena la «Teología de la Liberación», herejía de corte marxista que confunde la liberación política, económica y social, con la salvación en Jesucristo.

· Febrero. La Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) amonesta al P. Bernard Häring, sacerdote redentorista, por su oposición abierta a las enseñanzas de la Humanae Vitae. Leer más

Perder a Cristo


Quien se sienta triste porque le parece encontrarse lejos de Cristo, tenga esperanza, nadie pierde a Cristo "sin querer".
 
Perder a Cristo

Le han matado a su Señor y ella no pudo socorrerle. Sus gritos en medio de la multitud no sirvieron de nada y en seguida los sofocaron con golpes y empujones. ¡No había podido hacer nada por Jesús! Seguirle en silencio y acompañarle de pie junto a la cruz. Y nada más.

Lloraba recordando, en cambio, lo bueno que había sido Jesús con ella aquel día en la casa de Simón, la paz que le había inundado siempre al lado del Maestro, su mirada bondadosa y limpia, aquella seguridad... Pero ya todo había acabado. Sus enemigos habían vencido y se habían desecho de Él y ahora ni siquiera le permitían a ella ungir como era debido el cuerpo del Señor.


Ella había creído que ya nunca podría llorar más. Que, después de la muerte de Jesús, quedaría insensible a cualquier otro dolor. Pero sí, aquello era demasiado. ¡Ya no tenía a Cristo! ¡Ni siquiera su cuerpo! Se lo habían quitado. Sintió rabia, amargura, odio, nostalgia. Todo a la vez.


Se le aparecen de pronto unos ángeles, pero ella ni se inmuta. ¿Qué le importa todo si ha perdido a Cristo? Jesús en persona se le acerca. No le oye llegar. Él se insinúa. Nada: está tan inmersa en su desesperación que no distingue la voz de Cristo hasta que Él mismo se le revela.


Ella se arroja sin dudarlo un instante a los pies de Cristo, los abraza llorando de alegría y en un instante cree entender todo lo que había pasado. Nosotros, mientras tanto, observémosla.


Ahí está María, de la que Jesús había expulsado siete demonios. Cristo le había perdonado sus muchos pecados porque ella había amado mucho. Y porque Jesús le había perdonado demasiado pensó que, en adelante, jamás podría decir que ella le amaba ya bastante.


Es una mujer y le ama como ella es: con sencillez, con naturalidad, con esos pequeños detalles que dejan la impronta de una alma delicada. No se le habían presentado oportunidades especiales, pero tampoco había perdido ninguna ocasión para demostrar a Jesús su cariño y su eterno agradecimiento por haberla salvado.


Con fina intuición esta mujer había experimentado que nada era comparable con la posesión de Cristo, con su amistad, con la paz que Él irradia. Y que, por ello, no existe peor tragedia que perderle o disgustarle.


Sólo se había equivocado en un detalle: creía que había perdido a Cristo, que se lo habían quitado. Y nadie pierde a Cristo "sin querer", como extraviamos un llavero o un reloj. María, en realidad lo llevaba muy, pero que muy vivo en su alma. Por eso se había levantado de madrugada. Por eso lloraba.


Quien se sienta triste porque le parece encontrarse lejos de Cristo, tenga esperanza. Si estuviese tan lejos como el demonio le sugiere, ninguna pena le daría. Una de dos: o ya tiene a Cristo o lo está tocando ya. Bastará, como hizo María, darse la vuelta, actuar como si ya lo hubiese hallado y descubrir la presencia de Cristo que le dice: "No me buscarías, si no me hubieses encontrado ya".



Señor, permíteme encontrarte en mi búsqueda de cada día

martes, 26 de abril de 2011

Enterrar a los muertos

Virtudes y Valores

La obra de sepultar a los difuntos es un evento que manifiesta con lucidez el sentido profundo de la muerte.



Campaña de Virtudes y Valores en cuaresma. Regala una suscripción gratis si aún no lo has hecho. http://es.catholic.net/virtudesyvalores/regalo.php Del 15 de marzo al 26 de abril, como preparación para la Semana Santa, desarrollaremos esta campaña.

Podemos afirmar que las obras de misericordia son las «buenas obras» (Mt 5,16) por excelencia, pues están dirigidas hacia el prójimo y a manifestar la gloria de Dios.

Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal que posee una fuerte dimensión espiritual porque implica, necesariamente, el acto de rezar por los difuntos. Desde esta perspectiva, nos sentimos interpelados a reflexionar, además, sobre la muerte y sobre el sentido de la vida (cf. Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 6).

La Iglesia nos ofrece la oportunidad de enterrar a los muertos en un Cementerio o Campo Santo. De esta forma, el cementerio es tierra bendecida y consagrada a Dios, es un lugar apto para orar por aquellas personas que nos han precedido en el encuentro definitivo con el Señor.

La Beata Ana Catalina Emmerick decía, hablando de sus visiones, que muchas almas difuntas se sentían aliviadas al ver gente orante en los cementerios porque Dios les permitía beneficiarse de esos rezos. Por lo tanto, enterrar a los muertos y orar por ellos es, siempre, un acto de inmensa caridad.

Para los cristianos, la obra de sepultar a los difuntos es un evento que manifiesta con lucidez el sentido profundo de la muerte. Cristo se enfrenta con la “vieja enemiga” del género humano y triunfa sobre ella. La muerte retrocede ante Aquél que es «la resurrección y la vida» (Jn 11,25). A partir del gran acontecimiento de la Resurrección la relación entre los hombres y la muerte cambió. Quien cree en Cristo no tiene que temer a la muerte porque aunque muera vivirá (cf. Ibid). Esa es la ganancia que nos ofrece la fe (cf. Leon-Dufour, voz «muerte», en Vocabulario de teología bíblica).

En conclusión, la obra de enterrar a los muertos nos hace pensar con firmeza, a los cristianos, que poseemos un futuro. Nuestra vida, en su conjunto, no se acaba en el vacío y en la nada. Como dice el Papa Benedicto XVI: «sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente» (Spe Salvi, n. 2).


¡Vence el mal con el bien!

Autor: Diego Calderón, L.C.
Fuente: Virtudes y Valores-Catholic.net

El amor de María llena nuestro corazón


Si uno de veras cree en este amor que le tiene María Santísima como madre ¿podrá sentirse desgraciado? ¿Podrá sentirse desesperado? 
Dios es amor.

María Santísima es también amor.

Podríamos decir que María es el lado misericordioso y tierno del amor de Dios.
“Tú sola, Virgen María, le curas a Dios de todas las heridas que le hacemos los hombres. Por ti sola valió la pena la redención, aunque, afortunadamente, hay otras y otros que se han tomado en serio la redención ".

Este amor tuyo que, por un lado, sube hasta Dios y, por lo tanto, tiene toda la gratitud de una creatura, toda la profundidad de una madre, toda la pureza de una virgen; por otro lado, se dirige a nosotros, hacia la tierra, hacia tus hijos.

Cómo me impresionó -y aparte al principio no lo creí- leer aquellas palabras de San Alfonso María de Ligorio: "Si juntáramos el amor de todos los hijos a sus madres, el de todas las madres a sus hijos, el de todas las mujeres a sus maridos, el de los santos y los ángeles a sus protegidos: todo ese amor no igualaría al amor que María tiene a una sola de nuestras almas". Primero, no lo creí porque era demasiado grande para ser cierto. Hoy, lo creo, y posiblemente estas palabras de San Alfonso se quedaron cortas.

Yo me pregunto: si uno de veras cree en este amor que le tiene María Santísima como madre ¿podrá sentirse desgraciado? ¿Podrá sentirse desesperado? ¿Podrá vivir una vida sin alegría, sin fuerza, sin motivación? ¿Podrá alguna vez, en su apostolado, llegar a decir "no puedo, me doy"? ¿Podrá algún día decir : "renuncio al sacerdocio y lo dejo"? Si Cristo, por nosotros, dio su sangre, su vida, ¿qué no dará la Santísima Virgen por salvarnos? Ella ha muerto crucificada, espiritualmente, por nosotros. A Cristo le atravesaron manos y pies por nosotros; a ella una espada le atravesó el alma, por nosotros. Si Él dijo: "He ahí a tus hijos" ¿cómo obedece la Santísima Virgen a Dios? Entonces, cuánto nos tiene que amar. Y si somos los predilectos de su hijo: "vosotros sois mis amigos", somos también los predilectos de Ella.

El amor de María llena nuestro corazón, debe llenarlo. El amor de una esposa no es el único que puede llenar el corazón de un hombre como yo. El amor de María Santísima es muchísimo más fuerte, rico, tierno, confortante, que el de todas las esposas de la tierra. El amor de mi madre celestial llena, totalmente, mi corazón. Una mirada, una sonrisa de María Santísima, me ofrecen más que todo lo que pueden darme todas la mujeres de la tierra juntas.

¿Cuál debe ser mi respuesta a tan grande y tierno amor?

Como Juan Pablo II debemos decir cada uno de nosotros, también, "totus tuus": todo tuyo y para siempre. Aquella expresión que el Papa nos decía: "Luchando como María y muy juntos a María", que le repitan siempre: "totus tuus".

¿Por qué no llevarme a todas partes a la Santísima Virgen? En el pensamiento, en el corazón, y también, en una imagen, en un cuadro: su presencia es benéfica. Yo tengo en mi despacho y en mi cuarto una imagen de la Santísima Virgen. Con mucha frecuencia la miro, con mucha frecuencia le hablo y, también, la escucho. Siento su presencia y su amor a través de esa imagen.

Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

lunes, 25 de abril de 2011

¡Ha resucitado y vive para siempre!

Que no pase este Tiempo de Pascua sin haber conectado con Cristo vivo. ¡¡Ha resucitado y vive para siempre!!!
 
¡Ha resucitado y vive para siempre!
Lo que tengo que decirles lo han oído otras veces, pero me gustaría que no pareciera lo de siempre. Es necesario que les suene a nuevo, que les de la impresión de que no lo han oído nunca.

Olviden un momento la rutina: esas reflexiones a veces tan monótonas que apenas les rozan la piel.

Olviden un momento la vida diaria: las discusiones caseras, los huesos que duelen, las jaquecas, las rabietas de los niños, los pelmazos que no dejan vivir.

Hoy quisiera que mis palabras sonaran a nuevas.

Si creen mi palabra de hoy, si de verdad toman en serio lo que hoy les voy a decir... su vida será nueva, empezarán a vivir de una forma distinta, la rutina diaria tendrá una profundidad desconocida, las celebraciónes religiosas les traspasará el alma, la alegría que nadie puede quitar será su huésped, incluso la muerte será una puerta llena de posibilidades, la vida será una ruta acompañada por la esperanza, la misma enfermedad tendrá una cara desconocida. Para que entiendan bien lo que voy a deciles, es necesario que el Señor esté con ustedes... que levantemos el corazón... que demos gracias al Señor nuestro Dios...

Hermanos, esto es lo que hoy tengo que decirles: Jesús de Nazaret, el hijo de José y de María, el muerto injustamente y sepultado, ¡¡Ha resucitado y vive para siempre!!! La muerte ha sido vencida: el muro impenetrable, la oscuridad existencial, el mal constante que nos envuelve, la queja permanente... no son verdad del todo.

Alguien ha roto el misterio, ha trocado la noche en aurora luminosa, ha iniciado una nueva creación. Oiganlo todos: ¡Cristo ha resucitado!

Ustedes jóvenes, que les asusta la dureza de la vida: Cristo resucitado fortalece su rebeldía contra la injusticia.

Ustedes padres y madres de familia, Cristo vivo resplandece en el amor fiel que se tienen, ilumina y sostiene la entrega generosa a los hijos.

Solteros y solteras, Cristo resucitado los hace fecundos, pone en sus manos otro modo de crear vida, construye otra familia no según la carne y la sangre, sino en el Espíritu de hijos y hermanos.

Hombres y mujeres de la tercera edad, Cristo resucitado vive con ustedes, no permite que se reseque su alma, con Él hasta el final llegarán llenos de vida.

Ustedes, enfermos, Cristo vivo está con ustedes en la cruz de su dolor, con ustedes se pone en las manos del Padre, con ustedes cruza la frontera de la vida sin fin.

Ustedes, pobres de la tierra, únanse a Cristo resucitado, Él está animando su lucha por salir de la miseria, por lograr que los respeten y los escuchen; Él está dentro de ustedes y se identifica con ustedes.

Ustedes, los que luchan por la justicia, libertad, amor, y dignidad de todo ser humano, sepan que Cristo resucitado los está sosteniendo, les patrocina la tarea, les asegura que resucitarán y su vida será todo un éxito.

Hermanos: Cristo, el amigo de los niños, el que perdona a la adúltera, el cercano a los enfermos, el que se sienta con los pecadores, el que quiere a las prostitutas, el que acepta a todo hombre... resucitado, sigue haciendo lo mismo. No dejen de acercarse a su presencia; crean en él, enciendan las velas en su vida resucitada. Vengan y vean, experimenten una vida nueva.

Fuente:Catholic.net

domingo, 24 de abril de 2011

ÉL VIVE!!!...
EL SEÑOR HA RESUCITADO  ALELUYA!!!! 


 Dibujo Fano

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles». Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán». 

Mateo 28, 1-10.

Felices Pascuas de Resurrección !!! 
Que Jesús Resucitado bendiga cada uno de nosotros y nuestras Familias!!!
Imagenes:Internet

sábado, 23 de abril de 2011

LAS LÁGRIMAS DE MARÍA



Madre mía dolorosísima, por el intenso dolor que padeciste al pie de la Cruz

en las tres horas de agonía de Jesús, dígnate asistirme también a mí,

que soy hijo de tus dolores, en mi agonía a fin de que con tu intercesión,

pueda pasar del lecho de la muerte a acompañarte en el santo paraíso.
texto sacado de pps de:


Sábado Santo, el silencio de María

El sentido litúrgico, espiritual y pastoral del Sábado Santo es de una gran riqueza. El venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, recordaba en la Carta Apostólica Dies Domini que “los fieles han de ser instruidos sobre la naturaleza peculiar del Sábado Santo” (nº4). Este día no es un día más de la Semana Santa. Su singularidad consiste en que el silencio envuelve a la Iglesia. De ahí, que no se celebre la eucaristía, ni se administre otros sacramentos que no sean el viático, la penitencia y la unción de enfermos. Únicamente el rezo de la Liturgia de las Horas llena toda la jornada.

Sin embargo, nada impide que pueda tenerse una Liturgia de la Palabra en torno al misterio del día o que se expongan en las iglesias las imágenes de Cristo crucificado o en el sepulcro y de la Virgen Dolorosa para que los fieles puedan rezar delante de ellas. (cf. SC nº7). Ahora bien, “las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua” (CCD, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, Roma 2001, nº 146).

Sellado el sepulcro y dispersados los discípulos sólo “María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro” (Mt 27,61). El discípulo amado acompaña a la Virgen en su soledad, mientras que los judíos celebraban el Sabbat, día que recuerda el descanso de Dios en la semana de la creación. En la nueva alianza que se ha dado en el Calvario, el sábado será el día de la Madre que, unida con toda la Iglesia, “permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y en el ayuno su Resurrección” (DD nº 73). Mientras el Hijo redime las entrañas de la humanidad, María vive esos momentos en un silencio contemplativo, reflexionando sobre las experiencias que “guardaba en su corazón” (Lc 2,61).

Pero ¿De qué soledad y silencio estamos hablando cuando nos referimos a la Madre del Señor? Se trata de la soledad por la ausencia del “Amado” (Cant 5,6-8), del “Primogénito del Padre”, de su hijo según la carne. Es la soledad fecunda de la fe, nada desesperanzadora y profundamente corredentora. El silencio que conlleva, brota de sentirse desbordada por la Gracia divina que la constituyo Madre del Autor de de nuestra Salvación. ¡Ante la Palabra Encarnada sobra la palabrería humana! Sólo cabe el amor y la adoración.

Ésta es la soledad y el silencio que descubrimos cada Sábado Santo en la Hora de la Madre, cuando Ella, mirando al sepulcro donde está su Hijo muerto, ve hechas realidad sus palabras: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn 12, 24). La contemplación silenciosa y orante de esos instantes de dolor y sufrimiento de la Virgen nos conmueven el alma y nos impulsan a dejar la levadura vieja del pecado y convertirnos en “panes pascuales de la sinceridad y de la verdad” (I Cor 5,8). Así, en cada Vigilia Pascual, como “centinelas en la noche”, toda la Iglesia junto con María espera la luz del grano de trigo que es el Resucitado.


*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España

viernes, 22 de abril de 2011

¿Por qué en la película «La Pasión» dan vuelta a la cruz de Cristo y ésta queda flotando?

El que los verdugos del Señor le dieran vuelta a la cruz para asegurar los clavos, y que ésta quedara flotando –en la película «La Pasión» parece que la única persona que se dio cuenta de esto fue la asombrada María Magdalena– es algo que, obviamente, no se cuenta en los Evangelios (que son brevísimos respecto de todo lo que vivió Jesús en su condición terrena), pero sí en la Mística Ciudad de Dios, obra aprobada por los Papas Inocencio XII y Clemente VI.

La escribió la religiosa española sor María de Jesús de Ágreda, comenzando en 1637, anotando todo lo que la Virgen María le iba confiando. La obra, dividida en tres grandes partes, se publicó por primera vez en 1670. En la tercera parte, en su número 1386, se lee lo siguiente:
«Fijado el Señor en la cruz, para que los clavos no soltasen al divino cuerpo, arbitraron los ministros de la justicia redoblarlos por la parte que traspasaban el sagrado madero, y para ejecutarlo comenzaron a levantar la cruz para volverla, cogiendo debajo contra la tierra al mismo Señor crucificado. Esta nueva crueldad alteró a todos los circunstantes y se levantó grande gritería en aquella turba movida de compasión, pero la dolorosa y compasiva Madre ocurrió a tan desmesurada impiedad y pidió al eterno Padre no la permitiese como los verdugos la intentaban, y luego mandó a los santos ángeles acudiesen y sirviesen a su Criador con aquel obsequio, y todo se ejecutó como la gran Reina lo ordenó; porque volviendo los verdugos la cruz, para que el cuerpo clavado cayera el rostro contra la tierra, los ángeles le sustentaron cerca del suelo, que estaba lleno de piedras e inmundicia, y con esto no tocó el Señor con su divino rostro en él ni en los guijarros. Y los ministros redoblaron las puntas de los clavos, sin haber conocido el misterio y maravilla, porque se les ocultó, y el cuerpo estuvo tan cerca de la tierra y la cruz tan fija sustentada de los ángeles, que los malignos judíos creyeron estaba en el duro suelo».

Desde mi cruz hasta tu soledad

Te escribo desde mi cruz a tu soledad,
a ti, que tantas veces me miraste sin verme
y me oíste sin escucharme.

A ti, que tantas veces prometiste
seguirme de cerca
y sin saber por qué te distanciaste
de las huellas que dejé en el mundo
para que no te perdieras.

A ti, que no siempre crees que estoy contigo,
que me buscas sin hallarme y a veces pierdes la fe en encontrarme, a ti, que a veces piensas que soy un recuerdo y no comprendes que estoy vivo.

Yo soy el principio y el fin,
soy el camino para no desviarte,
la verdad para que no te equivoques
y la vida para no morir.

Mi tema preferido es el amor,
que fue mi razón para vivir y para morir.

Yo fui libre hasta el fin,
tuve un ideal claro
y lo defendí con mi sangre para salvarte.

Fui maestro y servidor,
soy sensible a la amistad
y hace tiempo que espero que me regales la tuya.

Nadie como yo conoce tu alma,
tus pensamientos, tu proceder,
y sé muy bien lo que vales.
Sé que quizás tu vida
te parezca pobre a los ojos del mundo,
pero Yo sé que tienes mucho para dar,
y estoy seguro que dentro de tu corazón
hay un tesoro escondido;
conócete a ti mismo
y me harás un lugar a mi.

Si supieras cuánto hace
que golpeo las puertas de tu corazón
y no recibo respuesta.

A veces también me duele que me ignores
y me condenes como Pilatos,
otras que me niegues como Pedro
y que otras tantas me traiciones como Judas.

Y hoy, te pido paciencia para tus padres,
amor para tu pareja,
responsabilidad para con tus hijos,
tolerancia para los ancianos,
comprensión para todos tus hermanos,
compasión para el que sufre,
servicio para todos.

Quisiera no volver a verte egoísta,
orgulloso, rebelde, disconforme, pesimista.

Desearía que tu vida fuera alegre,
siempre joven y cristiana.

Cada vez que aflojas, búscame y me encontrarás
cada vez que te sientas cansado,
háblame, cuéntame.
Cada vez que creas que no sirves para nada
no te deprimas,
no te creas poca cosa,
no olvides que yo necesité de un asno
para entrar en Jerusalén
y necesito a tu pequeñez
para entrar en el alma de tu prójimo.

Cada vez que te sientas solo en el camino,
no olvides que estoy contigo.
No te canses de pedirme
que yo no me cansaré de darte,
no te canses de seguirme que yo
no me cansaré de acompañarte,
nunca te dejaré solo.

Aquí a tu lado me tienes,
estoy para ayudarte.


Fuente: http://webcatolicodejavier.org/desdemicruzhastatusoledad.html
 

jueves, 21 de abril de 2011

Santísimo Cristo de la Victoria




 


 



  
















































Monasterio del Stmo. Cristo de la Victoria
MM. Agustinas Recoletas. Serradilla, Cáceres, España.
Su fiesta se celebra el 14 de septiembre.
(Agradecemos a las MM. Agustinas Recoletas por las fotos y por concedernos el permiso de publicar.)






Hacedme prudente en mis determinaciones.
Fuerte, con vuestra Gracia, en los peligros.
Paciente y manso en las pruebas y sufrimientos.
Humilde y agradecido, en las alegrías y prosperidades.
Señor Jesús:
Dame la pureza y limpieza de mi cuerpo.
La santificación de mi alma.
La modestia de mis sentidos.
Y una conducta edificante y llena de caridad con mis prójimos.
Cristo mío, concédeme la Gracia especial
que te suplico humildemente en esta novena...
Padre Nuestro. Avemaría y Gloria.

NOVENA AL STMO. CRISTO DE LA VICTORIA
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICION

Señor mío Jesucristo, mi Dios, mi Padre y
Redentor: Por ser Vos quien sois, y porque os amo
como a Bondad infinita sobre todas las cosas, me
pesa de haberos ofendido, y con vuestra gracia propongo confesarme y huir de las ocasiones de pecar.
Por la victoria que en la Cruz alcanzasteis contra el
demonio, el pecado y la muerte, os suplico, Señor
me concedáis en esta vida, para gloria vuestra, la
victoria sobre todas mis pasiones, a fin de que pueda
lograr una santa muerte. Amén.

DIA PRIMERO

Santísimo Cristo de la Victoria: Por la punzante
corona de espinas que atormentó vuestra divina
cabeza, os suplico me concedas el perdón de todos
mis pecados de pensamientos, y me fortalezcáis con
vuestra gracia para que toda mi mente os ame y os
glorifique. Amén.

(Pídanse las gracias que se deseen alcanzar
récense un Padrenuestro, un Avemaría y tres
Glorias).

ORACION FINAL

Pacientísimo Dios mío: Yo adoro vuestro amantísi-
mo Corazón, en compañía de vuestra santísima
Madre y de todos los ángeles y santos, especial-
mente de los que han sido más devotos de vuestra
Pasión: y os suplico me concedáis por los dolores
que por mí padecisteis, la gracia que os pido en esta
Novena, si ha de ser para gloria vuestra y bien de mi
alma.

¡Oh, santísima Madre de Dios! Alcanzadme el
amor de vuestro divino Hijo para amarle, imitarle y
seguirle en esta vida y gozar de El en el Cielo. Amén.
(En los demás días se hace la Novena como en
este primero, excepto la petición propia de cada día). 


DIA SEGUNDO

Santísimo Cristo de la Victoria: Por la dolorosísima flagelación que quisisteis padecer en todo vuestro
santísimo cuerpo para expiar mis pecados, os supli-
co me concedáis la gracia de no ofenderos más con mi cuerpo, sino que sepa hacer de él templo vivo del Espíritu Santo. Amen.

DIA TERCERO

Santísimo de la Victoria: Por la profunda y
dolorosa llaga de vuestro hombro, marcada con la
cruz de mis pecados, os suplico me concedáis la
gracia de abrazar con fe y amor la cruz de cada día,
para expiar mis propios desvíos y los de toda la
humanidad pecadora. Amén

DIA CUARTO

Santísimo Cristo de la Victoria: Por las heridas y
abundante sangre que derramasteis por vuestras
rodillas, al caer tres veces en el camino del Calvario,
os suplico me concedáis la gracia de levantarme
siempre de mis caídas y recaídas en el pecado,
haciendo una buena confesión y esforzándome en
vivir en vuestra gracia y amistad. Amén.

DIA QUINTO

Santísimo Cristo de la Victoria: Por la profunda
llaga de vuestra mano izquierda y por el acerbo dolor
que padecisteis al ser clavada en la Cruz, os suplico
me perdonéis todo cuanto os ofendí con mis manos,
y me concedáis la gracia de emplearlas en obras de
caridad y en hacer todo lo que es bueno y recto ante
vuestros ojos. Amén.

DIA SEXTO

Santísimo Cristo de la Victoria: Por la dolorosísima
llaga de vuestra mano derecha y por el tormento que
sufristeis al ser clavada en la Cruz, os suplico me
perdonéis todos mis pecados de omisión, todo el
bien que dejé de hacer por pereza o respetos huma-
nos, y me concedáis la gracia de hacer todo e! bien
posible a los demás, para imitaros a Vos. Amén
DIA SEPTIMO
Santísimo Cristo de la Victoria: Por las profundas llagas y abundante sangre que manaron vuestros pies divinos al ser clavados en la Cruz, os suplico me perdonéis todo cuanto os ofendí caminando por caminos de error y de pecado, y me concedáis la gracia de no separarme en adelante del sendero recto de vuestra Santísima Voluntad. Amén.

DIA OCTAVO
Santísimo Cristo de la Victoria: Por vuestra dolorosísima agonía en la Cruz y por el desamparo en que os dejó vuestro Padre Celestial en aquella hora suprema, os pido la gracia de una santa muerte, acompañado por Vos y por vuestra Madre santísima y Madre nuestra, mereciendo por vuestros méritos infinitos y por su intercesión maternal, morar para siempre en el Cielo. Amén.

DIA NOVENO
Santísimo Cristo de la Victoria: Por la profunda lanzada con que fue atravesado vuestro costado y Sagrado Corazón, después de morir en la Cruz, y por la fuente de sangre y agua que brotó de esa bendita llaga, os suplico lavéis mi alma, mi cuerpo, mi vida y todo mi ser, y me revistáis del hombre nuevo, a vuestra imagen y semejanza, para que pueda amaros y serviros fielmente Toda mi vida, buscando vuestra mayor gloria y la salvación de mi alma. Amén.

Fuente: www.corazones.org
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