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jueves, 23 de febrero de 2017

El Camino.



Cuando los primeros discípulos se encontraron con Jesús, le preguntaron: “Señor, ¿dónde vives?”, y Él les respondió: “Vengan y lo verán”. 

Y así es la vida cristiana, porque para llegar al Cielo hay que vivir según Cristo nos enseña, y al principio hay que entrar por el camino arduo del cumplimiento de los Diez Mandamientos, pero luego, a medida que vamos transitando por el camino, comenzamos a descubrir cosas maravillosas, como el amor de Dios por nosotros y se nos hace feliz la vida. Pero primero hay que pasar por el camino del esfuerzo, de la renuncia y lanzarnos adelante con la ayuda de Dios.

Muchos, al comenzar a caminar por el camino del cumplimiento de los Mandamientos, lo abandonan porque lo consideran difícil, y así nunca llegan a saber los grandes tesoros que el Señor les tenía reservados en este camino regio.
Quienes se mantienen fieles a Dios, cuando van descubriendo todas las hermosuras que Dios les preparó en dicho camino, quisieran comentarlas con los demás, con todos los hombres. Pero es necesario que cada uno ingrese por el camino escarpado de los Diez Mandamientos, y que en los primeros tiempos sufra para tratar de ser bueno y vivir en gracia de Dios. Entonces, llegado el momento, la persona comienza a gustar las delicias que Dios le ha preparado desde toda la eternidad, y que en el Cielo serán poco menos que infinitas. 

Así que hagamos el intento, como el alpinista, que se esfuerza durante todo el camino de subida al monte, pero al final descubre una vista panorámica que premia todo el trabajo realizado. 

Las tentaciones son muchas, pero con la gracia de Dios y sus ayudas, que las debemos pedir en la oración, podemos ¡y debemos! entrar por el camino de la conversión, del cumplimiento de la Ley de Dios, para saborear dentro de un tiempo, las delicias del amor de Dios. 

Hay que ir tras el Señor, dejar todo el pasado y entrar por la puerta estrecha y el camino angosto, que el Señor recorrió primero. Tendremos tentaciones de salirnos del camino, de entregarnos al pecado y “disfrutar de la vida”, pero si para ello incumplimos los Mandamientos, entonces estaremos siendo engañados miserablemente y ese camino, a pesar de ser dulce al principio, se va haciendo cada vez más amargo, y termina, al final, en el fondo del Infierno eterno. 

En cambio, el camino bueno, comienza siendo difícil y amargo al principio, pero luego se va endulzando sobremanera, y al final termina en el Corazón de Dios, en el Cielo bendito y eterno para el que fuimos creados por Dios, y donde seremos para siempre felices con una felicidad imposible de imaginar


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