Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Granito de arena de Esperanza...San José

 


San José, permanece cerca de quienes viven lejos de su tierra, de quienes anhelan paz, estabilidad y la tranquilidad de un hogar seguro.

🌿🌿🌿

San José, ayúdanos a mantener nuestros ojos fijos en Dios, nuestros corazones fieles a Su voluntad y nuestros pasos siempre en el camino que conduce a Él.
🌿🌿🌿

San José, no permitas que las cosas de este mundo me aparten de Dios. Ayúdame a buscar primero aquello que me acerca más a Él
🌿🌿🌿

San José, terror de los demonios, luz de las familias y refugio de quienes confían en Dios.

martes, 29 de septiembre de 2026

Ángel de mi guarda

Dulce compañero del camino, que nunca me olvide de ti, despiértame cuando me quedé dormido, enséñame cuando ignore algo, levántame cuando caigo, guíame en el camino al cielo.

Ángel de mi guarda ven en mi auxilio


Hoy la Iglesia celebra a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.



Tres nombres que nos revelan las Escrituras. Tres misiones distintas. Y una misma verdad: los ángeles existen y sirven a Dios enteramente.

¿Qué es un ángel?
La palabra "ángel" significa mensajero.

Ángeles

1️⃣2️⃣ La Iglesia enseña que la existencia de los seres espirituales que llamamos ángeles es una verdad de fe.

No son símbolos ni una forma poética de hablar.
«La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe» (CEC 328).

3️⃣ Entre ellos, la liturgia celebra hoy a tres cuyo nombre aparece en la Escritura:

Miguel.
Gabriel.
Rafael.

Y resulta precioso que sus propios nombres hablen de Dios.

4️⃣ MIGUEL.
Su nombre hebreo, Mika’el, significa:

«¿Quién como Dios?».

No es simplemente una pregunta. Es casi un grito de batalla: nadie puede compararse con Dios.

5️⃣ Miguel aparece en el libro de Daniel como protector del pueblo de Dios (cf. Dan 10,13; 12,1).

Y en el Apocalipsis lo encontramos al frente del combate celestial:
«Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón» (Ap 12,7).

6️⃣ San Miguel nos recuerda que la vida cristiana tiene una dimensión de combate espiritual.

El mal existe. El demonio existe. La tentación existe.
Pero el cristiano no vive asustado, porque la victoria pertenece a Cristo:

«Ellos lo vencieron en virtud de la sangre del Cordero» (Ap 12,11).

7️⃣ GABRIEL.
Su nombre significa aproximadamente:

«Fortaleza de Dios» o «Dios es mi fuerza».

Es el gran mensajero de los acontecimientos que preparan inmediatamente la Encarnación.

8️⃣ Gabriel anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan Bautista:

«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios» (Lc 1,19).

Y después es enviado por Dios a Nazaret.
Allí comienza uno de los diálogos más grandes de la historia.

9️⃣ «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28).

Gabriel anuncia a María que concebirá al Hijo del Altísimo.
El arcángel desaparece después de cumplir su misión.
Eso dice mucho sobre los ángeles: anuncian a Dios y se retiran para que Él ocupe todo el espacio.

🔟 RAFAEL.
Su nombre significa:

«Dios cura».

Su historia aparece en el precioso libro de Tobías.
Rafael acompaña al joven Tobías durante su viaje sin que este conozca al principio su verdadera identidad.

1️⃣1️⃣ Guía el camino, protege a Tobías, interviene en la curación de Sara y enseña cómo sanar la ceguera de Tobit.

Al final revela quién es:
«Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor» (Tob 12,15).

1️⃣2️⃣ Rafael nos recuerda una de las formas más delicadas de actuar de Dios.

Muchas veces su Providencia nos acompaña antes incluso de que nosotros sepamos reconocerla.
Solo después comprendemos quién nos sostuvo durante el camino.

1️⃣3️⃣ Miguel combate.
Gabriel anuncia.
Rafael acompaña y sana.

Tres misiones diferentes, pero ninguna nace de ellos mismos.
Los tres sirven al mismo Señor.
Ese es precisamente el secreto de la grandeza de los ángeles: no viven para sí.

1️⃣4️⃣ Por eso la verdadera devoción a los santos ángeles nunca puede convertirse en una búsqueda de fenómenos extraordinarios, nombres secretos o supuestos mensajes privados.

Los ángeles auténticos llevan siempre hacia Dios.
Nunca apartan de Cristo.

1️⃣5️⃣ Miguel nos enseña a poner a Dios por encima de todo.
Gabriel, a escuchar y transmitir su Palabra.
Rafael, a dejarnos conducir por la Providencia y acompañar a quienes caminan heridos.

También nosotros tenemos que combatir, escuchar y caminar.

Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, rogad por nosotros.





El Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios (1 Cor 2,10)


Grande, poderoso en sus dones, admirable, es el Espíritu Santo. (…) Has visto el poder que ejerce en el mundo entero. Que no te quedes a ras del suelo, sino elévate hacia el cielo. Sube en tus pensamientos al primer cielo y contempla las miríadas de ángeles que allí están. Si puedes, sube con tus pensamientos a mayor altura. Contempla los arcángeles, contempla a los espíritus, mira las Virtudes, (…) las Dominaciones. Dios ha dado al Paráclito como Señor y santificador de todos ellos.

Necesitan de él Elías, Eliseo e Isaías entre los hombres. Entre los ángeles, Miguel y Gabriel. Ninguna de las cosas creadas le iguala en honor. Todas las clases de ángeles y todos los ejércitos juntos no tienen comparación con el Espíritu Santo. A todos ellos eclipsa la potencia sumamente buena del Paráclito. Si alguno de ellos es enviado a realizar un ministerio (Cf. Heb 1, 14), escruta las profundidades de Dios, como dice el Apóstol “El Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios. En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Cor 2,10-11).

 San Cirilo de Jerusalén (313-350)

obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal XVI, 22.23 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993), trad. sc©evangelizo.org

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

 

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la lucha.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica.
Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido,
arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.



Oración por la intercesión de San Gabriel


“San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor; Permanece siempre delante de nuestros ojos, te imploramos, para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue. San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
Amén”.
Fuente: hozana

Oración de sanación a San Rafael



“Oh bondadoso y guía espiritual San Rafael arcángel, yo te invoco como el patrón de aquellos que están afligidos por la enfermedad o dolencia corporal. Tú hiciste preparar el remedio que sanó la ceguera del anciano Tobías, y tu nombre significa "El Señor sana".

Me dirijo a ti, misericordioso San Rafael Arcángel, implorando tu auxilio divino en mi necesidad actual - mencionar aquí la petición - Si es la voluntad de Dios, dígnate a sanar mi enfermedad, o al menos, concédeme la gracia y la fuerza que necesito para poder soportarla con paciencia, ofreciéndola por el perdón de mis pecados y por la salvación de mi alma.

San Rafael, amigo de los caminos, enséñame a conservar la fe en los sufrimientos y unir mis dolores con los de Jesús y de María, y buscar la gracia de Dios en la oración y la comunión. Deseo imitarte en tu afán de hacer la voluntad de Dios en todas las cosas. Como el joven Tobías, yo te elijo como mi compañero en mi viaje, a través de este valle de lágrimas. Deseo seguir tus inspiraciones cada paso del camino, para que pueda llegar al final de mi viaje bajo tu protección constante y en la gracia de Dios.

Oh Arcángel San Rafael Bendito, tú te revelaste a ti mismo como el asistente divino del Trono Dios, ven a mi vida y asísteme en este momento de prueba. Dame la sanación de esta enfermedad que ha traído dolores y desgracias a mi vida. Concédeme la gracia y la bendición de Dios y el favor que te pido por tu poderosa intercesión. Oh gran Médico de Dios, dígnate a curarme, como lo hiciste con Tobías si es la voluntad del Creador. San Rafael, Recurso de Dios, Ángel de la Salud, Medicina de Dios, ruega por mí.

Amén.”
Fuente:hozana

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel, Ministro del Altísimo,
con devoción os alabo por la ternura con que os mira
la Santísima Virgen viendo los combates
que habéis librado y libráis sin cesar
para establecer el reinado de su amado
Hijo, Dios y Redentor
nuestro, en el mundo.


CONSAGRACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL


Oh noble príncipe de los ángeles, valiente
guerrero del Altísimo, celoso
defensor de la gloria del Señor, terror de los
espíritus malignos, amor y deleite de todos
los ángeles justos, mi queridísimo Arcángel
San Miguel, deseando ser parte del número
de tus devotos y servidores, a ti hoy me consagro,
me entrego, me ofrezco y coloco, a
mi familia y todo lo que me pertenece, bajo
tu más poderosa protección.

La ofrenda de mi servicio es pequeña,
siendo como soy un miserable pecador, pero
magnificarás el cariño de mi corazón; a partir
de ahora estoy bajo tu apoyo y confío
que sabrás ayudarme durante toda mi vida,
y obtener para mí el perdón de mis muchos
y graves pecados, la gracia de amar a Dios
con todo el corazón, a mi querido Salvador
Jesucristo y a mi madre María Santísima;
obtén para mí las ayudas que necesito para
alcanzar la corona de la gloria eterna.

Defiéndeme de los enemigos del alma,
especialmente en el momento de la muerte.
Ven, oh príncipe glorioso, a asistirme en
la última batalla y con tu poderosa arma
arroja a los abismos del infierno, ese ángel
orgulloso y rompedor de promesas que una
vez postraste en la Gran Batalla que se dio
en el Cielo cuando los ángeles fueron
creados y puestos a prueba.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la
lucha para que no perezcamos en el juicio
supremo.
Amén.

lunes, 28 de septiembre de 2026

SAN MIGUEL ARCÁNGEL, DAME PAZ Y AYÚDAME A DORMIR


San Miguel Arcángel, esta noche acudo a ti con el corazón cansado y la mente llena de pensamientos. Me cuesta descansar, mi mente no se detiene y la ansiedad intenta robarme la tranquilidad. Por eso, antes de cerrar mis ojos, pongo mi vida y mi descanso en las manos de Dios.

San Miguel Arcángel, permanece a mi lado durante esta noche. Con tu espada de luz, aparta de mi mente todo pensamiento que me atormenta, toda preocupación por lo que todavía no ha sucedido y todo temor que me impide descansar. Ayúdame a dejar para mañana aquello que hoy ya no puedo resolver.

Cubre mi habitación con tu protección y llena este lugar de paz. Que mi mente encuentre calma, que mi respiración se tranquilice y que mi cuerpo pueda liberar poco a poco toda la tensión acumulada durante el día.

Cuando aparezcan pensamientos negativos, ayúdame a recordar que no estoy solo. Cuando llegue la ansiedad, recuérdame que Dios está conmigo y que puedo entregar en sus manos aquello que no puedo controlar.

San Miguel, protege también a mi familia y a todos mis seres queridos. Coloca tu escudo celestial alrededor de nuestro hogar y permite que esta noche reine la tranquilidad entre estas paredes.

Aleja de mi descanso todo miedo, angustia, pesadilla y pensamiento que quiera perturbar mi sueño. Que ninguna preocupación tenga más fuerza que mi fe.

Esta noche decido soltar mis cargas. Entrego a Dios mis problemas, mis preocupaciones, mis pendientes y todo aquello que pesa sobre mi corazón. No necesito resolverlo todo ahora. Por esta noche, permito que mi alma descanse.

San Miguel Arcángel, quédate junto a mí mientras duermo. Guarda mi habitación, mi hogar y a mi familia. Que tus alas sean un refugio y que la luz de Dios ilumine mis sueños.

Que esta noche pueda dormir profundamente, despertar renovado y recibir un nuevo día con esperanza.

San Miguel Arcángel, dame paz en mi mente, descanso en mi cuerpo y tranquilidad en mi corazón. Bajo la protección de Dios, cierro mis ojos y descanso. Amén.

El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente grande


«Vengan, dice Cristo a sus discípulos, y aprendan de mí», ciertamente que no a expulsar demonios por el poder del cielo, ni a curar leprosos, ni a devolver la vista a los ciegos, ni a resucitar muertos...; sino, dice él: «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11:28-29). En efecto, esto es lo que todos podemos aprender y practicar. Hacer signos y milagros no siempre es necesario, ni tan sólo ventajoso para todos, ni tampoco se concede a todos.
Es, pues, la humildad la maestra de todas las virtudes, fundamento inquebrantable de todo el edificio, don magnífico y propio del Señor. El que la posea podrá hacer, sin peligro de enaltecerse, todos los milagros que Cristo obró porque busca imitar al manso Señor, no en la sublimidad de sus prodigios sino en las virtudes de la paciencia y la humildad. Por el contrario, el que está deseoso de mandar a los espíritus impuros, de devolver la salud a los enfermos, de mostrar a las multitudes cualquier signo maravilloso, podrá invocar el nombre de Cristo en medio de toda su ostentación, pero es extraño a Cristo porque su alma orgullosa no sigue al maestro de humildad.
Este es el legado que el Señor hizo a sus discípulos poco antes de volver a su Padre: «Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros; como yo los he amado »; e inmediatamente añade: «En esto conocerán que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros» (Jn 13:34-35). Y es cierto que el que no es manso ni humilde no podrá amar así.

 San Juan Casiano (c. 360-435)

fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias, nº 15, 6-7.evangelizo.org

Evangelio,Reflexión,

 Lunes 28 de septiembre del 2026.


El ego nos convence de que el respeto se gana demostrando constantemente que somos mejores o más importantes que el resto.

​Piensa en una carrera donde los competidores, en lugar de mirar hacia la meta, se dedican a meterse el pie unos a otros para asegurar el primer puesto. Al final, el triunfo pierde todo su sentido frente al desgaste de la rivalidad.

​Esa dinámica de competencia diaria nos agota. En la oficina, en la familia o en nuestro entorno, muchas veces buscamos validación restando mérito a lo que hacen otros, sobre todo si no pertenecen a nuestro pequeño grupo de confianza.

​Llegamos a creer que el bien tiene dueño. Nos volvemos jueces de los esfuerzos ajenos y cerramos la puerta a personas que, desde su propia historia y con sus propias herramientas, están aportando valor a nuestro alrededor.

​Ahí es donde Lucas 9, 46-50 rompe nuestros esquemas. Ante unos discípulos obsesionados por los rangos y celosos de quienes actuaban fuera de su grupo, Jesús pone a un niño al centro: recordándonos que la autoridad real nace de la sencillez y que nadie tiene el monopolio de las buenas obras.

​Hoy suelta la necesidad de ser el protagonista de todas las historias. Atrévete a aplaudir el logro de alguien que piensa distinto a ti y elige hacer el bien sin exigir los créditos.





domingo, 27 de septiembre de 2026

Evangelio,Reflexión

 Domingo 27 de septiembre del 2026.


Las palabras bonitas compran tiempo, pero las acciones construyen confianza. Todos hemos sido víctimas de una promesa vacía, y a veces, nosotros mismos somos quienes la hacemos.

Piensa en ese compañero de proyecto que siempre dice "yo me encargo" en las reuniones para quedar bien frente a todos, pero a la hora de entregar resultados y enfrentar la verdadera carga de trabajo, simplemente desaparece.

Acostumbramos medir a las personas por sus buenas intenciones. Construimos expectativas basadas en lo que la gente afirma que hará, y terminamos frustrados cuando la realidad choca contra el discurso.

Pero la verdadera grandeza humana opera de manera distinta. ¿Cuántas veces has respondido a alguien con un "no" rotundo por estrés, cansancio o puro egoísmo, y al rato sientes esa punzada en la conciencia que te hace levantarte y ayudar?

Esa capacidad de rectificar es lo que le da sentido y solidez a nuestra vida diaria. No importa si tu primera reacción fue ponerte a la defensiva. Lo valioso es saber frenar el orgullo, dar un paso atrás y esforzarte por el bienestar de tu familia o tus amigos.

Esta es exactamente la radiografía del corazón que nos expone Mateo 21, 28-32. El relato nos presenta a un padre que envía a sus dos hijos a trabajar a la viña.

El primero responde con obediencia inmediata y educada, pero jamás llega al campo. El segundo le lanza una negativa rebelde, pero el arrepentimiento lo alcanza, cambia de actitud y termina cumpliendo con el trabajo pesado.

Jesús es claro al señalar que el camino de Dios le pertenece a los que saben dar marcha atrás a sus equivocaciones. Quienes cargan con tropiezos, pero rectifican con acciones, superan por mucho a los que presumen una moralidad impecable que no se sostiene con hechos.

Hoy es el momento para revisar esas promesas que dejaste en el aire o ese favor que negaste por simple pesadez. Rompe la inercia, deja a un lado las excusas y sal a hacer eso que en el fondo sabes que debes hacer.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Nos gusta vivir en la cima...

 Sábado 26 de septiembre del 2026.

Nos gusta vivir en la cima de la montaña y que aplaudan nuestros triunfos, pero cuando la vida nos exige hablar de posibles caídas, preferimos mirar hacia otro lado.

​Piensa en alguien que recibe sus análisis médicos alterados. En lugar de pedirle al doctor el diagnóstico, decide guardar el papel en el fondo de un cajón, convencido de que si no se habla del problema, este desaparecerá por arte de magia.

​Vivimos esquivando las conversaciones que nos incomodan. Cuando todo marcha bien en el trabajo o la relación parece perfecta, cerramos los oídos ante cualquier señal de alerta.

​Ese miedo a preguntar es lo que nos estanca. Creemos que la ignorancia voluntaria nos protege, cuando en realidad nos quita la capacidad de prepararnos para los golpes inevitables.

​Madurar implica entender que la vida no es una racha infinita de aplausos. Aceptar que habrá momentos duros te quita la venda de los ojos y te da el control para afrontar lo que venga sin que te destruya.

​Esta es la ceguera que encontramos en Lucas 9, 43-45. La multitud estaba deslumbrada por los milagros de Jesús, pero cuando Él les advierte sobre su inminente sufrimiento, los discípulos, embriagados de éxito, no entendieron y el miedo los enmudeció.

​Deja de esconder tus conflictos debajo de la alfombra por temor a la respuesta. Atrévete a hacer esa pregunta difícil hoy y afronta tu realidad de frente.

Granito de arena de Esperanza, Sábado de LA VIRGEN

Hoy 26 de septiembre se recuerda a:

Nuestra Señora del Pozo (Madonna del Pozzo), una advocación mariana venerada principalmente en Italia y en algunas comunidades católicas de Latinoamérica.

Se relaciona con un milagro ocurrido en el año 1256, cuando una imagen de la Virgen cayó a un pozo y las aguas comenzaron a brotar con fuerza hasta elevarla. Es invocada frecuentemente como protectora y consuelo para quienes atraviesan momentos de tristeza o sufrimiento.




Nuestra Señora Madre del Divino Pastor (o Divina Pastora de las Almas)

El fraile capuchino Fray Isidoro de Sevilla (1662-1750), tuvo una visión de la Virgen María vestida con atuendo de pastora, durante la oración, lo que le inspiró a propagar esta devoción.



La Santísima Madre de Lesna (1683).
Leśna Podlaska (Polonia).
Dos pastores que cuidaban sus ovejas, vieron una luz intensa entre la vegetación.
Se acercaron y descubrieron una imagen de la Virgen María grabada en una piedra circular sobre un árbol.

🌹🌹🌹

María, bajo tu manto nadie es invisible.
Hoy te consagro nuestra vida y nuestras familias. Abraza a los niños, especialmente a quienes crecen sin amor ni protección. Enséñanos a cuidarlos y llévanos a Jesús.
Que ninguno se sienta solo. Amén.




Evangelio,Reflexión, Sábado 26 de septiembre del 2026.



Nos gusta vivir en la cima de la montaña y que aplaudan nuestros triunfos, pero cuando la vida nos exige hablar de posibles caídas, preferimos mirar hacia otro lado.

​Piensa en alguien que recibe sus análisis médicos alterados. En lugar de pedirle al doctor el diagnóstico, decide guardar el papel en el fondo de un cajón, convencido de que si no se habla del problema, este desaparecerá por arte de magia.

​Vivimos esquivando las conversaciones que nos incomodan. Cuando todo marcha bien en el trabajo o la relación parece perfecta, cerramos los oídos ante cualquier señal de alerta.

​Ese miedo a preguntar es lo que nos estanca. Creemos que la ignorancia voluntaria nos protege, cuando en realidad nos quita la capacidad de prepararnos para los golpes inevitables.

​Madurar implica entender que la vida no es una racha infinita de aplausos. Aceptar que habrá momentos duros te quita la venda de los ojos y te da el control para afrontar lo que venga sin que te destruya.

​Esta es la ceguera que encontramos en Lucas 9, 43-45. La multitud estaba deslumbrada por los milagros de Jesús, pero cuando Él les advierte sobre su inminente sufrimiento, los discípulos, embriagados de éxito, no entendieron y el miedo los enmudeció.

​Deja de esconder tus conflictos debajo de la alfombra por temor a la respuesta. Atrévete a hacer esa pregunta difícil hoy y afronta tu realidad de frente.

Recibir y anunciar la pasión de nuestro Redentor


Sin la mínima iniquidad en sí mismo, ya que “no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca” (1 Pe 2,22), el Señor ha sufrido y soportó el sufrimiento de la cruz para nuestra redención. Sólo él, es el único en el mundo que hace subir oraciones puras hacia el Padre. Aún en medio del sufrimiento de su pasión, ha rezado por sus persecutores, diciendo “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” (Lc 23,24). ¿Qué podemos decir, qué podemos imaginar más alto que acordar la misericordia de la intercesión a los mismos responsables del sufrimiento que soporta? (…)

“Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor” (Jb 16,18) Esta tierra, lo sabemos, no esconde la sangre de nuestro Redentor. Porque recibiendo el valor de su redención, cada pecador lo confiesa, lo alaba y se preocupa de hacerlo conocer a su prójimo. La tierra no se ha cubierto de su sangre porque la Iglesia ya ha predicado el misterio de la Redención en todo el mundo. (…)
Si queremos que el sacramento de la pasión del Señor no permanezca en nosotros en vano, debemos imitar y anunciar a otros el Dios que veneramos. Su grito permanecerá escondido en nosotros si nuestra boca se calla acerca de lo que nuestra alma cree. Para que su grito no permanezca escondido en nosotros, debemos dar a conocer a los que nos rodean, por todos los medios, el misterio de nuestra regeneración.

 San Gregorio Magno (c. 540-604)

papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job, Libro XIII (SC 212 (Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org

viernes, 25 de septiembre de 2026

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

No habría victoria sobre la muerte.
No habría esperanza.
No habría salvación.

San Pablo lo dijo sin rodeos:

«Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Co 15,14).

Por eso la Resurrección no es un bello final añadido a la historia de la Pasión.

Es el acontecimiento sobre el que se sostiene todo lo demás.
La Cruz muestra el amor de Cristo hasta el extremo.
La Resurrección manifiesta que la muerte no tuvo la última palabra.

Los discípulos pasaron del miedo y la huida a anunciar públicamente que habían visto al Resucitado. Y esa proclamación cambió sus vidas y la historia.

Cristo no resucitó simplemente para demostrar que podía vencer la muerte.

Resucitó para abrirnos el camino hacia una vida que la muerte ya no puede destruir.
Por eso nuestra fe no está fundada en una bella idea.
Está fundada en una Persona que murió, fue sepultada y resucitó.

Cristo vive.
Y si Cristo vive, la muerte no tiene la última palabra.




No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo


Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)
Fuente:opusdei

Vivimos rodeados de opiniones ajenas...

 Vivimos rodeados de opiniones ajenas. Todos parecen saber quién eres, qué debes hacer o hacia dónde te diriges, pero muy pocos se detienen a conocerte en la intimidad.

​Piensa en esa figura pública o en ese amigo del que todos hablan a sus espaldas. La multitud siempre construye una versión superficial basada en rumores o expectativas, pero solo su círculo más cercano conoce el peso real de sus batallas y la profundidad de sus propósitos.

​Nos resulta demasiado fácil comprar ideas prestadas. Repetimos lo que se dice en los pasillos de la oficina, en las reuniones familiares o en las tendencias de internet, porque seguir la corriente exige menos esfuerzo que forjar una convicción propia.

​Pero la vida nos demuestra que no puedes sostenerte de rumores cuando llegan los momentos difíciles. Conocer verdaderamente a alguien requiere intimidad. Exige sentarse a conversar a solas, entender sus silencios y aceptar que madurar a veces implica atravesar el dolor.

​Ese es el punto de quiebre en Lucas 9, 18-22. Jesús se aleja del ruido para orar y reta a sus amigos a dar una respuesta auténtica. Pedro ignora lo que "dice la gente" y lo reconoce como el Mesías, aquel que debe enfrentar el sufrimiento y la muerte para alcanzar la resurrección.

​Hoy, apaga las voces externas. Date un momento de silencio, asume tus propios procesos con valentía y responde desde tu experiencia interior quién es Él en tu vida. Sal y camina con esa seguridad.







ORACIÓN DE LA MAÑANA


Señor, Tú eres nuestra roca y nuestra fortaleza; en nuestra pequeñez, enséñanos a vivir sostenidos por Ti.

(Cf. Salmo 143)
Viernes, 25 de septiembre de 2026

Señor mío y Dios mío:

Hoy queremos comenzar reconociendo de dónde viene nuestra verdadera fortaleza. No nace de nuestras propias fuerzas, ni de nuestras capacidades, ni de nuestras seguridades, todo lo hemos recibido de Ti, Señor, y es Tu gracia la que nos sostiene. Nuestra fortaleza está en Ti.

Tú eres nuestra roca firme, nuestro amigo fiel, nuestro refugio y el escudo bajo el cual podemos ampararnos. Cuando nos sintamos fuertes, no permitas que olvidemos que todo bien procede de Ti; y cuando sintamos que ya no podemos más, recuérdanos que podemos apoyarnos en Ti.

Prepáranos, Señor, para las luchas de cada día. No para combatir contra nuestros hermanos, sino para enfrentar aquello que verdaderamente amenaza nuestro corazón: el desaliento, el egoísmo, el orgullo, la desesperanza, la tentación de abandonar y todo aquello que pueda alejarnos de Ti.

Danos fortaleza para perseverar,
serenidad para afrontar las dificultades,
sabiduría para tomar decisiones,
paciencia para saber esperar,
humildad para reconocer nuestros errores
y fe para seguir caminando.

Pero hoy Tu Palabra también nos hace mirar nuestra pequeñez. ¿Qué somos nosotros, Señor, para que te fijes en nosotros? Nuestra vida pasa rápidamente; nuestros días son como una sombra que se desvanece y tantas cosas que hoy parecen importantes mañana habrán quedado atrás.

Y, sin embargo, Tú te fijas en nosotros. Conoces nuestro nombre, escuchas nuestra oración, te importan nuestras lágrimas, conoces nuestras luchas, acompañas nuestros pasos y permaneces cerca de nosotros.

Que esta certeza nos haga humildes y agradecidos. Que comprender la fragilidad de nuestra vida no nos lleve a la tristeza, sino que nos enseñe a vivir cada día con mayor profundidad: a amar mientras podamos amar, a perdonar mientras tengamos tiempo, a hacer el bien cuando tengamos la oportunidad y a no desperdiciar la vida lejos de Ti.

Ponemos bajo Tu amparo a nuestras familias, a quienes amamos y a todos aquellos que hoy necesitan fortaleza.

Sé roca para quien siente que todo se tambalea,
refugio para quien atraviesa una tormenta,
escudo para quien se siente indefenso
y esperanza para quien comienza a perderla.

Cuando nuestras fuerzas no alcancen, que sepamos refugiarnos en Ti; cuando nos sintamos pequeños, recuérdanos que nos miras con amor; cuando pensemos que estamos solos, haznos reconocer Tu presencia; y cuando olvidemos lo breve que es nuestra vida, enséñanos a vivirla contigo y para Ti.

Bendito seas, Señor, nuestra roca firme.
Bendito seas, nuestra fortaleza.
Bendito seas, nuestro refugio y nuestro amparo.

Que nuestra fragilidad nunca nos haga olvidar la grandeza de Aquel que nos sostiene.




Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: «¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1C 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2C 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Col 1,15s). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.

Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Jn 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.

Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Ap 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios..., el Hijo de María... Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Rm 10,18) y por los siglos de los siglos.

 San Pablo VI

papa 1963-1978
Homilía en Manila, 29•11•1979.evangelizo.org

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Les envió por primera vez


Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.

¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.

 San Carlos de Foucauld (1858-1916) ermitaño y misionero en el Sahara

Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912.evangelizo.org

ORACIÓN A SAN JOSÉ, TERROR DE LOS DEMONIOS


«San José, terror de los demonios, lanza tu solemne mirada sobre el demonio y todos sus secuaces, y protégenos con tu poderosa vara. Huiste de noche para evitar los malvados planes del maligno; ahora, con el poder de Dios, ¡aniquila a los demonios que huyen de ti! Te suplicamos que protejas especialmente a los niños, a los padres, a las familias y a los moribundos. Por la gracia de Dios, ningún demonio se atreve a acercarse cuando tú estás cerca, y por eso te pedimos que ¡siempre estés junto a nosotros!»

Amén.





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