Señor mío y Dios mío, en este amanecer nos presentamos ante Ti con el corazón abierto, deseosos de bendecirte y reconocer que todo cuanto existe habla de Tu grandeza. Tú eres Rey eterno, y Tu reino permanece firme por los siglos; por eso hoy queremos vivir conscientes de Tu presencia y de Tu amor que sostiene nuestras vidas.
Concédenos, Señor, que cada obra nuestra sea alabanza para Ti, que nuestras palabras transmitan esperanza y que nuestras acciones den a conocer Tus maravillas.
Que no vivamos para nosotros mismos, sino para manifestar la belleza de Tu reino en medio de lo cotidiano, en lo sencillo y en lo oculto.
Haznos testigos de Tu poder y de Tu fidelidad, para que quienes nos rodean puedan descubrir en nosotros el reflejo de Tu gloria.
Que nunca olvidemos que Tu imperio es eterno y que todo lo que hacemos tiene sentido cuando está orientado hacia Ti.
Pon en nuestros labios una alabanza constante y en nuestro corazón una gratitud sincera, para bendecirte en todo momento, en la alegría y en la dificultad, sabiendo que Tú permaneces siempre fiel.
Y que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío.

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