Señor Jesús Sacramentado, hoy vengo a ti con el corazón pesado… con una tristeza que a veces no sé explicar y un cansancio del alma que me cuesta cargar. Tú conoces esos silencios que duelen, esas lágrimas que no siempre salen y esos días en los que simplemente me cuesta seguir. No vengo a aparentar fuerza… vengo a refugiarme en tu amor.
Jesús, entra en lo más profundo de mi interior. Toca esas heridas que han quedado abiertas, esos vacíos que nada parece llenar y esos pensamientos que me hacen sentir sin esperanza. Hay momentos en los que me siento apagado, sin ánimo, sin dirección… pero hoy te entrego esa oscuridad que llevo dentro, confiando en que tu luz puede alcanzarla.
Sana mi tristeza, Señor… esa que me roba la alegría y me hace ver todo gris. Sana mi depresión… esa que me aísla, que me cansa, que me hace sentir que no soy suficiente. Abrázame con tu presencia viva, envuélveme en tu ternura y recuérdale a mi alma que no estoy solo, que Tú permaneces incluso cuando no logro sentirlo.

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