Hoy la Iglesia nos pone delante una verdad muy actual: podemos conocer a Dios… y, sin embargo, seguir viviendo “de noche”, como Nicodemo. Y ahí empieza el problema… y la gracia.
1️⃣ Nicodemo se acerca a Jesús, pero “de noche” (Jn 3,2). Cree, sí… pero con miedo. Es una fe tímida, aún no transformada. ¿No nos pasa también? Sabemos quién es Cristo, pero nos cuesta dar el paso.
2️⃣ Jesús no le responde con teoría, sino con una exigencia radical: “tenéis que nacer de nuevo” (Jn 3,7). No basta con mejorar un poco. No basta con “portarse bien”. Hace falta una vida nueva.
3️⃣ Y esa vida nueva no viene de nosotros. Es pura gracia. “El que no nazca de agua y de Espíritu…” (Jn 3,5). Está hablando del Bautismo, pero también de una vida abierta al Espíritu cada día.
4️⃣ Aquí está la clave: no es esfuerzo humano sin más. Es dejar que Dios actúe. La santidad no es fabricarse a uno mismo, sino dejarse rehacer por Dios.
5️⃣ En los Hechos vemos el resultado: los apóstoles, llenos del Espíritu, pasan del miedo a la valentía. “Predicaban con valentía la palabra de Dios” (Hch 4,31). Eso lo cambia todo.
6️⃣ ¿Qué ha ocurrido? Han rezado. Han pedido. Han confiado. Y Dios ha actuado. El lugar tiembla… pero sobre todo tiembla el corazón, que se abre a la gracia.
7️⃣ Mientras tanto, el mundo sigue conspirando: “¿Por qué se amotinan las naciones?” (Sal 2). Nada nuevo. El rechazo a Dios es constante… pero también es constante la victoria de Dios.
8️⃣ Y aquí una verdad que da paz: Dios no pierde el control. Incluso lo que parece oposición entra en su plan. La cruz no fue un fracaso, fue salvación.
9️⃣ Por eso el salmo termina así: “Dichosos los que se refugian en ti, Señor”. No los más fuertes, no los más influyentes… los que se apoyan en Dios.
🔟 Hoy la pregunta es muy sencilla: ¿quiero seguir siendo un Nicodemo “de noche”… o dejar que el Espíritu me haga nacer de nuevo?
1️⃣1️⃣ Porque el Espíritu sigue actuando. No hace ruido espectacular muchas veces… pero transforma desde dentro. Y eso se nota: da paz, da valentía, da claridad.
1️⃣2️⃣ Y cuando uno vive así, deja de esconder la fe. Empieza a vivirla, a anunciarla, a sostenerla… incluso cuando cuesta.
Pidamos hoy esa gracia: nacer de nuevo. No con nuestras fuerzas, sino dejándonos hacer por Dios.
Fuenta: Sacerdos in æternum

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma