Señor Jesús Sacramentado, hoy me acerco a ti con humildad y confianza. Tú conoces mi cuerpo, cada célula, cada herida visible e invisible. Sabes dónde duele, dónde pesa, dónde se esconde el cansancio que nadie más ve. Hoy vengo ante ti tal como estoy, con mis fuerzas limitadas pero con el alma abierta a tu poder sanador.
No vengo sólo a pedir alivio, Señor… vengo a pedir sanación profunda. Toca cada parte de mi cuerpo que necesita de ti, restaura lo que está dañado, fortalece lo que se ha debilitado y devuelve la vida donde hay desgaste. Sana desde la raíz, donde comenzó todo, incluso aquello que no entiendo.
Jesús amado, pasa tus manos sobre mí como lo hiciste con tantos enfermos. Donde hay dolor, trae descanso; donde hay inflamación, trae calma; donde hay enfermedad, sopla aliento de vida nueva. Que tu presencia recorra mi cuerpo como un bálsamo divino, ordenando todo lo que está fuera de lugar.
Entra, Señor, en mis diagnósticos, en mis tratamientos, en cada proceso que estoy viviendo. Guía a quienes me cuidan, ilumina cada decisión médica y sorpréndeme con tu intervención perfecta. Tú tienes la última palabra, y esa palabra es vida.
Hoy renuncio al miedo, a la angustia y a la desesperanza. No me dejaré dominar por el dolor ni por el pronóstico. Proclamo que Tú eres mi sanador, mi refugio y mi fuerza. Aunque el proceso sea lento, confiaré en que estás obrando en cada instante.
Jesús Sacramentado, sana mis dolencias físicas, pero también fortalece mi espíritu. Que no pierda la paz, que no pierda la fe, y que en medio de todo pueda descansar en ti. Porque sé que no me abandonas… y que tu amor también sana. Amén.
Fuente:IsraelMercado

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma