Empieza el día con una clave muy clara del Evangelio: la paz que Cristo nos da no es la del mundo. Y eso cambia muchas cosas, aunque no siempre apetezca escucharlo.
1️⃣ En los Hechos vemos a San Pablo Apóstol apedreado, arrastrado y dado por muerto… y, aun así, se levanta y sigue.
No hay drama innecesario. Hay fe. Y hay misión.
2️⃣ Y además dice algo que hoy no gusta oír:
“Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.
No lo dice un pesimista. Lo dice un santo que ha visto a Cristo resucitado.
3️⃣ Aquí se rompe una idea muy extendida:
la vida cristiana no es evitar el sufrimiento, sino atravesarlo con sentido.
El problema no es sufrir.
El problema es sufrir sin Cristo.
4️⃣ El salmo lo confirma:
“TUS amigos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado”.
No dice: “los que viven cómodos”.
Dice: los que han descubierto que Dios reina incluso en medio de la cruz.
5️⃣ Y entonces llega el Evangelio, con una frase que todos conocemos… pero no siempre entendemos:
“La paz os dejo, mi paz os doy”.
No es tranquilidad.
No es ausencia de problemas.
No es “que todo vaya bien”.
6️⃣ La paz de Cristo es otra cosa:
es firmeza interior cuando todo se tambalea fuera.
Es saber que, pase lo que pase, el Padre no abandona.
7️⃣ Por eso añade:
“No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”.
Cristo no promete que no habrá motivos para turbarse.
Promete algo mayor: que el corazón puede permanecer en Él.
8️⃣ Y da la clave final:
“Se acerca el príncipe de este mundo… pero no tiene poder sobre mí”.
El mal existe. Actúa. Presiona.
Pero no tiene la última palabra.
9️⃣ Y esto es decisivo:
Jesús no evita la cruz. La abraza por amor al Padre.
Ahí está el secreto de la paz cristiana:
obedecer, amar, confiar… incluso cuando cuesta.
🔟 Hoy, quizá, la pregunta sería sencilla:
¿qué tipo de paz estoy buscando?
Porque la del mundo es frágil.
La de Cristo pasa por la cruz… pero permanece.
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