Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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lunes, 10 de abril de 2017

¿Nadie tiene la verdad?



El mundo nos quiere hacer creer que nadie tiene la verdad absoluta, que todo es relativo y depende del cristal con que se mire. 

Sin embargo Cristo ha dicho que Él es la Verdad, y que todas sus enseñanzas son la verdad. 

De modo que si somos católicos tenemos la verdad, y no solo la tenemos sino que la debemos difundir y defender. 

La cobardía de los buenos fomenta la osadía de los malos, y si nos callamos y no decimos las cosas como son, y de la forma que nos las sugiere el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, entonces no estamos cumpliendo bien nuestra misión de ser luz y sal del mundo. Porque muchas veces tenemos que reconocer que sentimos miedo a quedar desactualizados, o desfasados, y así el mal va ganando terreno, y por conservar una amistad o no “chocar” con ninguno, nos quedamos callados como perros mudos que no defienden a la grey. 

Es tiempo de recordar que el Señor ha dicho que quien se avergüence de Él y de sus palabras ante esta generación pervertida, el Señor se avergonzará de él cuando venga en Su Gloria.
Está bien ser prudentes, pero cuidado con caer en la prudencia humana o en la diplomacia, que generalmente es el arte de mentir y ocultar verdades. Jesucristo no nos ha hecho diplomáticos, sino apóstoles y discípulos, para que sin miedo y con mucho valor llevemos la Buena Noticia a toda la creación. 

Lo que nos debe importar es lo que piense Dios de nosotros, y lo que digan los hombres nos debe dejar indiferentes, porque el mundo pasa, y los hombres pasan con él. 

Es tiempo de que los cristianos empecemos a llamar a las cosas por su nombre, a dejar de adaptarnos al mundo moderno mimetizándonos con él. Ha llegado la hora de hablar claro, de condenar el error, sea donde fuere que se manifieste, y así quizás no tengamos muchos admiradores terrenos, pero seremos la admiración de Dios, que nos preparará un lugar elegido a su lado. 

A veces por no querer quedar mal con un amigo, o por no arriesgar el empleo o el negocio con alguien, callamos miserablemente las verdades que sabemos. Y así dejamos a cada uno en su error, y no hacemos nada para advertir al pecador que va por el mal camino. Tengamos presente que la Sagrada Escritura dice que hay que corregir al desviado porque de lo contrario se pedirá cuenta de su condenación a quien, pudiendo, no le corrigió ni advirtió. 

Pensemos en estas cosas y comencemos a partir de hoy mismo a animarnos a decir las cosas como son, como nos enseña Jesucristo por medio de su Iglesia Católica, siendo fieles a la Tradición y al Magisterio, porque la Verdad existe, está en la Iglesia Católica, y los católicos la debemos dar a conocer, aunque con ello perdamos clientes, amigos, parientes, negocios, bienes y la misma vida.

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