Oh Dios del Silencio, de paz y de amor, en la quietud tu adorable y
misteriosa Trinidad vive, ama y actúa. En el silencio del tiempo, Tus grandes
Misterios se han cumplido. Bendito sea el que calma todo dentro de sí mismo y
escucha la voz impetuosa que conduce a Ti. Tu siervo San Charbel escuchó esta
voz y se encerró en la soledad. Se separó de un mundo egoísta y habló contigo.
Le enseñaste a negarse a sí mismo y a morir, como el grano de trigo. Le pediste
que se atara a Ti en una vida de pobreza, castidad y obediencia. Liberado de sí
mismo, te descubrió, Señor, abrazó el camino de la cruz y llenó su espíritu con
el recuerdo de la pasión y la muerte de tu Hijo. Los santos Misterios se
convirtieron en su vida, la Eucaristía en su verdadero alimento y la Madre de
Dios en su consuelo. Día y noche te buscó en las Escrituras y en la vida de los
santos. A través de la oración interminable toda su vida se convirtió en un
himno vivo de alabanza a Ti y terminó en un sacrificio de amor que continúa
proclamando Tu gloria. Te suplicamos, por su intercesión, que nos inspires a
una vida de oración y sacrificio. Ayúdanos a vivir vidas de tranquila
dedicación al servicio de Tu Iglesia, para siempre.
Amén
Rezar un Padre
nuestro, un Ave María y un Gloria.
Pildoras de Fe
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