El cardenal Rouleau, arzobispo de Montréal, Canadá, escribía recientemente: “El poder de san José, patrón de la Iglesia universal, se ejerce con seguridad sobre la Iglesia sufriente como sobre la Iglesia militante. Las letanías lo invocan llamándolo: Patrono de los moribundos. Los moribundos, a los que consuela al momento del tránsito, pueden, evidentemente contar de inmediato con su paternal protección”
“Gran Santo, que amaste tan tiernamente a Jesús, y sentiste tan vivamente la pena de su ausencia durante el tiempo que pasaste en los Limbos, anda en auxilio del alma de “.....”. Sé su consolador y su intercesor delante de Jesús y María. Haz que le sean aplicadas los sufragios de los piadosos fieles y los méritos del Salvador para que, librada de los lazos que la retiene, vuele al seno de Dios y entre en posesión de la dicha eterna. Amén”.

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