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lunes, 20 de noviembre de 2017

Soplaron los vientos…



Cada hombre tiene en la vida un tiempo de prueba, una hora en que es probado por la desgracia y la tentación. Y según cómo haya sido su preparación espiritual, así será la manera en que superará o no la prueba.

Ya lo dijo el Señor en la parábola del hombre que construyó su casa sobre roca, y ese otro hombre que edificó sobre arena. El primero resistió a todo, pero el segundo fracasó. Y Jesús hacía hincapié en que quien construye su casa sobre roca, es aquél que escucha la Palabra de Dios y adecúa su vida a ella, no como oyente olvidadizo, sino que la pone en práctica. Y el que edificó sobre arena es quien oye la Palabra pero no la practica ni se deja iluminar por ella. 
 
También para nosotros llegará el momento de la prueba, de la tentación, de la desgracia, y generalmente nos sucede como a Job, que pareciera que las contrariedades se suceden todas juntas, de modo que nos prueban mucho, como lo dice el Señor en la parábola de la que hablábamos: “Soplaron los vientos, se desbordaron los torrentes y embistieron contra aquella casa, etc.”. Es decir que puede sucedernos en algún momento de nuestra vida, que seamos probados duramente, y ahí se verá cómo hemos construido. 
 
Por eso mientras estamos en tiempos relativamente tranquilos, hagamos acopio de fuerzas espirituales por medio de la oración, los sacramentos, en especial la Eucaristía, y vivamos las enseñanzas del Evangelio, para que cuando nos llegue “la hora”, podamos estar preparados para arrostrar las dificultades. 
 
¡Ay de nosotros si en el momento del juicio nos presentamos con ruinas ante Dios, en lugar de presentarnos con una construcción bien sólida! Ya lo dice el Apóstol que hay que prestar a atención a cómo construye cada uno, y con qué clase de materiales lo hace, pues esa construcción deberá ser probada por el fuego. 
 
A todos nos llega la hora de la prueba, “la hora” que tantas veces Jesús nombró en su Evangelio, pues como dice también la Sagrada Escritura hay un tiempo para cada cosa, y es evidente que el tiempo del dolor y la tentación nos llegarán a todos, por eso es mejor estar bien preparados espiritual y moralmente.



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