Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 1 de noviembre de 2016

¿Santo? ¿Es posible?





Marchasteis por la vida, orientados por la estrella de la fe y, cuando en medio de tempestades, la barca de vuestra vida era zarandeada, Dios siempre salió a vuestro encuentro, como la madre lo hace con su hijo en cada amanecer.

¡Sois  santos!
No sabemos exactamente cómo, en donde… ni cuándo.
Algunos sois familiares, cercanos e incluso os ponemos figura, semblante y hasta canciones.
Pero, a la gran mayoría, os elevamos en ese inmenso altar que no conoce más techo que el cielo.
Os tallamos en ese descomunal retablo que, sólo Dios, es capaz de  esculpir con su mano.

¡Sois  santos!
Y, ello, nos empuja en el sendero de nuestra existencia a intentar conquistar las mismas metas que, en vosotros, fueron motor y definición de vuestro vivir y sufrir.

¿Sois santos?
¿Cuántos? ¿Cómo? ¿De qué manera?
No preguntemos tanto.
La santidad se talla con el cincel que cada día nos ofrece la vida.
¿Cuántos?
Sólo interesa a Aquel que los forja: Dios.
¿De qué manera?
¡Qué gran torno y fábrica de santos las bienaventuranzas!
Demos gracias a Dios.
Nos ha dejado una hoja de ruta para llegar hasta el final
Ocho puntos, que son como  ocho soles para iluminar la santidad.
Ocho jugadas para hacerlo en  limpio, frente al intento de hacerlo  a traición.
Ocho consejos necios para el mundo, pero sabios para el Señor.
Ocho caminos que son servir a la grandeza de Dios: el amor.

¿Santos? ¿Es posible hoy? ¡Claro que sí!
Dicen que, el salmón, es tan rico porque nada contracorriente.
Por ello mismo, los santos, son tan enriquecedores para nuestra iglesia y para  nuestra fe.
Supieron decir “no” donde el mal decía “sí”.
Tuvieron agallas de señalar un “sí” donde el maligno gritaba “no”.
Ahora, no puede ser de otra  manera, en el cielo destellan multitud de los nuestros, por Toda una vida de fe, de confianza y de amor.
¿Seremos capaces de aspirarlo nosotros?

P. Javier Leoz

 

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