Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hablemos del Adviento




Nos trae buenas nuevas (en medio de un noticiario negativo) y esperanza (en un laberinto pesimista)

Nos llama a la serenidad y a la confianza. ¡Hay tantas razones para alterarnos y distanciarnos!

Nos prepara, no ya al acontecimiento de la Navidad, sin a aquel instante definitivo: ¡EL SEÑOR VENDRÁ!

Nos constituye en “vigilantes”. Vivir esperándole y….como Dios quiere; no como el mundo exige

Nos despierta de un sueño peligroso: la rutina.
Creer en Dios es mantener firme nuestra fe.
Comprometidas nuestras actitudes de servicio y caridad

El adviento nos empuja al renacimiento en nuestra fe.
A consolidar nuestra esperanza. A recuperar el gusto por la figura de Jesús.

Un Niño nos va a hacer. ¿Para qué?
Ni más ni menos que para llenar de ilusión y de alegría la gran casa de nuestra Iglesia. Para darnos una razón para vivir y seguir adelante: nos trae la salvación

El adviento es una alfarería donde podemos moldear el barro que existe en nuestro corazón, en nuestras manos, en nuestro caminar. Es mudar de la injusticia hacia la justicia; brincar del pozo del odio a la frontera del amor.

Es saber que, en la ausencia del Señor, Él sigue confiando en nosotros. A pesar de nuestras fragilidades y contradicciones seguimos gritando: ¡VEN, SEÑOR, JESUS!

El adviento caldea el corazón frío; estrecha las manos enemigas; hace encontradizas las miradas indiferentes. Ante la llegada de Dios, ninguno de los suyos, puede permanecer en el egoísmo.

Dios, cuando llegó al mundo, se encontró a muchas personas dormidas. El adviento insta a nuestras manos a ponerse en movimiento, a colaborar con la causa de Jesús.

El Adviento tiene dos movimientos: nos invita a celebrar con alegría aquel primer adviento de Jesús a los hombres y….a estar expectantes a su llegada definitiva. El final de los tiempos.

Es rezar, y con la oración, mantenernos despiertos y anhelantes a lo que está por venir. El dueño marchó pero, cuando venga, ¿encontrará alguien abriéndole la puerta de su casa?

P. Javier Leoz


 
 


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