Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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sábado, 30 de abril de 2016

Tu misericordia tiene, para los desdichados, mayor mansedumbre…



Que no se hable más de tu misericordia, Virgen bienaventurada, si alguno recuerda haberte invocado en sus dificultades y que Tú no hayas acudido en su ayuda. Nosotros, tus pequeños siervos, te alabamos por tus otras virtudes, pero de tu misericordia nosotros mismos nos felicitamos. La virginidad la elogiamos, la humildad la admiramos, pero la misericordia tiene, para los desdichados, un sabor más dulce.

La misericordia la abrazamos con más ternura, la recordamos más a menudo, la invocamos con más frecuencia. Gracias a Ella, de hecho, quien obtiene que el mundo entero sea restaurado y  alcanza con su oración la salvación de todos los hombres.

(…)¿Quién podrá, oh Virgen bendita, medir la amplitud y la profundidad sublime de tu misericordia? Su fuerza, hasta el final de los tiempos, llega a todos aquellos que la invocan; su amplitud envuelve al globo terrestre a tal punto que su misericordia llena la tierra entera.

(…) Por ti el cielo se llena, el infierno se vacía, la Jerusalén celeste emerge de sus ruinas, la vida perdida le es devuelta a los infelices que aguardan. Así sea.



San Bernardo de Claraval (1090-1153)


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