Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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miércoles, 20 de abril de 2016

La canción de Dios



Un organista de la iglesia estaba practicando una pieza de Felix Mendelssohn y no estaba tocando muy bien.
Frustrado, recogió su música y se dispuso a irse. No había notado a un extraño que se había sentado en un banco de atrás.

Cuando el organista se dio la vuelta para irse, el extraño se le acercó y le preguntó si él podía tocar la pieza.
El organista respondió bruscamente: «Nunca dejo que nadie toque este órgano».
Finalmente, después de dos peticiones amables más, el músico gruñón le dio permiso con renuencia.
 
El extraño se sentó y llenó el santuario de una hermosa e impecable música.
Cuando terminó, el organista preguntó: «¿Quién es usted?» El hombre contestó:
«Yo soy Felix Mendelssohn».
El organista por poco impide al creador de la canción que tocara su propia música.

Hay veces en que nosotros también tratamos de tocar los acordes de nuestra vida e impedimos a nuestro Creador haga una música hermosa.

Igual que el obstinado organista, quitamos las manos de las teclas con renuencia.
Como pueblo Suyo, somos «creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano». (Efesios 2:10)
Pero nuestras vidas no producirán una música hermosa a menos que le dejemos obrar a través de nosotros.

Dios tiene una sinfonía escrita para nuestras vidas.
Dejémosle que haga su voluntad en nosotros.
 
 


1 comentario:

  1. y tanto, querida Magda! ¡cuánta razon tienes! Ni Dios solo hará mi vida, ni yo sola mucho menos....tendré que encontrar el quilibrio entre la gracia dada por Dios y mi colaboración a ella, para que la música de su santa Voluntad resuene en mí para siempre, para bien de todos.
    Un abrazo, linda

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