El diablo odia tanto a la Santísima Virgen, porque nunca dejó solo a su hijo. La detesta tanto porque nos dió al Salvador. Pero nosotros la amamos porque es nuestra Madre
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«Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: ¡invoca a María!»
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