Aunque la expresión "pecado original” no aparece tal cual en la Biblia, la Iglesia ha desarrollado esta enseñanza fundamentada en la Revelación Divina desde hace siglos.
Hoy te cuento cómo nació, qué significa y por qué importa.
Todo nos remonta a la historia de Adán y Eva.
En Génesis, su desobediencia trajo el pecado y la muerte al mundo (Gn 3). La Biblia no dice “pecado original”, como tal, pero los primeros cristianos vieron aquí una clave de que algo cambió para toda la humanidad.
En los primeros siglos, los Padres de la Iglesia empezaron a reflexionar al respecto.
Por ejemplo, San Ireneo de Lyon habló de cómo el pecado de Adán afectó a todos en nuestra condición humana. Pero quien le dio forma al tema como tal fue San Agustín de Hipona.
Aurelio Agustín (siglo IV-V) consideró la siguiente frase bíblica: “Por un hombre entró el pecado en el mundo” (Romanos 5:12). Para él, el pecado de Adán no fue solo un mal ejemplo, sino algo que nos marcó a todos desde el nacimiento. ¿Cómo? ¡Sigue leyendo!
Aquí entra una distinción clave que la Iglesia ha deducido, y de la cual poco se habla:
El pecado original tiene dos caras. Está el “originante” (el acto de Adán y Eva) y el “originado” (lo que heredamos nosotros). Uno es la causa, el otro el efecto.
El “pecado original originante” fue esa primera desobediencia. El “pecado original originado” es el estado en que nacemos: sin la amistad plena con Dios que Adán tenía al principio. Parece nacer con una deuda que no pedimos, pero no necesariamente es esto. Vayamos adelante...
La Iglesia explicó en documentos oficiales, por ejemplo “Humani Generis” de Pío XII, que el pecado original viene de un acto real de Adán. Todos estamos conectados a esa caída.
Es decir, sin importar la interpretación del Génesis, TODO HOMBRE COMPARTE ESTA CONDICIÓN AL NACER.
Y en “Gaudium et Spes” 13 (1965), del Concilio Vaticano II, se aclara: el pecado original no se “genera” como algo físico (no es ADN), sino que se “propaga”. ¿Qué significa esto?
Propagación quiere decir que no lo heredamos como el color de ojos, sino como una ruptura espiritual. Adán perdió la “justicia original” (vivir en armonía con Dios), y eso nos afecta a todos desde que nacemos.
Vamos con Santo Tomás de Aquino (siglo XIII), que le puso cabeza al tema. Él dijo que el pecado original tiene “materia” y “forma”. Suena raro, pero es sencillo si lo desglosamos.
La “materia” del pecado original es la concupiscencia. ¿Y eso qué es? Es esa inclinación inicial a lo natural, o al desorden en lo natural, que todos sentimos: No queremos a Dios de manera directa al nacer, y a veces queremos lo malo aunque sepamos que no nos conviene.
La “forma” es la privación de la justicia original. Es decir, nos falta esa unión perfecta con Dios que Adán tenía antes de pecar. Nacemos con ese vacío espiritual.
Concupiscencia y privación van juntas, con que una falte, deja de existir pecado original. Ambas son esencia del mismo
Pero hay esperanza: el bautismo. La Iglesia enseña que el bautismo borra el pecado original. ¿Cómo? La gracia de Dios nos devuelve la amistad con Él, al menos poco a poco, conforme vamos creciendo en la fe.
viernes, 21 de marzo de 2025
EL PECADO ORIGINAL
Ojo: el bautismo elimina la “privación de la justicia original”, pero no la concupiscencia. A veces seguimos teniendo esa inclinación al desorden, aunque ahora podemos luchar contra ella con la gracia de Dios.
¿Y la justicia original? No la recuperamos del todo aquí. Sto. Tomás decía que esa plenitud la tendremos en la vida eterna, estando cara a cara con Dios, pero también es cierto que ya no estamos privados de ella. Por su Espíritu Santo, Dios nos abrió la puerta a sí mismo.
Resumiendo: el pecado original es como empezar la vida con una mochila pesada (concupiscencia) y sin una ruta segura (justicia original). El bautismo aligera la carga, y nos da un mapa de rutas, pero el viaje sigue.
Por eso la Iglesia insiste tanto en esto: no es solo un cuento viejo, sino una verdad sobre quiénes somos y una especie de herida inicial que compartimos, pero todos estamos invitados a la redención.
Pues espero al menos haber aclarado aunque sea sólo un poco este punto de la doctrina católica de manera sencilla. Que Dios bendiga tu búsqueda de Él.
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