Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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jueves, 17 de septiembre de 2015

Caridad para todos.



Tema de hoy

Uno de los engaños en los que podemos caer en nuestra vida cristiana, es el creer que con sólo amar a Dios, a Cristo, ya estamos salvados. Pero hay que saber que el amor a Dios debe ir acompañado, necesariamente, del amor al prójimo, a TODOS los prójimos, sin excepción. Porque Dios quiere que seamos compasivos y misericordiosos con quienes nos necesiten, y ¡ay de nosotros si somos duros con los hermanos!, porque no se puede decir que uno ama a Jesucristo, si no ama al vecino que tiene al lado, o a quien viene a pedirle un pan a la puerta de la casa.

Nada nos hace lícito el ser duros con los hermanos, y mucho menos el que nos encontremos en la verdadera religión, que es la católica, nos da derecho a despreciar y odiar a nadie, porque Dios es el Padre de todos los hombres, y quiere que entre ellos reine el amor y la concordia.

En definitiva es lo de siempre: no somos capaces de hacer coincidir el ser cristiano con el ser bueno, porque de ello se trata la verdadera religión católica: ser buenos con todos, buenos y justos, pero también misericordiosos como lo es Dios.

Pensemos en esto porque no pocas veces nos decimos cristianos, y amamos mucho a Jesús, pero en la práctica somos duros con los pobres, los necesitados, e incluso con nuestros enemigos, a quienes odiamos en lugar de amarlos como nos manda el Señor.

Si no hacemos así, si no seguimos las enseñanzas del Evangelio, entonces nunca seremos verdaderos discípulos de Jesús, porque Él ha enseñado la caridad para con todos, sin excepción.

¡Ave María purísima!
¡Sin pecado concebida!

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