Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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lunes, 21 de agosto de 2017

Sígueme...


Jesús le dice al joven rico: "Vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Luego sígueme". Jesús pide radicalidad para ser perfecto. No basta con cumplir los mandamientos. El que aspire a la santidad debe entregar "todo", todo aquello a lo que se aferra. Son nuestros 'tesoros', apegos, ídolos, lo que el Señor quiere que le entreguemos. 

Cuando una persona se consagra a María por el método de San Luis María Grignon de Montfort, se despoja absolutamente de todo, pues entrega a la Santísima Virgen cuerpo, alma, bienes exteriores e interiores y hasta el valor y mérito de las buenas acciones. Se hace esclavo de María. ¿Puede haber mayor pobreza? No posee absolutamente nada. A la vez, esta pobreza nos hace ser los más ricos, pues con la misma radicalidad con la que el alma se entrega a María lo hace nuestra bendita Madre. Poseemos, como el Apóstol San Juan, a la Virgen en la casa de nuestra alma. 

La Santísima Virgen cuida de sus consagrados y los trata como a perlas preciosas. Los nutre, dirige, ama, consuela. Ella los conduce a la vida eterna. 

Gracias, Madre, por tu amor y misericordia. Llévanos a Jesús. 

Totus tuus Mariae.


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