Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 20 de junio de 2016

¡Dónde estás, Señor!


¿DÓNDE ESTÁS?
Te grité aquella mañana temblando de dolor... desesperado y mi tristeza se elevó hecha grito en la tranquila paz de tu Sagrario.

¿DÓNDE ESTÁS?
Volví a gritar con voz más fuerte quebradas las barreras de mi llanto
¡No puedo soportar más este silencio!

¿DÓNDE ESTÁS MI SEÑOR?
¡Te estoy buscando!

“¡AQUÍ ESTOY!”
Gritaste en mi conciencia…y un mendigo cubierto con harapos me vino a visitar en mis recuerdos cargando su silencio resignado...
En su mano tendida había tristeza, en su mirada mucho de cansancio, caminando las calles de la vida
¡Cuántas veces sin verlo lo he cruzado!

“¡AQUÍ ESTOY!”
Repetiste con voz firme, y recordé aquel niño abandonado, que acurrucado en el banco de una plaza encontré esta mañana tiritando...
Aunque era un niño, descubrí en sus ojos, la dolida mirada de un anciano cansado ya de haberlo visto todo, aunque había vivido pocos años.

“¡AQUÍ ESTOY!”
Y recordé de pronto el andar vacilante del borracho, que con paso inseguro, por las calles andaba su bochorno y su cansancio.

“¡AQUÍ ESTOY!”
Y vino a mi memoria la mirada perdida del muchacho que buscaba en el mundo de las drogas, las sensaciones que aún no había encontrado.

“¡AQUÍ ESTOY!”
Dijiste y yo cerré mis ojos, recordando los ojos de cansancio de aquella prostituta, que en las noches traficaba su cuerpo manoseado.

“¡AQUÍ ESTOY!”
Agregaste y recordé al hambriento, revolviendo los tachos del mercado, buscando mitigar su hambre de siglos, en los restos que otros hombres despreciaron.

“¡AQUÍ ESTOY!”
Gritaste y vino a mi memoria la cama del enfermo abandonado, el jadeante respirar del perseguido, el llanto sordo del desheredado, la vergüenza de los hijos naturales, el estéril clamor del condenado, que fueron de los vientres arrancados.

“¿DÓNDE ESTOY has venido a preguntarme?

¡AQUÍ ESTOY, en el dolor de tus hermanos!

“Deja de contentarte, reviviendo en los artísticos cuadros mi calvario!
Yo cargo con dolor todos los días, la dura cruz de los desheredados, continúo sufriendo en los que sufren, y en su sangre me sigo desangrando...”

“¡Quita mi imagen de la cruz que llevas, de las imágenes sin vida estoy cansado!”

“¡Cansado estoy del arte de los hombres que al mundo siempre me han mostrado!
Yo acepté libremente mi designio y a la cruz fui a morir enamorado!
¡Pero he resucitado al tercer día y entre mi gente sigo caminando!”

“¡Yo no soy un pedazo de madera ni una estatua de yeso coloreado!
¡Yo vivo en el dolor y el sufrimiento de aquellos que los hombres marginaron!
Andando los caminos de esta vida revivo día a día mi calvario.”
 
“¡Mil veces me torturan y me matan, en el diario sufrir de tus hermanos!”
“También estoy aquí... dentro del templo, en donde esta mañana me has buscado, pero es hora que aprendas a encontrarme en los que viven su Vía Crucis a tu lado...”

“Cuando me hayas encontrado en cada uno, y en ellos, viéndome, me hayas amado... puedes buscarme aquí, ten bien seguro...

¡Que en el Sagrario  siempre te estaré ESPERANDO!”

 
 
 


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