Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 24 de diciembre de 2014

La maravillosa Novena de Aguinaldo - Día 9

 

ORACIONES INICIALES PARA TODOS LOS DÍAS

ORACIÓN INICIAL

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.
En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándole por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.
Tres Gloria al Padre

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya, os suplico que Vos misma preparéis mi alma, y las de todos los que en este tiempo hicieren esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.
¡Oh dulcísima madre! Comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le aguardasteis Vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.
Nueve Avemarías

ORACIÓN A SAN JOSÉ

¡Oh, Santísimo José, esposo de María y padre putativo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza.
Os ruego que por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abraséis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina Esencia le vea y le goce en el cielo. Amén. 
**********************

CONSIDERACIONES Y JORNADAS PARA CADA DÍA

9º DÍA - CONSIDERACIÓN

La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo María y José han salido de la inhospitalaria población, y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los ángeles el jumento que le había servido de humilde cabalgadura durante el viaje, y en aquella cueva hallaron un manso buey, dejado allí probablemente por alguno de los caminantes que habían ido a buscar hospedaje en la ciudad. El Divino Niño, desconocido por sus criaturas racionales, va a tener que acudir a las irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno, y le manifiesten con esto y con su humilde actitud el respeto y adoración que le había negado Belén. La rojiza linterna que José tiene en la mano ilumina tenuemente ese pobrísimo recinto, ese pesebre lleno de paja, que es figura profética de las maravillas del alta y de la íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en oración en medio de la gruta, y así van pasando silenciosamente las horas de esa noche llena de misterio.
Pero ha llegado la medianoche, y de repente vemos dentro de ese pesebre, poco antes vacío, al Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefable anhelo. A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre putativo del Redentor de los hombres. La multitud de ángeles que desciende del cielo a contemplar esa maravilla sin par, dejan estallar su alegría y hacen vibrar en los aires las armonías de eseGloria in excelsis, que es el eco de la adoración que se produce en torno del Altísimo hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra. Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido y presentarle sus humildes ofrendas. Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob, y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolos de la caridad, de la adoración y de la mortificación.
¡Oh adorado Niño! Nosotros también, los que hemos hecho esta novena, para prepararnos el día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración: ¡no la rechacéis! Venid a nuestras almas, venid a nuestros corazones llenos de amor. Encended en ellos la devoción a vuestra santa infancia; no intermitente y sólo circunscrita al tiempo de vuestra Navidad, sino siempre y en todos los tiempos; devoción que fielmente practicada y celosamente propagada, nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas.

9º JORNADA

Hemos llegado, alma mía, a la última posada y palacio que le previno el Eterno Padre a su Unigénito Hijo para su nacimiento; y es una humilde cueva y pesebre de animales, donde puedes considerar cómo habiendo llegado los peregrinos sagrados dan gracias al Eterno Padre por aquel humilde y despreciado hospicio; después lo barren y lo asean, y a su imitación los ángeles que de guardia asistían a nuestra Reina y Señora; mira y contempla cómo el santo esposo desdoblaba el fardo, y de la humilde ropa forma el pesebre que sirvió de lecho al parto de la Reina Madre, una cama para su descaso y, habiendo hecho lumbre con los instrumentos que llevaba, se retira a un rincón del portal, y llegando la medianoche sintiendo nuestra gran Reina y Señora se llegaba la hora de su dichoso parto, hincada de rodillas, puestas las manos en el pecho, los ojos levantados al cielo, elevadas las potencias y sentidos y toda divinizada, dio al mundo al Unigénito del Eterno Padre y suyo, Cristo Jesús, Dios y hombre verdadero, a quien en brazos de San Miguel Arcángel adoró, y recibiéndolo con profunda humildad y reverencia en sus santísimos brazos, le adoraron los santos ángeles como en el altar sagrado, como a su verdadero Dios, Señor y Creador. Contempla el gozo del Señor San José cuando, despertando de aquel dulce sueño en el que estaba mirando tan soberano misterio, vio en brazos de la Aurora al divino Sol de Justicia desterrando las sombras de la noche, con su inaccesible luz, alegrando al mundo con su venida; y aquella humilde cueva hecha un abreviado cielo, y viéndole tiritar de frío y hacer pucheros a su Santísima Madre, quien le envuelve en aquellos humildes pañales, le abriga entre sus pechos y le regala con su dulce néctar, y le pone entre la paja y el heno, donde le adoran los animales como a su Hacedor y Señor.
Y con la noticia que tuvieron los pastores por un ángel, con júbilo y alegría vienen en busca de luz, entran en la cueva, y dando el parabién a la Santísima Madre, reciben al Niño en los brazos con singular regocijo y alegría de ver a Dios hecho niño en un establo, ceñidos los brazos, envuelto en mantillas, y al León de Judá hecho cordero humilde en una cueva.
Se rezan las Aspiraciones y la Oración Final todos los días...

 ASPIRACIONES PARA LA VENIDA DEL NIÑO JESÚS



Dulce Jesús mío mi niño adorado
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

1
¡Oh, sapiencia suma del Dios Soberano Que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh, Divino Niño ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!
R/ ¡Ven...

2
¡Oh, Adonai potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo
disteis los mandatos! ¡Ah!, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte brazo.
R/ ¡Ven...

3
¡Oh raíz sagrada de Jessé, que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo! Dulcísimo Niño que has sido llamado Lirio de los Valles bella Flor del Campo,
R/ ¡Ven...

4
Llave de David que abre al desterrado la cerradas puertas del regio palacio, ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado !
R/ ¡Ven...

5
¡Oh lumbre de Oriente, Sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios,
R/ ¡Ven...

6
Espejo sin mancha Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano. Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño da al mísero amparo.
R/ ¡Ven...

7
Rey de las naciones Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño, Niño que apacientas  con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso,
R/ ¡Ven...

8
Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo. ¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo!
R/ ¡Ven...

9
Ven que ya María previene sus brazos a su niño vean, en tiempo cercano.  Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario.
R/ ¡Ven...

10
Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado, Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.
R/ ¡Ven...

11
Véante mis ojos, de ti enamorados Bese ya tus plantas, bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases te dice mi llanto:
R/ ¡Ven...

12
Ven Salvador nuestro por quien suspiramos,
R/ ¡Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto!

ORACIÓN FINAL

(Para todos los días)
Acordaos, oh dulcísimo Niño Jesús, que dijisteis a la Venerada Margarita del Santísimo Sacramento y en persona suya a todos vuestros devotos estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad tan agobiada y doliente: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado". Llenos de confianza en Vos, oh Jesús, que sois la misma Verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayudadnos a llevar una vida santa para vivir una eternidad bienaventurada. Concedednos por los méritos infinitos de vuestra Encarnación y de vuestra infancia la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a Vos, oh Niño Omnipotente, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén

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