Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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viernes, 5 de septiembre de 2025

Santa Teresa de Calcuta


Hoy la Iglesia celebra a Santa Teresa de Calcuta, la madre de los pobres, la santa de lo insignificante, la mística de las aceras.

Un testigo incómodo para el mundo moderno y una luz para quien ha perdido el norte.
Vamos con un hilo sobre ella:

1 Nacida en Albania en 1910, Agnes Gonxha Bojaxhiu ingresó en las Hermanas de Loreto y fue enviada como misionera a la India. Allí, como maestra, vivió años de formación y oración. Pero un día, algo más fuerte que ella la llamó...

2 En 1946, mientras viajaba en tren, recibió “la llamada dentro de la llamada”: Jesús le pedía dejarlo todo para servirle en los más pobres entre los pobres. No fue una emoción ni un capricho, sino un mandato interior claro y exigente.

3 Fundó las Misioneras de la Caridad, con el carisma de “saciar la sed de Jesús en la cruz”, cuidando a Cristo en el cuerpo de los descartados. “Cada persona moribunda que recojo de la calle es Jesús disfrazado”, decía.

4 Su vida fue de una humildad radical: vivía con lo justo, dormía en un camastro, servía a leprosos y moribundos, abrazaba al no amado, y hacía lo que nadie quería hacer. Lo que para el mundo era escándalo, para ella era altar.

5 Detrás de su sonrisa incansable, vivió durante décadas una noche oscura espiritual, una sequedad tremenda donde no sentía a Dios. ¿La abandonó el Señor? No. La unió a su cruz. Lo amó sin consuelos, solo por Él.

6 Decía: “No estoy llamada a tener éxito, sino a ser fiel”. Esa frase, que parece poca cosa, es dinamita contra la lógica del mundo. Porque el amor no se mide por resultados, sino por entrega.

7 En un mundo que multiplica discursos, ella multiplicó gestos pequeños, hechos con amor. Un pañal, una sonrisa, una caricia, una oración al oído de un moribundo. Ahí estaba su heroísmo.

8 En Calcuta, fundó hogares para moribundos, huérfanos y leprosos. Y desde allí, sus hijas han llegado a más de 130 países. Sin estrategia de marketing. Solo con el Evangelio en la mano y el Rosario en el bolsillo.

9 Fue criticada por algunos por no cambiar estructuras, por no “hacer política”. Pero ella no vino a cambiar el sistema: vino a amar persona por persona. Porque Cristo no salvó al mundo con programas, sino desde una cruz.

10 Murió en 1997. El mundo entero, incluso el no creyente, la reconoció como una de las grandes del siglo XX. El Papa Francisco dijo de ella:

“La santa de la ternura y la caridad, que nos enseñó a amar sin medida”.

11 Su santidad no fue espectacular. Fue una santidad hecha de lo ordinario vivido con amor extraordinario. Y es que Dios no nos pide cosas grandes, sino amor en lo pequeño.

12 Termino con su oración más conocida (la de San Francisco de Asís, que hizo suya):

“Señor, hazme un instrumento de tu paz...
Que donde haya odio, ponga yo amor...
Que donde haya tinieblas, ponga yo tu luz…”

Sacerdos in æternum

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