1 «El nombre de la Virgen era María» (Lc 1,27).
No es un detalle menor. Es una declaración de identidad, de misión y de ternura.
María no es un personaje cualquiera: es el nombre más dulce después del de Jesús.
2 Invocar su nombre es ya orar.
San Alfonso María de Ligorio decía: «¡El nombre de María es una oración abreviada que nunca deja de obtener gracias!»
A veces, basta con decir: ¡María!
Y el alma se serena.
3 El nombre de María es escudo en la batalla.
Así lo vivió Europa en Lepanto (1571), y por eso el Papa Inocencio XI instituyó esta fiesta.
Los cristianos vencieron rezando el rosario y confiando en su nombre.
4 ¿Sabes lo que significa María?
Hay varias interpretaciones antiguas:
– «Señora»
– «Amada de Dios»
– «Estrella del mar»
– «Mar amargo» (en su dolor junto a la cruz)
Cada una nos abre una puerta a su misterio.
5 San Bernardo lo explicaba así:
«¡Oh tú, quienquiera que seas, que en medio de las tempestades estás lejos de la tierra firme: si no quieres naufragar, no apartes los ojos de la luz de esta estrella!»
6 Cuando estés triste, di: ¡María!
Cuando te tiente el pecado, di: ¡María!
Cuando no sepas qué hacer, di: ¡María!
Y Ella vendrá, silenciosa, como en Caná…
Y hará que el agua de tu pobreza se vuelva vino.
7 El nombre de María no es un talismán.
Es el nombre de una Madre viva.
Decirlo con fe es ponerte en sus brazos y dejarte cuidar.
8 Hoy, celebra su nombre.
Díselo con cariño. Escríbelo en tu corazón.
Y si puedes, reza las letanías.
Ahí está su nombre dicho mil veces… como un niño que no se cansa de llamar a su madre.
9 Y no lo olvides:
El nombre de Jesús está en la cima.
Pero el nombre de María está en la senda que lleva a Él.
Quien no la nombra, se pierde; quien la ama, llega.
10 Dulce Nombre de María…
haznos dulces como Tú,
fuertes como Tú,
callados como Tú,
y fieles, hasta la cruz, como Tú.

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