Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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jueves, 23 de julio de 2015

Confía...




“Encomienda a Dios tus afanes, y Él te sustentará” (Sal 54, 23)

Tenemos preocupaciones, problemas, dificultades, sueños, deseos…
Trabajos a los que nos entregamos con apremio, con apuro, con exceso.
Como si todo dependiera de nosotros. Y en esta lucha se nos olvida que podemos fluir suavemente en medio de nuestras actividades cotidianas haciendo equipo.

Aquí no se trata de no hacer, de abandonarse a la pasividad sino más bien, de hacer sin que el hacer se vuelva un afán, un trabajo excesivo, un anhelo vehemente. De no entregarse al trabajo con apremio, con preocupación, con desasosiego, sin paz.

Puedo luchar con todas mis fuerzas o puedo unir todo mi ser a Aquel que es la Fuerza y la Energía. Fluir es lo contrario a resistir. Solo puede fluir un líquido o un gas, nunca un sólido. Las moléculas de un fluido son relativamente libres, por eso no tiene forma propia, y es elástico; siempre toma la forma del recipiente donde está contenido. Bueno, pues ¡déjate contener por Dios! y tomarás su Forma, su Estilo.

Si las moléculas de nuestra personalidad están tan cohesionadas, tan estructuradas, ante cada situación pondremos resistencia para sentir cierta seguridad. Pero para fluir se necesita ser libres en nuestra esencia, flexibilidad, apertura, soltura, abandono.
Soltar la imagen (forma propia) para dejarse con-formar por Dios (tomar Su Forma).

Pero no es un salto en el vacío, lo que se te pide.
No es confiar en quién sabe quién. Es tener la certeza de que, en quien pones TODA TU PERSONA, todos tus sueños e ideales, todo aquello que más amas, todo lo que disfrutas, todo lo que te preocupa… es tu Señor, es tu Dios, es tu Amigo, es tu TODO.

Es tener la certeza de que Él proveerá de todo lo que necesites para ser realmente feliz. 

De que Él conservará tu ser y tu esencia fusionados en el Suyo.

De que Él será tu sostén en los momentos de duda, de debilidad, de fragilidad.

De que Él te sostendrá en medio de las dificultades y de los problemas, muy especialmente, pero en sí, en cada momento, porque eres lo más amado, lo más preciado, lo más hermoso para Él.
¡Confía!

Cecilia Blanco  


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