Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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lunes, 27 de abril de 2015

Tus puntos débiles



¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, Pero: ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco… (Mateo 18, 8)

Cuál es tu debilidad? Todos tenemos puntos débiles en la vida, es que no somos perfectos y de cuando en cuando nuestras imperfecciones asoman por el horizonte para jugarnos una mala pasada. Es lo normal en la vida, el problema viene cuando amamos tanto nuestras debilidades, que buscamos todas las formas para justificarlas y seguir manteniéndolas con vida.

El Señor Jesús aceptó el hecho de nuestra imperfección cuando afirmó
"Porque es necesario que vengan tropiezos" Dios no está pidiéndote perfección, Él acepta que eres una criatura con puntos fuertes y débiles. Pero lo que el Señor no acepta es que disfrutes de tus carencias, que encuentres en esos puntos frágiles la fuente de tu alegría y placer. Es como si una persona se alegrara de ser incapaz y no hiciera nada para mejorar.

Pablo rogaba para ser libre de sus debilidades, Dios le contestó:
"... mi poder se perfecciona en la debilidad". (2 Co 12, 9)
Dios sabe que eres imperfecto, por eso Él anhela trabajar en tu vida y adornarte de virtud; es como el alfarero que da forma al barro. Con paciencia y sabiduría convierte un trozo de barro en una joya de porcelana. Sólo Dios puede tomar tu vida imperfecta y transfórmala en una vida de virtud, santidad, gozo y plenitud.

Como un árbol necesita ser podado para crecer fuerte y dar fruto, también necesitas arrancar de tu vida todo error, pecado o debilidad, sólo así crecerás fuerte y darás abundante fruto. No tienes porqué justificar tus errores, debes presentárselos a Dios. Él cortará de tu vida lo que está demás, quitará lo que sobra, anulará lo que no sirve; y entonces llegarás a disfrutar la vida plena que Jesús vino a ofrecerte.

¿Qué impide que disfrutes de esa vida abundante? La respuesta tiene que ver con las cosas malas que todavía tienen lugar en tu corazón ¡Renuncia! Y permítele al Señor quitar todo lo malo.Cuando experimentes esa limpieza, serás tremendamente feliz.

 

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