Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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jueves, 19 de febrero de 2015

“El que pierda su vida por mi causa la salvará”



Cargar la cruz también significa aprender a renunciar, aprender a decir que no a muchas cosas válidas porque el que no se ejercita en decir que no, ¡qué difícil se la va hacer decir que sí! El que no aprende a renunciar, ¡qué difícil es que luego pueda optar!

Porque renunciar significa dejar atrás todo aquello que nos sobra, todo aquello de notros que nos des asemeja de Jesucristo.

A todo eso hay que decirle que no porque vivimos en una cultura donde se nos invita a complacernos en todo. A decir que sí a todo aquello que te hace sentir bien, que estimule los sentidos. ¡Qué difícil se nos hace educarnos en la escuela de la cruz! De poder decirle a Dios: “que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Sólo el que aprende a renunciar, es capaz de poseerse, a no dejar que las fuerzas del mundo sean las que lo dominen. Es por eso que la primera lectura nos pone ante una encrucijada: “hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal”.

Eso es la Cuaresma, es un tiempo para medir el amor, es un tiempo de decisiones, de prueba, de radicalidad. Es un tiempo propicio para medir cuánto estamos amando al Señor, cuánto estamos dispuestos a dejar de lado todo aquello que nos aleja de Dios.

La ceniza que ayer se impuso sobre nuestra cabeza ya debe haber desaparecido, pero lo que no puede desaparecer es nuestro espíritu de conversión.

Ese espíritu de aprender a elegir. Si no elegimos al Señor con generosidad, vamos a ser como un árbol plantado en medio del desierto que piensa que por sus propias fuerzas puede conseguirlo todo, pero se termina secando y se marchita.

Pero si elegimos al Señor, seremos como dice el Salmo, como ese árbol plantado junto a corrientes de agua, que no se marchita, porque sus raíces se nutren de la fuente de la Vida.

https://www.aciprensa.com/blog/cuaresma-dia-2-el-que-pierda-su-vida-por-mi-causa-la-salvara/#.VOZ1SixWgrk

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