Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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lunes, 24 de febrero de 2020

Si no ocupamos de las cosas de Dios…




Cuanto más nos ocupemos de las cosas de Dios, tanto más el Señor se ocupará de todas nuestras cosas. Esta es una ley proporcional que no falla, y que el mismo Cristo la ha promulgado. 

También Jesús nos ha dicho en su Evangelio que busquemos y trabajemos por el Reino de Dios y su justicia, y que todo lo demás se nos dará por añadidura.
Nosotros que a veces buscamos tanto la añadidura y nos olvidamos de trabajar por el Reino, por las almas, tratemos de poner cada cosa en su sitio, y coloquemos primero a Dios y su Reino, a Dios y la salvación de las almas, comenzando por la nuestra, y entonces Dios nos colmará de todo lo necesario para nuestra vida, y cuidará de nosotros amorosamente. 

El mismo Sagrado Corazón de Jesús nos dice que la consagración a Él se reduce a un pacto: “Cuida tú de mi honra y de mis cosas, que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas”. Así que hagamos este dulce pacto con Jesús y, a partir de ahora busquemos los intereses del Señor, que no son otros que las almas, y el Reino de Dios venido al mundo.
Cuanto más nos ocupemos y trabajemos por Dios y su Reino, tanto más el Señor trabajará por nosotros y nuestras cosas. 

¡Qué gran negocio! Porque si hacemos mucho, muchísimo por Dios y las almas; Él hará mucho, muchísimo por nosotros y todo lo nuestro. Porque debemos recordar que a Dios nadie le puede ganar en generosidad, y cuando nosotros le ofrecemos algo, Él nos devuelve el ciento por uno porque es infinitamente rico y todo está en sus manos. 

Si nos falta algo, si estamos tristes, angustiados, y no sabemos cuál es nuestra misión en este mundo, empecemos a trabajar por Dios y su Reino, por la salvación de las almas, haciendo obras de misericordia, rezando por todos, ofreciendo sacrificios, haciendo apostolado, etc., y entonces no sólo que encontraremos el sentido a nuestra vida, sino que seremos felices en el tiempo y en la eternidad, porque Dios tomará a pecho el proveernos de todo lo necesario para nuestra vida en la tierra y luego, en el Cielo, nos dará la felicidad sin límites. 

Hay muchas personas que están solas, tristes, desanimadas, desesperadas, angustiadas. ¿Por qué nosotros no tratamos de ayudarlas y aliviarlas, siendo así otros Cristos y como la prolongación de Jesús en la tierra? Nosotros sabemos quizás lo que es sufrir, y entonces podremos consolar con mano suave a quienes sufren de mil modos en este mundo. 

Lancémonos a la conquista de las almas para Dios, y veremos cosas maravillosas, porque Dios nos colmará de tesoros infinitos y será como un círculo virtuoso que, cuando más demos, tanto más nos dará el Señor.


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