Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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sábado, 24 de junio de 2017

María, muéstrame a tu Hijo




Antes de comenzar a rezar el Rosario, no hay que dudar en dirigirse a la Santísima Virgen: “María, muéstrame a tu Hijo”. María es la madre de todos nosotros, ella sola conoce mejor que nadie a su propio Hijo. Dejémosla tomarnos de la mano y mostrarnos en nuestro corazón el Misterio de Cristo.

Contrariamente a lo que se cree, el Rosario no es una alabanza a María sino un camino hacia Cristo. Cada decena, es la ocasión de meditar un misterio de la vida de Cristo. Mientras recitamos los diez “Ave María”, nos sumergimos en un solo misterio.

Esas escenas de la vida que recorremos con el Rosario, la Anunciación del Ángel a María, el Nacimiento del Niño Jesús, el bautizo de Jesús en el Jordán, la Transfiguración, La última Cena, la agonía del Señor, la Crucifixión, la Resurrección y la venida del Espíritu Santo… ¡cuánta riqueza y devoción en esas cuentas que se siguen una tras otra!

Rezando el Rosario con toda la devoción del corazón, uno recibe con fervor cada misterio de la vida de Cristo, como si María se lo confiase entre sus manos. 




 Lorena Moscoso

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