Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 8 de mayo de 2013

¿A qué temo más?





El hombre. Un cascabel de temores, inseguridades y angustias. Los corazones de las personas se llenan de miedo de perder el empleo, miedo de ser abandonado, de enfermarse, de perder a los seres queridos, miedos de todo tipo.


¿Pero, existe algún temor que sea de alguna manera útil en mi camino de crecimiento espiritual? Claro que existe: es el temor de no ser digno, de errar el camino.

Temo a mí mismo, temo no ser digno de Dios, temo no tener la fortaleza suficiente para no pecar, temo olvidarme que sólo Dios Es, temo pensar que SOY algo, que algo es mérito mío.

Este Santo Temor, Santo porque significa que no quiero ofender a Dios, es la base del Temor de Dios, ese importante Don del Espíritu Santo. Temer no ser capaz de agradar al Señor, temor de no estar interpretando la Voluntad de Dios del modo
correcto, temor de estar actuando por las necesidades del ego (ese falso ídolo que construimos en nuestro interior) en lugar de satisfacer el querer de Jesús.


Cuando el temor de Dios se coloca por encima de nuestros temores terrenales, los miedos cotidianos se terminan de un plumazo.

Si mis temores se basan en mi deseo de agradar al Creador, ¿por qué temer a los dolores que pueda tener en este mundo? Nada se interpone, todo se resume en la mirada de Jesús puesta en nosotros. ¿Por qué temer entonces a la muerte, los problemas de trabajo o salud? Si la Voluntad de Dios se manifiesta en nuestras vidas dándonos alegrías o pruebas, ¿por qué voy a temer a lo que me pueda pasar, si todo es parte del plan de Dios?.


Cuando algo grave pasa en nuestra vida, enfrentamos la prueba suprema:algunos, entonces, se enojan con Dios porque no pueden entender que Él envíe algo malo sobre sus vidas. ¡No tienen temor de Dios!¿Cómo poder enojarse con Dios? ¿Cómo puede uno pretender saber qué es bueno o malo para nuestra vida? Sin embargo ocurre a diario.

Otros (al enfrentar momentos de supremo dolor) se entregan aún más a Dios, entendiendo que el alma nada puede ni nada DEBE hacer frente a la Voluntad Divina. De este modo sus almas se purifican en el crisol del dolor, que quema las impurezas y desintegra los deseos de la propia voluntad, uniendo el alma a la Voluntad del Creador. Nada importa, sólo interpretar la Voluntad del Señor en nuestras vidas, y seguirla.

No podemos pretender entender por qué Dios hace las cosas, sólo Él conoce el plan de nuestra vida. Entonces, no se debe temer a las cosas del mundo, sólo debemos temer a nuestra propia debilidad, a nuestra incapacidad para agradar al Señor.

Temo ser uno más que clava espinas en Tu Santa Frente, Señor.

Temo agregar más peso a la Cruz que este mundo sigue cargando sobre Tu Espalda.

Temo ser un clavo en Tus Santas Manos.

Temo ser la espada que atraviesa tu Sagrado Corazón.

¡Temo no ser un consuelo para Ti, Señor!

Santo temor de Dios, sé mi brújula cada día. Ahuyenta los falsos temores del mundo, dame la fortaleza necesaria para no tener miedo alguno a los avatares de mi vida. Vacíame de mi mismo, hazme un hueco profundo en el que pueda entrar Tu Santo Espíritu. 

¡LLÉNAME DE TI, SEÑOR…!

Sergio Irizarry
 celebrandolavida.org

1 comentario:

  1. Mi querida Magda, muchos cristianos aún no han entendido lo que es el Temor a Dios, se quedaron con un Dios justiciero en lugar de ver su infinita misericordia.

    Se describen dos clases de temor de Dios: el temor filial y el servil. El temor de Dios filial es aquel por el que se detesta el pecado o se aparta de él, no por las penas con que son castigados los pecadores, sino porque aquello es una ofensa a Dios, algo que le desagrada a Él. Por otra parte, temor servil es el que evita el pecado por la pena que lleva consigo. Es decir, como dice San Basilio, "hay tres estados en los que se puede agradar a Dios. O bien hacemos lo que agrada a Dios por temor al castigo y entonces estamos en la condición de esclavos; o bien buscando la ventaja de un salario cumplimos las órdenes recibidas en vista de nuestro propio provecho, asemejándonos así a los mercenarios; o finalmente, hacemos el bien por el bien mismo y estamos así en la condición de hijos".
    Si entendiéramos bien cómo es ese amor, no lo acusarían de sus desgracias.
    La gloria de Dios es que el hombre sea feliz.
    Gracias amiga.
    Con ternura
    Sor.Cecilia

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Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma

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