Y quizá por eso critican una decisión pastoral que, en realidad, tiene bastante sentido.
1️⃣ Un confesionario es el lugar ordinario para celebrar el sacramento de la Penitencia.
Allí no se va simplemente a “hablar con un cura”.
Se va a confesar los pecados, recibir la absolución y volver a la gracia de Dios.
Es algo inmenso.
2️⃣ Pero para confesarse hace falta estar bautizado, tener fe, reconocer el pecado, querer convertirse y acudir al sacramento.
No todo el que se acerca a un acto del Papa está en ese punto.
Y fingir que todos lo están no es pastoral. Es teatro.
3️⃣ Hoy hay mucha gente que se acerca a la Iglesia desde muy lejos.
Algunos no están bautizados.
Otros fueron bautizados, pero llevan años sin vivir la fe.
Otros tienen heridas, dudas, prejuicios, miedo o simple desconocimiento.
4️⃣ A esa persona no siempre se la puede mandar directamente al confesionario.
Primero hay que escucharla.
Luego orientarla.
Después ayudarla a descubrir quién es Cristo, qué enseña la Iglesia y qué camino concreto puede recorrer.
5️⃣ Por eso un centro de escucha no sustituye al confesionario.
Lo prepara, cuando toca.
Acompaña a quien todavía no sabe ni cómo empezar.
Y evita convertir el sacramento en una especie de ventanilla automática para quien quizá ni siquiera sabe qué es la gracia.
6️⃣ Esto no rebaja la confesión.
Al contrario: la protege.
Porque la confesión no es una charla espiritual, ni terapia, ni desahogo emocional.
Es un sacramento.
Y precisamente por eso conviene no usarlo para todo.
7️⃣ Que haya centros de escucha no significa que “ya no haya confesiones”.
Madrid tiene parroquias, sacerdotes, iglesias y horarios donde uno puede confesarse.
Lo que se está ofreciendo en esos actos es otra cosa: un primer umbral pastoral.
8️⃣ La Iglesia siempre ha sabido distinguir los pasos.
Primero el anuncio.
Luego la acogida.
Después el catecumenado, la formación, la conversión, los sacramentos y la vida cristiana.
No se empieza la casa por el tejado, aunque algunos quieran ponerle incienso al tejado.
9️⃣ Esta intuición está muy en la línea de lo que impulsó el Papa Francisco: una Iglesia que sale, escucha, acompaña, discierne y conduce hacia Cristo.
No hacia una conversación vacía.
No hacia una pastoral sin sacramentos.
Sino hacia el encuentro real con el Señor.
🔟 Y quizá ahí esté parte del problema.
Como esta palabra “escucha” les suena a Francisco, algunos ya la reciben con alergia previa.
Pero escuchar no es progresismo.
Escuchar es lo que hace Cristo con la samaritana antes de revelarle el agua viva.
1️⃣1️⃣ Jesús no empezó preguntándole por el formulario sacramental.
Le habló.
La escuchó.
Tocó su vida.
Iluminó su pecado.
Y la condujo a la verdad.
Eso es pastoral católica de toda la vida, aunque ahora algunos la descubran con cara de susto.
1️⃣2️⃣ Un centro de escucha bien hecho no es un sustituto del confesionario.
Es una puerta.
Y una puerta no desprecia el altar.
Permite llegar a él.
1️⃣3️⃣ La verdadera pregunta no debería ser:
“¿Por qué hay centros de escucha?”
Sino:
“¿Por qué nos molesta que la Iglesia escuche a los que todavía no saben confesarse, no conocen la fe o están dando sus primeros pasos?”
1️⃣4️⃣ Ojalá muchos entren por esos centros de escucha y terminen descubriendo la fe.
Ojalá algunos pidan el Bautismo.
Ojalá otros vuelvan a confesarse después de años.
Ojalá muchos encuentren a Cristo.
Porque de eso se trata.
1️⃣5️⃣ Los confesionarios son necesarios.
Los centros de escucha también pueden serlo.
Cada cosa en su sitio.
La tradición católica no consiste en repetir formas sin entenderlas, sino en conducir las almas a Cristo con los medios adecuados.
Y a veces el primer medio es algo tan cristiano como escuchar.
Fuente:Sacerdos in æternum

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