Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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jueves, 27 de octubre de 2011

Quiero ser perfecto



Perfectos como Dios. 


¿Se puede ser perfecto como Dios? Parece que sí porque el mismo Jesús nos lo ha mandado en su Evangelio: “Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto”. Y si el Señor lo ha mandado, es porque se puede cumplir, ya que Dios no manda imposibles.
Claro que para llegar a ser semejantes a Dios, tenemos que tener a Dios en nosotros, es decir divinizarnos por medio de la Gracia santificante, y así será Dios en nosotros quien nos hará perfectos como Él.
¿No es esto acaso lo que dijo el apóstol San Pablo: “Ya no soy yo quien vivo, es Cristo el que vive en mí”? Así llegaremos a ser perfectos porque Jesús, que es Dios, vivirá en nosotros, y seremos Dios por participación, es decir, seremos santos.
El Concilio Vaticano II nos ha dicho que la santidad es un llamado universal. Todos los hombres podemos y “debemos” ser santos, porque Dios es santo, y todos los hombres somos sus hijos, y tenemos que ser como el Padre.
Ser perfectos, en definitiva, es ser buenos, como Bueno es Dios. En eso consiste la santidad. Cuanto más buenos seamos, tanto más santos.






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