Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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domingo, 30 de noviembre de 2014

Amor incondicional





A menudo el guía espiritual hablaba a sus discípulos sobre el verdadero amor, el que no se impone ni exige, el que está libre de actitudes egocéntricas, posesividad o apego. Pero a nadie le es fácil siquiera comprender ese elevado tipo de amor que es más expansivo, altruista y libre. Tampoco los discípulos terminaban de entender qué era realmente el amor incondicional, libre de ataduras y contaminaciones, omniabarcante y desinteresado, basado en la benevolencia y la compasión, capaz de impregnar a todos los seres.

Ante la incapacidad de sus discípulos para terminar de comprender sus enseñanzas, el maestro les dijo:

-Mañana haremos todos una larga excursión.
Pero antes de venir a buscarme, pasad por el florista y traed una rosa.

Semejante solicitud dejó estupefactos a los discípulos, pero al amanecer y antes de ir a buscar al preceptor, compraron una fragante rosa.
Tras reunirse con el mentor, emprendieron una larga caminata, hasta llegar a una zona desértica.

El maestro les pidió:

-Fijad la rosa por el tallo en la arena del desierto.

Extrañados, los discípulos así lo hicieron.

Entonces el mentor les preguntó:

-Decidme, amados míos, ¿seguirá la rosa exhalando su aroma aunque nos retiremos y no haya nadie para olerlo?

-Claro que sí, maestro -repusieron al unísono.

-Otra pregunta, queridos míos, ¿aunque no haya nadie para contemplarla, seguirá la rosa exhibiendo toda su hermosura? 

-Por supuesto, maestro, seguirá haciéndolo.

Y el preceptor aseveró:

-Pues así es el verdadero amor. Se exhala aunque no haya nadie para recogerlo e incluso aunque nadie quiera recogerlo.


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