Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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domingo, 9 de junio de 2013

No dejes de salir… Señor


Porque, sin Ti, el mundo se enfría,
y son otros los que, sin Ti, les dan un engañoso calor.
Porque, sin Ti, el hombre se envilece,
y convertimos este viejo paraíso
en contienda entre el bien y el mal.
Porque, sin Ti, olvidamos que el amor
es fuente de felicidad y buscamos,
en lo efímero, una alegría que es simple disfraz.
Porque, sin Ti, nuestra tierra es huérfana,
vacía de sentimientos y exenta de esperanza.
 
No dejes de salir, ni un solo año, Señor:
Porque seguimos necesitando tu pan multiplicado
para saciarnos y, luego, repartirlo a los hermanos.
Porque somos tan débiles como ayer
y, al contemplarte, queremos recuperar la fuerza del creer.
Porque, nuestros pecados, pueden a veces con la virtud
y, en esos pecados, viene escondido aquello que no es luz.
Porque, nuestras almas, se llenan de trastos inservibles,
no permitiendo que, Tú, habites y reines en nuestro interior.
 
No dejes de salir, en el Corpus, Señor:
Y, si ves que me nos he alejado de ti,
que seas un imán que nos atraigas
hacia la fuente de la verdad.
Y, si ves que te hemos dado la espalda,
alcánzanos de frente para nunca más olvidarte.
Y, si ves que hemos perdido el apetito de lo divino,
acércanos el cáliz de tu amor y de tu perdón.
Sí, Señor; ¡no dejes de salir en custodia!
Deja, que nos arrodillemos ante Ti,
al igual que, Tú, lo hiciste ante nosotros en Jueves Santo.
Consiente, que te hablemos al corazón de la Custodia,
al igual que, Tú, lo hiciste en cada uno de los nuestros.
Que presentemos al mundo este manjar
con la misma pasión y fuerza,
con la que Tú, nos lo dejaste en sencilla mesa.
De, que nos miremos los unos a los otros,
para cantar contemplando este Misterio.
 
¡No dejes de salir, Señor!
Que nadie ocupe el lugar que te corresponde en el mundo.
Que nadie turbe la paz y la calma del día del Corpus.
Que nadie, creyéndose rey, se sienta más importante.
Que Aquel otro, que siéndolo, se hace una vez más siervo.
 
¡No dejes de salir, Señor!
Aquí tienes nuestros corazones: haz de ellos una patena.
Aquí tienes nuestras mentes: haz de ellas un altavoz.
Aquí tienes nuestras manos: haz de ellas una carroza.
Aquí tienes nuestros ojos: haz de ellos dos diamantes.
Aquí tienes nuestras almas: haz de ellas el oro de tu custodia.
Aquí tienes nuestros cuerpos: haz de ellos las más auténticas
custodias que nunca se cansen de anunciar por todo el mundo,
que sigues viviendo y permaneciendo eternamente presente
en el gran milagro de la EUCARISTIA.
 
¡No dejes de salir, Señor!
¿Nos dejas acompañarte?
En este Año de la Fe:
CREEMOS EN TI, ESPERAMOS EN TI
Y QUEREMOS VIVIR EN TI.
 
P. Javier Leoz

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