Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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domingo, 21 de abril de 2013

El Buen Pastor




Hoy, en el IV Domingo de Pascua, nuestra mirada se posa sobre Jesús Buen Pastor, que toma bajo su responsabilidad a todas las ovejas que el Padre le ha confiado y se ocupa de cada una de ellas. Entre Él y ellas hay un vínculo, un lazo de amor: "Escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen" (Jn 10,27). Jesús ama a todas sus ovejas, da la vida por cada una de ellas.

Él coge a cada oveja herida que vive entre espinas y solloza en busca de alguien que le ayude. Se adentra entre los matorrales, se deja desgarrar por las espinas, toma la oveja en brazos, la mira, la besa, la acaricia, la estrecha sobre su pecho como si fuera la única cosa que posee, la sana. Una vez la oveja ha sido sanado de sus heridas, sigue feliz al Buen Pastor, invitando a otras ovejas a que le sigan y que encuentren en Jesús a su Salvador, Aquel al que realmente anhelan. Es una relación con confianza donde fluye un amor sincero, natural, agradecido. Esa oveja eres tú, soy yo. Debemos ir en busca de la oveja perdida para hacerle conocer el Amor infinito del Señor. 

Cristo nos ha ganado con el precio de su Sangre. Le hemos costado mucho, su muerte no fue una broma, por eso no quiere que nadie de los suyos se pierda. Decía San Agustín: "Dios no te deja, si tú no le dejas". Dios jamás te abandona, aunque tú a veces le abandones. Ni Dios, ni la Iglesia tienen la culpa, el problema de la fidelidad es nuestro. Dios no niega a nadie su amor y gracia. Somos agraciados, con su amor infinito hay liberación en la tierra y en el cielo.

Pidamos al Señor la gracia de servirle con radicalidad y que nuestro servicio al prójimo sea cada vez más y mejor. Cristo es el único que ha podido decir: "Yo les doy la vida eterna" (Jn 10,28).

Señor, ayúdame a conocerte mejor para amarte más.

Dios nos siga bendiciendo


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