Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
gadgets para blogger

ACI prensa

English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documentales Spain cartas de presentación Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 20 de julio de 2011

¿Basta con pedir perdón?

La petición de perdón, sin embargo, queda coja si la convertimos en una fórmula hueca, en una especie de rito que repetimos una y otra vez para continuar luego en las mismas actitudes malas.
 


Nos duele el mal que hicimos. Por eso pedimos perdón al familiar, al amigo, al compañero de trabajo, a esa persona a la que ofendimos tanto.

Pedimos también perdón a Dios, porque se interesa por nuestra historia, porque sigue nuestros pasos, porque somos sus hijos débiles y enfermos.

La petición de perdón, sin embargo, queda coja si la convertimos en una fórmula hueca, en una especie de rito que repetimos una y otra vez para continuar luego en las mismas actitudes malas, en los mismos modos de proceder que nos llevaron a ofender a Dios y a los hermanos.

No basta, por lo tanto, con pedir perdón. Hay que dar pasos concretos para abrirnos a la gracia, para analizar a fondo la propia conciencia, para descubrir qué hemos de cambiar para que sea posible evitar futuros pecados y ofensas que dañan tantos corazones.

Además, hay que reparar el daño cometido. Si herimos a una persona, si privamos de su buena fama a un inocente, si robamos un objeto de la oficina, estamos obligados, en justicia, a resarcir por los males cometidos y a devolver a cada uno aquello que le corresponde.

Igualmente, estamos llamados a poner manos a la obra para huir de ocasiones próximas de pecado, como repetimos en algunos actos de contrición. Con sencillez y con realismo, hay que apartar cualquier obstáculo que nos arrastre, poco a poco, hacia el mal.

De ese modo, nuestra petición de perdón iniciará un movimiento eficaz, práctico, que toca las fibras más concretas de la vida, porque nos aleja del camino del mal y la injusticia, y porque nos introduce en el camino de la verdad, la honradez y el amor sincero.


¡Vence el mal con el bien!
Autor: Fernando Pascual, L.C.| Fuente: Virtudes y Valores

1 comentario:

  1. Magda, la de veces que he pedido perdon de manera rutinaria y para no tener que presenciar malas caras!! Ahora es distinto porque al poder comprobar el verdadero perdon que lo cambia todo de un plumazo es otra cosa. Yo en mis fuerzas no sé pedir perdón , es una Gracia que la pido a diario para poder perdonar y pedir perdón.....las relaciones personales cambian ipso facto!! y se empieza a ver el milagro del poder que en si tiene esa palabra si dejamos la Gracia actuar en ella. Gracias es preciosa la entrada.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...