Madre, te entrego mis frutos de santidad alcanzados durante toda esta semana, para que intercedas con tu hijo y libere tantas almas en el purgatorio como frutos haya yo alcanzado. Confío en la inagotable Misericordia de tu hijo
Madre, te entrego mis frutos de santidad alcanzados durante toda esta semana, para que intercedas con tu hijo y libere tantas almas en el purgatorio como frutos haya yo alcanzado. Confío en la inagotable Misericordia de tu hijo
DOLOR:
1. Escuchar la profecía de Simeón.
2. Huir a Egipto con Jesús y José
3.Perder a Jesús en el Templo.
4. Encontrarse con Jesús camino del Calvario.
5. Ver Morir Jesús en la Cruz
6. Recibir en brazos a Jesús
7. Enterrar a Jesús
(Lc 15,22)
“Pero el hombre, cuando muere, queda inerte; el mortal que expira, ¿dónde está?” (Jb 14,10). ¿No hay un hombre sin pecado? Uno sólo, el que ha venido a este mundo sin nacer del pecado. Como estamos todos encadenados por el pecado, morimos todos al perder la justicia: somos despojados de la vestimenta de inocencia que se nos había acordado en el paraíso y como consecuencia somos consumidos por la muerte de la carne. (…)
Un padre ha querido cubrir esa desnudez de su hijo pecador, diciendo cuando volvió: "Traigan enseguida la primera ropa” (cf. Lc 15,22). Si, la primera ropa es la vestimenta de inocencia que el hombre recibió el día de su creación, para su felicidad. Para su desdicha, seducido por la serpiente, la perdió. Contra esta desnudez dice la Escritura: “Feliz el que vigila y conserva su ropa para no tener que andar desnudo, mostrando su vergüenza” (Apo 16,15). Guardamos nuestras vestimentas cuando conservamos en nuestro espíritu los preceptos de la inocencia. Si una falta nos hace presentarnos desnudos delante del juez, volvemos a la inocencia perdida y la penitencia nos devuelve nuestras vestimentas.
San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job (SC 212, Livre XII, Morales sur Job, Cerf, 1974)evangelizo.org
Don Lope de Vega.
El hombre ha sido fortificado por un tiempo, porque por un cierto tiempo recibió la fuerza de vivir en este mundo, para pasar a una vida eterna en la que ningún límite pondrá un término a su vida. Pero en esa breve duración en la que fue fortificado, se puso en estado de encontrar en la eternidad una alegría sin fin o los suplicios que soportará sin escapar jamás.
Es porque fue fortificado por un cierto tiempo que Job agregó estas justas palabras “Cambiarás su rostro y lo despedirás”. El rostro del hombre ha cambiado cuando su belleza fue destruida por la muerte. Es despedido, porque está obligado a pasar al mundo de la eternidad, dejando los bienes que ha adquirido. Cuando llega, ¿qué pasará con esos bienes adquiridos trabajosamente y que lo habían hecho señor? Lo ignora.
Por eso estas palabras: “Se honra a sus hijos, pero él no lo sabe; si son envilecidos, él no se da cuenta” (Jb 14,21). Si los que están todavía vivos ignoran en qué lugar se encuentran las almas de los muertos, tampoco los muertos saben cómo está ordenada la vida en la carne de los que los sobreviven: la vida del espíritu está muy alejada de la vida en la carne. Si corporal e incorporal se oponen en su naturaleza, son también distintos en su conocimiento. Esta distinción no es válida para las almas santas. Si ellas ven en sí mismas la irradiación del esplendor de Dios todopoderoso, no podemos pensar que haya fuera de ellas una existencia que ignoran
San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job (SC 212, Livre XII, Morales sur Job, Cerf, 1974)evangelizó.org
"Lo más objetiva y "finalmente" importante es que tú mires a Cristo, tú pidas a Cristo, respetes a Cristo. Si has cometido un error, lo guardes con dolor dentro, pero no mantengas ahí tu dolor, no mantengas ahí el error que has cometido. Se necesita mirar a Cristo. Entonces, con el tiempo, te hará sentir los errores, a percibir las direcciones falsas, a escoger las cosas que son verdaderas, los aspectos verdaderos, las posiciones verdaderas. Con el tiempo te hará aprender ésto: que mirando alguna cosa, lentamente, la verás siempre más razonable y verás siempre más allá de lo que es"
Don Giussani.
Pintura: Cristo de Velazquez...
(Lc 6,36)