Hay una tentación muy sutil que puede afectar incluso a buenos católicos: convertir un rito en un ídolo. Ocurre especialmente en algunos ambientes tradicionalistas. Vale la pena reflexionar sobre ello.
1️⃣ La liturgia existe para conducirnos a Cristo. Cuando el rito deja de ser un medio y se convierte en un fin, algo se ha desordenado.
2️⃣ La Santa Misa no es santa porque esté en latín o en lengua vernácula. Es santa porque en ella se hace presente el Sacrificio de Cristo.
3️⃣ Amar el rito romano tradicional es legítimo. Lo que no es legítimo es atribuirle una santidad intrínseca superior, como si la gracia dependiera de una forma ritual concreta.
4️⃣ Cuando alguien juzga la fe de un sacerdote, de un obispo o de un fiel únicamente por el rito que celebra o al que asiste, el centro deja de ser Cristo y pasa a ser la forma externa.
5️⃣ Algunos llegan a hablar del Misal de 1962 como si fuera intocable, olvidando que la Iglesia siempre ha reformado la liturgia a lo largo de la historia. Ningún rito litúrgico es divino en todos sus detalles.
6️⃣ La liturgia pertenece a la Iglesia, no a grupos particulares. No somos dueños de ella. La recibimos con obediencia y humildad.
7️⃣ El tradicionalismo radical suele presentar cualquier reforma litúrgica como una traición. Sin embargo, la historia demuestra que ha habido numerosas reformas promovidas por los propios Papas.
8️⃣ Cuando se ama más una rúbrica que la comunión con la Iglesia, cuando se defiende antes un misal que al Papa, hay un grave desorden espiritual.
9️⃣ El peligro es convertir un medio de santificación en un objeto de identidad. Entonces ya no se busca tanto a Cristo como sentirse parte del grupo "que conserva la verdadera liturgia".
🔟 La idolatría no consiste solo en adorar estatuas. También puede consistir en absolutizar realidades buenas hasta colocarlas por encima de la obediencia, de la caridad y de la unidad de la Iglesia.
1️⃣1️⃣ El auténtico amor a la Tradición nunca enfrenta la Tradición con el Magisterio vivo. La Tradición se recibe dentro de la Iglesia, nunca contra ella.
1️⃣2️⃣ El mejor antídoto es recordar que el centro de la liturgia no es el sacerdote, ni el latín, ni el gregoriano, ni las rúbricas. El centro es Jesucristo, que se ofrece al Padre para nuestra salvación.
Recemos para que nunca confundamos el tesoro con el cofre. La liturgia es un don inmenso, pero siempre está al servicio de Cristo y de su Iglesia, nunca al revés.
Fuente: Sacerdos in æternum

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