Hoy la Palabra de Dios nos presenta dos imágenes inseparables: el pastor que reúne a su pueblo y la semilla que busca una tierra buena donde dar fruto.
1️⃣ «Os daré pastores según mi corazón». Dios no abandona a su pueblo. Cuando este se dispersa, Él vuelve a reunirlo y le concede pastores que lo apacienten «con ciencia y experiencia».
2️⃣ El verdadero pastor no conduce hacia sí mismo, sino hacia Dios. No busca dominar, agradar o hacerse imprescindible. Su misión es alimentar, proteger, corregir y acompañar al rebaño que pertenece al Señor.
3️⃣ Pero la Palabra no se dirige únicamente a los pastores. Cada cristiano debe preguntarse qué clase de terreno ofrece su corazón a la semilla de Dios.
4️⃣ Hay corazones endurecidos, como el camino. Escuchan la Palabra, pero no dejan que penetre. Todo resbala sobre ellos porque creen saberlo ya todo o no desean cambiar de vida.
5️⃣ Hay corazones pedregosos. Reciben el Evangelio con entusiasmo, pero sin raíces. Cuando llega la dificultad, la incomprensión o la cruz, aquella alegría inicial se desvanece.
6️⃣ También están los abrojos: los afanes, las preocupaciones y la seducción de las riquezas. No rechazan expresamente a Dios, pero ocupan tanto espacio que terminan ahogando su voz.
7️⃣ La tierra buena es el corazón noble y generoso que escucha, comprende, guarda la Palabra y persevera. El fruto no nace de una emoción pasajera, sino de la fidelidad cotidiana.
8️⃣ Dios sigue sembrando. Sigue llamando. Sigue buscando pastores según su corazón y cristianos dispuestos a dejarse transformar por su Palabra.
Pidámosle hoy un corazón humilde, profundo y libre, capaz de acoger la semilla del Evangelio y dar fruto abundante para su gloria.
Fuente: https://x.com/SacerdosMariae

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