Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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jueves, 14 de enero de 2016

Medio de división.




Dios ha querido que en su Iglesia la liturgia sea un medio de unión entre los fieles. Pero dado que la celebración de muchos sacerdotes es verdaderamente escandalosa, la celebración de la liturgia se ha vuelto de medio de unión en medio de división, puesto que se administran los Misterios de la forma más vil. 

Ya lo ha dicho San Padre Pío de Pietrelcina, que es más fácil que la Tierra se rija sin el sol, que sin la Santa Misa, sin la Eucaristía. Por eso la salvación o condenación del mundo dependerá en gran parte del trato que los hombres le demos a la Eucaristía, y cómo vivamos y celebremos la Santa Misa. 

Pocos son los que dicen que recibir la hostia consagrada en las manos está mal, ya que Jesús está con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la hostia y en cada partícula por minúscula que ella sea. De modo que una sola partícula que caiga al suelo puede ser pisoteada luego por los comulgantes y por cualquiera. 

Cuando se recibe la Comunión en las manos, se manosean las cosas santas, y Dios no puede dejar impunes esos atropellos. 

No recibamos la Comunión en la mano porque no es esa la voluntad de Dios, aunque así quieran hacérnoslo creer incluso no pocos hombres de iglesia, no excluidos obispos y grandes teólogos herejes. 

La forma en que se administran los sacramentos en algunas partes, especialmente la Eucaristía, verdaderamente es un pecado que clama venganza al Cielo. Y el no creerlo así es, es señal de que estamos adormecidos en el mal, y ya vemos como trivial y común lo que debería hacernos temblar de pavor por el peligro de profanar el Sacramento. 

Digámoslo claramente: la comunión en la mano está mal, no se debe hacer, ni lo fieles deberían recibirla de ese modo, ni los sacerdotes deberían administrarla así, porque es un “manoseo” de lo más sagrado que existe: Dios mismo. 

Seguramente este mensaje hará rasgar las vestiduras a muchos. Pero la verdad hay que decirla, para que, al menos los que tengan buena voluntad y estén en el error sin saberlo, corrijan su mala costumbre. 

La comunión en la mano es un plan del Infierno que, como sabemos, también está infiltrado en la Iglesia Católica por medio de la Masonería eclesiástica. 

Volvamos a las fuentes, a los tres amores blancos del cristiano: La Eucaristía, La Virgen y el Papa.


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