Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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martes, 13 de agosto de 2013

Estoy viviendo muy de prisa



Estoy viviendo muy de prisa, Señor, no me detengo en nada y por nada, las circunstancias me van viviendo, y no vivo yo, sino las circunstancias.

Paso de una actividad a otra.


Dicen que esto es el mal del siglo, pero no me gusta, Señor, ir tan de prisa.
Los días y las noches se me pasan presurosas y creo que dejo de hacer cosas muy bellas.


Mi vida se desliza en forma vertiginosa; quiero detenerme y ver una puesta de sol que tiñe de rojo el agua de la laguna, o las nubes sobre las montañas;
quiero encontrar tiempo para visitar a un enfermo; dame tiempo para leer.

Pero sigo repitiendo; “no tengo tiempo”.


Cuando veo el reloj y son ya las once de la noche, analizo: corrí, corrí como todos los mortales.


Dejo de disfrutar, de saborear las miradas tiernas de los niños, de observar los pétalos finos de una rosa.


No tengo tiempo de detenerme a ver los parques, la belleza de las flores, el ruido de las fuentes y el trino de los pájaros, junto con los niños que corretean,
que hacen todo un poema.


Dame fuerza, Señor, para detener mi carrera.

Quiero sentir en mí la paz, para darla a cada uno de mis hermanos de peregrinar, que, tal como yo, corren y corren.


Dejamos lo trascendental por lo transitorio.

En todos los rostros se observa un duro rictus de velocidad, que lo va desfigurando.


Dame, Señor, serenidad para vivir, calma para detenerme y poder amar a todos.
Sin prisas, sin velocidad, sin atropellamiento.


Te ofrezco mi jornada de hoy, Señor, quiero que la llenes de tu amor, para poder darlo a los demás.



Amén.
celebrandolavida.org

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