Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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lunes, 25 de febrero de 2013

Tus amigos, Señor


 
Subiste al Tabor, y lejos de olvidarnos,
nos invitaste a escalar contigo.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
 
Ascendiste al Tabor, y sin dejarnos de lado,
nos hiciste partícipes de algo, que lejos de ser sueño,
fue gloria, presagio, anuncio, pasión, muerte y futuro.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
 
Te alejaste, por un momento, de los que solicitaban tu mano
para quedar sanos,
tu mirada para recuperar la fe en su vivir,
tus pisadas, para saber por dónde caminar.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
 
Nos tomaste, Señor, y para que supiéramos lo qué era el bien,
nos hiciste testigos de una Gloria,
de un triunfo, de una cruz, de una pasión,
y de una Resurrección que, a todos los que creemos, nos espera.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
 
Trepamos contigo, Señor, a la montaña
y, con nuestros ojos abiertos al Misterio,
supimos que algo extraordinario ocurría delante de nosotros:
una voz del cielo, dos rostros conversando contigo y un cielo abierto.
¡Qué bien, Señor, estábamos en ese momento!
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?
 
Sólo sabemos, Señor, que somos tus amigos
y que, todos los domingos, en la Eucaristía,
nos rescatas del mundo a la Gloria de Dios,
del sin sentido, a la sensatez,
de la mentira, a la verdad,
de la debilidad, a la fortaleza,
de la muerte, a la Resurrección.
Sólo sabemos, Señor, que algo bueno tenemos
cuando, siendo como somos,
compartes con nosotros estos momentos
de bienestar para el alma y para la vida.
Amén.
 
P. Javier Leoz

celebrandolavida.org

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